
Doña Elia García dejó su escritorio como secretaria estatal para fundar, junto a su esposo César Reátegui, un sueño llamado La Patarashca. Iniciaron con ocho mesas en plena época del terrorismo, resistiendo el miedo de los clientes con perseverancia absoluta. Mientras ella se volcaba al negocio, su esposo buscaba en Iquitos nuevas propuestas para innovar en la cocina regional. Tras 34 años de esfuerzo, aquel pequeño emprendimiento es hoy un grupo de siete empresas lideradas por sus hijos (Emil y Cindy).
Elia, ¿cómo ha cambiado La Patarashca después de 1992?
Cambió mucho. De lo que eran ocho mesitas, con el tiempo todo se modernizó, pues el público lo pide. Aquí llegan muchos turistas y tenemos que innovar en las instalaciones, en la comida, en el servicio y en la experiencia; eso nos ayuda a tener más clientes. Ahora tenemos en Tarapoto más de 15 vuelos diarios y somos la tercera ciudad en turismo. Es un orgullo para mí tener 34 años en el mercado y trabajar no solo por mí, sino por todo San Martín.
Hoy tus hijos se hacen cargo de los negocios, ¿qué les aconsejas?
Siempre les aconsejé trabajar sin egoísmo. No decir “esto es para mí”, sino entender que es para todos, porque todos somos de la Amazonía.
¿Recuerdas con cuánto capital empezaste?
Fuimos muy valientes con mi esposo al iniciar con algo de 3 mil soles. Creímos en nosotros mismos cuando mis hijos eran chicos; ahora ellos se encargan de la gerencia. Empecé con dos mesitas y ahora tenemos ocho empresas; somos el Grupo La Patarashca.

LOS ERRORES QUE LA AYUDARON A CRECER
Confiar de más y no tener personal calificado, pero aquí se fueron formando muchos cocineros. Esto ha sido una escuela de práctica en la gastronomía; es parte de trabajar sin egoísmo.
¿Por qué el nombre La Patarashca?
Para poner en valor nuestra cultura, pensamos en un nombre típico.
¿Te imaginaste todo el éxito que iban a tener con el tiempo?
Creo que al empezar con un emprendimiento tienes que pensar que te irá bien. Lo hicimos en pleno terrorismo y nunca nos detuvimos; trabajamos muy duro, levantándonos a las 5 de la mañana para pagar los créditos y acostándonos a las 2 de la madrugada. Si te caes, te levantas, y ahora vemos los frutos.
LA PATARASHCA LLEGÓ A LIMA CON NUEVOS FORMATOS
Gracias a Gastón estuvimos en el Parque de la Amistad; de esa manera aprendimos del mercado en Lima. Cerré y luego tuvimos la oportunidad en Mercado 28, Mercado San Ramón y en el mercado de Barranco. A pesar de cerrar, no nos decepcionamos de Lima; al contrario, hemos aprendido mucho y se puso en valor nuestra cocina y los insumos. ¿Quién no conoce ahora la cocona, el aguaje o el paiche? Hoy están en los mejores restaurantes.
Han venido muchos cocineros a tu local para aprender…
Uno de los primeros cocineros que nos visitó fue Pedro Miguel Schiaffino, quien puso en valor nuestra cocina. Conocí a Micha, quien nos invitó a un evento en el Sheraton y así los clientes empezaron a conocer los insumos de la selva. Gastón Acurio y Astrid nos ayudaron mucho a mostrar esta gastronomía, y hay muchos otros cocineros con quienes nos apoyamos mutuamente.

Dices que la cocina es más que eso, ¿a qué te refieres?
Siempre digo: no hay innovación sin tradición. La tradición se comparte; si no transmitimos los saberes, la cocina amazónica muere. Nunca he sido egoísta, me agrada enseñar y han venido tantos cocineros para conocer la técnica.
¿Cuál es tu mayor sueño?
Haré una cocina rústica fuera de Tarapoto para enseñar la cocina tradicional: cómo se hace un juane o un inchicapi, como una escuela de cocina práctica. Quiero trabajar con mujeres y seguir apoyando a las comunidades nativas comprando a precio justo directamente; esa ha sido mi misión.
Cortitas:
Si una ama de casa quiere hacer un emprendimiento de cocina, ¿por dónde empezar?
Que piense que le irá bien porque la cocina requiere mucho esfuerzo, pero también mucho corazón. No es fácil emprender un restaurante porque tiene varias facetas: el buen servicio, la sazón y cuidar la atención. Debe empezar sin miedo.
Muchos jóvenes que estudian cocina quieren tener su local y quiebran, ¿por qué?
Deben empezar de a pocos; los clientes tienen que conocer tu sazón y tu propuesta. Mantener a la clientela cuesta mucho, es trabajo constante, hay que hacer marketing y estar en las redes sociales. Algunos emprendimientos han caído porque la cocina es corazón y amor, y necesita dedicación total para superar las caídas.
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