La buena sazón de los cocineros de la calle motivó a que Netflix haga la serie ‘Street Food’ y algunos de los protagonistas son peruanos, como Rosana Espíritu, la popular ‘Doña Pochita’, quien se lució con sus anticuchos de carretilla que se hicieron famosos en el mundo por esta plataforma. Pero pocos saben que esta pujante cocinera vino de Jauja a la capital para sacar adelante a sus hijos y todo lo que tiene hoy le costó sudor y lágrimas por los maltratos que sufrió en sus inicios. Ahora trabaja con su hijo Joselo, que es su mano derecha.
Vine a Lima en 1990 para buscar una oportunidad para mis hijos, pero no fue tan fácil. He sido maltratada física y psicológicamente por personas egoístas que me tenían envidia. Empecé vendiendo menú de comida criolla y en el 97 arrancamos con los anticuchos. Empecé sola, luego se incorporaron mis tres hijos.
He perseverado mucho, he soñado con tener todas estas cosas y mis metas se han cumplido.
Cocinarlos con ese amor que uno tiene, porque la cocina es como un arte y Dios nos dio un don en las manos para preparar con cariño los platos.
Nunca lo imaginé, fue una gran emoción que se hayan fijado en una persona humilde vendiendo en una carretilla, es una gran felicidad.
Que están muy ricos, sobre todo cuando me ven a mí la gente se alegra y me dicen que de la mano de ‘Pochita’ lo que sea.
Todo fue de sorpresa, tal vez para muchos es una crisis mundial, pero nosotros lo vemos como una oportunidad para superarnos y no quedarnos. Hoy estamos en el Mercado San Martín, de Miraflores, para ingresar a un nuevo ‘nicho’.
Siempre le digo que nunca baje la calidad de los productos y, así sean caros los insumos, debe mantenerla porque es parte del éxito. Las vísceras con las que trabajo son nacionales.
Les aconsejo que no renuncien, que sigan adelante porque he visto que en plena cuarentena se deshacían de sus negocios, sentía mucha pena. Perseveren, que les llegará su oportunidad, y adelante porque esto va a pasar pronto.
Que estaban muy ricos, él me descubrió en el 2007 y me hizo cuatro entrevistas. Además, me invitaron a Mistura en las ediciones del 2008 y 2009.
Sí. Al inicio no me gustaba la cocina ni los anticuchos, estudié administración. Pero vi el amor que le ponía mi mamá a sus anticuchos, así que empecé a probar y estudié gastronomía.
Como hijo de doña Pochita aprendí lo técnico y práctico, he mejorado los procesos, conocer los términos de cocción, usar un buen carbón, una buena parrilla, pero además apostamos por los envases biodegradables con diseño de una carretilla, para que no se olviden que somos carretilla.
Las redes sociales son la mejor herramienta, el mayor porcentaje se lo lleva el marketing. Si no nos hubiéramos capacitado antes de la pandemia quizás no nos habría ido tan bien. Hemos apostado por un community manager para innovar y entrar a nuevos ‘nichos’.
Pusimos nuestro propio personal de repartos, contamos con uniforme y mochilas para el delivery.
La calidad es lo más importante, pero si ellos vienen de lugares lejanos a donde no llega el motorizado, les damos unos postrecitos para que se vayan contentos.
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