Juan ‘Peluquita’ Saavedra y su familia recordaron las visitas a Huacho de Valeriano López, el legendario delantero de Sport Boys al que, según contó el exfutbolista en Lateando con Puchungo, le lustraban los zapatos. “Nosotros le lustrábamos los zapatos a Valeriano”, soltó uno de los hermanos al mostrar la casa familiar y evocar aquellos tiempos en los que por su barrio también aparecían figuras como Cornelio Heredia y Dimas Zegarra.
La conversa tuvo de todo: recuerdos de los cracks que llegaban a la zona, anécdotas de las reuniones que se prolongaban durante días y las travesuras de unos chibolos que encontraron en una piscina abandonada el lugar perfecto para jugar pelota.
Valeriano no era un personaje cualquiera. Conocido como el ‘Tanque de Casma’, fue uno de los máximos ídolos de Sport Boys y destacó por su potencia y sus letales cabezazos. Su historia futbolística también estuvo ligada a Huacho, donde jugó por el equipo Firestone antes de dar el salto al cuadro rosado.
En la visita, Peluquita presentó el lugar como un rincón con historia futbolera. Cuando Puchungo le preguntó si toda esa zona pertenecía a la familia, recordó que por allí se aparecían jugadores de otras épocas. “Tú sabes que acá venían Valeriano, Cornelio, Dimas Zegarra”, comentó.
Alfredo Saavedra también aportó su recuerdo sobre Cornelio Heredia, quien jugaba en Juan Aurich. “Es que don Cornelio se iba a Chiclayo, porque él jugaba en el Aurich”, explicó. Su hermano mayor mencionó además al patrullero González, otro de los nombres que salieron en la conversación.
Pero la cosa no terminaba en una visita de cortesía. Según Alfredo, los futbolistas llegaban, compartían y podían quedarse varios días. “Ellos venían acá, se metían una bomba y de ahí ya se arrascaban. Dos, tres días”, contó, entre risas y recuerdos de aquellas reuniones.
El hermano mayor de Peluquita también evocó la elegancia con la que llegaba Valeriano cuando regresaba de Colombia. “Mi tío Valeriano venía, cuando estaba en Colombia, venía así de frac, bastón”, recordó. Luego describió una estampa de aquellos años: sombrero, porte y dos hombres grandes caminando juntos, como también lo hacía su padre.
La charla dejó claro que para los Saavedra el barrio no es solo un lugar de infancia. “Por eso digo que este barrio es historia”, remarcó Peluquita, mientras Puchungo coincidía en que se trataba de una zona popular, llena de gente que vivía pendiente del fútbol.
En ese barrio, los muchachos no necesitaban una cancha moderna para darle a la pelota. “Todos querían venir a jugar acá. Todos”, insistió Peluquita al recordar los campeonatos que se organizaban en la zona y los partidos que terminaban extendiéndose hasta la playa.
La creatividad también hizo lo suyo. El exfutbolista contó que, cuando tenía unos 14 o 15 años, junto con sus amigos y primos decidió limpiar una piscina que estaba llena de basura y piedras. La idea era convertir aquel espacio descuidado en un lugar donde pudieran jugar fútbol rápido.
“Nosotros la limpiamos, la dejamos así”, relató, al recordar a sus compañeros de entonces, entre ellos su primo Lucho, Edu y otros amigos. Puchungo quiso confirmar si lo hicieron pensando en tener una cancha y Peluquita respondió sin vueltas: “Claro”.
Desde entonces, según contó, bajaban a jugar todas las tardes. La piscina abandonada se convirtió en parte de sus recuerdos de infancia y en una muestra de cómo los muchachos encontraban la manera de seguir peloteando, incluso cuando no tenían las mejores condiciones.
La playa también fue una escuela. Peluquita recordó que la arena quemaba tanto que debían correr para llegar a la orilla y hacer varias paradas durante el trayecto. “Tres paradas, corriendo. La arena que quema y la arena húmeda”, explicó, mientras Puchungo se sorprendía con las dificultades que afrontaban para bañarse en el mar.
“Nosotros, o sea, lo que hemos jugado, jugamos, nos potenciamos en la arena”, sostuvo el hermano del exjugador. Desde la mañana hasta la tarde, los chicos pasaban horas jugando y nadando hasta los lanchones. Así, entre la arena caliente, la piscina recuperada y las pichangas del barrio, se forjó una generación que convirtió el fútbol en parte de su vida.
Y mientras Peluquita Saavedra enseñaba los rincones de su infancia, la anécdota de los zapatos lustrados a Valeriano López quedó como una postal de aquellos tiempos: cuando los futuros peloteros de Huacho tenían cerca a grandes figuras del balompié peruano y el barrio era, para ellos, la mejor cancha del mundo.
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