Familia

Reprimir emociones desde la infancia: el impacto en la vida adulta

En su columna semanal, la psicóloga Juliana Sequera analiza por qué tantas personas hoy no saben identificar sus emociones y cómo el cuerpo termina expresando aquello que fue silenciado durante años.
Por qué es importante expresar lo que sientes. Foto: composición/Istock

En consulta escucho con frecuencia: ‘no sé qué siento’. Esa frase refleja una desconexión que no es casual, sino aprendida.

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Desde la psicología clínica sabemos que muchas personas crecieron en entornos donde las emociones no eran bienvenidas: se les pidió ‘ser fuertes’, ‘no llorar’ o ‘no enojarse’. Así, aprendieron a reprimir lo que sentían para no perder aceptación.

Frases como “no llores” o “sé fuerte” nos enseñan que mostrar dolor es debilidad, cuando en realidad es una forma de conexión y autenticidad.

Sin embargo, lo que se reprime no desaparece: el cuerpo lo guarda. La tristeza se convierte en fatiga, la rabia en tensión, la ansiedad en insomnio. Aprender a sentir implica reconectar con el cuerpo, identificar las señales físicas de cada emoción y darles un lugar seguro.

No se trata de dejarse dominar por lo emocional, sino de integrar lo que sentimos con lo que pensamos.
La emoción necesita ser reconocida, nombrada y comprendida, no negada. Cuando validamos nuestro mundo emocional, también fortalecemos la mente y el sistema nervioso.

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