POR: KATTY GINES
Los momentos más felices de Betsi Albornoz eran compartir la gran mesa con toda su familia. Esos gratos recuerdos la motivaron a estudiar cocina. A sus 18 años trabajó picando frutos secos para una empresa de galletas, luego se fue al Hotel Sonesta El Olivar y emprendió su sanguchería. Tuvo la oportunidad de laborar en Colombia y en Dubái, de donde regresó al Perú cargada de sueños. Hoy nos abre las puertas de ‘El Populacho’, ubicado en Nueva Esperanza, en Villa María del Triunfo, donde llegan hasta extranjeros a saborear sus potajes.
Trabajar en equipo y no temerle al fuego, pues sé de cocina, pero me gustaba más la pastelería y tenía que meterme sí o sí a preparar algunos platos, y me gustó al final.
Siempre me ha gustado comer, sobre todo los dulces. Mis abuelos son de provincia, siempre la comida era motivo para festejar y de reuniones en familia, y eso me gustó. La comida va más allá de alimentarse, también nos llama a hacer otras cosas.
La cocina es una herramienta con la que se puede mejorar social y económicamente; en lo social apoyar en programas sociales y en lo económico generar empleo y dar oportunidades.
Antes de irme a Colombia tenía mi sanguchería y la cerré para viajar, siempre estuvo en mi cabeza tener algo mío, los peruanos valoran mucho su comida estando afuera y hoy más. Al regresar estudié en Le Cordon Bleu para aprender a administrar restaurantes y empecé.
Abrí el local en esta zona por falta de recursos, pero nunca tuve el pretexto de que por falta de inversión no podría tener mi restaurante, pues contaba con lo básico. Mi abuelito siempre pensó hacer un ambiente para un negocio y ahí armé todo. Mi idea era que venga gente de afuera y de otros distritos, porque se come rico en cualquier lugar. Abrí con temor y arriesgamos.
Con la leche de tigre.
Pensé en abrir otro restaurante, pero la pandemia me detiene, espero que llegue la vacuna y todo se tranquilice para hacerlo. Luego pienso llevar a ‘El Populacho’ afuera del país.
Siempre hemos trabajado con la pesca del día. Al inicio era complicado porque pedían ciertas especies, pero les hemos explicado sobre cada una de ellas y ahora comen carajito, perico, pez volador y otros que estén en temporada.
La gente no se imagina que hay un lugar así en Nueva Esperanza, pues este es un pueblo joven con zonas muy pobres y sin agua. Estamos en la avenida y en el interior la decoración se asemeja a un mercado con mucho color, con música chicha y cumbia, un ambiente chévere.
Que la gente se vaya contenta, muchos vienen de muy lejos a comer aquí y nos esmeramos por la buena atención, la calidad de los insumos y la buena comida.
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