
Con las vacaciones de los chicos, la rutina alimentaria cambia; asimismo, con el calor, las bebidas frías y los alimentos más frescos son la mejor alternativa no solo para mantener una buena alimentación y salud, sino también para darle al organismo los nutrientes necesarios.
Con el calor, la digestión se hace más lenta, por lo que el apetito tiende a disminuir, pero también se empieza a comer más alimentos ultraprocesados cargados de sal y azúcar, dos efectos que, por un lado, nos quitan energía y nos deshidratan.

Para evitar estos dos efectos, las frutas se convierten en la mejor herramienta de generar buenos niveles de azúcar y nos hidratan inmediatamente por su alto contenido de agua.
Nuestra alimentación en verano debe tener sentido común: los horarios son importantes, igual que la calidad en los nutrientes que nos permitan una fácil digestión, como frutas, verduras y carnes con menos grasas.
Pero sobre todo es fundamental no saltarnos comidas, ya que eso abrirá un camino al llamado ‘picoteo’. Es importante estar alerta con los niños que están en actividades de verano, ya que el impacto de calor, al no estar bien alimentados e hidratados, podría afectarles más de la cuenta.










