El fútbol y su historia están llenos de hombres que impulsaron a los jóvenes a conseguir sus sueños. Son aquellos cuyos nombres no están con resaltador en los libros del balompié, pero sí en la memoria de quienes los tuvieron como técnicos.
Johano Bermúdez es un entrenador titulado; ha trabajado a nivel del torneo profesional, pero también ha sabido —y sabe— lo que es ‘ensuciarse’ los zapatos visitando canchas sin mallas de seguridad ni un vestuario cómodo. El actual técnico de San Martín Occidente de Paita conoce desde sus inicios a Christian Cueva y por eso puede describirlo como es y cómo se fue haciendo grande con nuestra selección.
¿Cuál es la diferencia entre trabajar en la Copa Perú y en el fútbol profesional?
Los niveles son distintos. Lógicamente, en el fútbol profesional existe toda una estructura e institucionalidad, mientras que en la Copa Perú se carece de muchas cosas.
¿Cómo se solucionan esas carencias?
Hay mucha gente apasionada que se lleva la mano al bolsillo y sostiene a los equipos con su propio dinero. Es gracias a estos dirigentes que el fútbol sigue vivo y vigente.
Usted, en este recorrido, también va observando jugadores. ¿Se puede decir que el norte de Perú es una cuna de buenos futbolistas?
Repasemos la historia. ¿Cuántas veces ganó el Atlético Torino la Copa Perú cuando la final se jugaba en el Estadio Nacional? Todas esas veces, el equipo estaba integrado en un 90 % por talentos de Talara.
¿Otro ejemplo?
El Alianza Atlético de Sullana, donde tuve la suerte de jugar. Cuando ascendimos a Primera División, el 95 % del plantel era de la zona norte.
¿Cómo se inició su carrera como director técnico?
En 1988, jugando a nivel profesional, sufrí una rotura del ligamento lateral interno, del cruzado anterior y de los meniscos.
¿Qué pasó entonces?
La recuperación fue muy traumática y prácticamente quedé fuera de toda competencia profesional. Por ello, decidí estudiar Educación Física en el Instituto Superior Pedagógico de Piura y luego me trasladé a Lima.
¿Empezó a prepararse para el futuro?
En Alianza Sullana conocí a ‘Titín’ Drago y comencé a trabajar en su escuela de fútbol entre los años 1993 y 1996. Fue ahí donde conocí al profesor Víctor Rivera, con quien más adelante llegamos al fútbol profesional y, gracias a Dios, fuimos bicampeones nacionales con la Universidad San Martín.
Ahí quería llegar. Ustedes tuvieron a Christian Cueva desde muy jovencito.
El profesor Rivera me pedía que observara a los menores, y él mismo también se acercaba a verlos.
¿Los sorprendió?
Se le notaban unas condiciones enormes. Entrenaba frente al rectorado, en una cancha sintética, y allí nos dimos cuenta de su gran calidad a pesar de su baja estatura y contextura delgada.
¿Qué fue lo primero que hicieron?
En ese tiempo nos exigían la ‘Bolsa de minutos’, que consistía en alinear a jugadores de la Reserva. Aunque él no pertenecía a esa categoría por edad, era menor, pero lo promovimos de inmediato al primer equipo.
¿Era impresionante verlo jugar?
Él llegó al club gracias a Orlando La Valle. Cuando subió al equipo profesional, jugaba con la misma desfachatez que en menores, a pesar de que en el plantel teníamos a figuras como Pepe Díaz, Leao Butrón, Pedro García, Edwin Pérez o Jhon Hinostroza. Él jugaba sin complejos.
¿Cómo era su carácter?
Sencillo, amiguero y muy sentimental. Como los dirigentes de la San Martín sabían que yo era de Piura, me permitieron vivir en la Villa Deportiva. Ocurrió lo mismo con él, así que convivíamos allí: íbamos a almorzar juntos al restaurante y subíamos a las salas de internet.
¿Conversaban mucho?
Sí, se mostraba como un chico muy dócil y buena persona.
¿Cuál era su ‘chapa’ en ese tiempo?
Su primer apodo fue ‘El Chavo’. Se lo puso Guillermo ‘Chicho’ Salas, quien decía que era igualito al cómico mexicano ‘Chespirito’.
¿Se molestaba?
Para nada, se mataba de risa y los jugadores experimentados le agarraron mucho cariño.
¿Ha cambiado?
Para mí, no. Por cosas de la vida nos volvimos a encontrar en el norte en el año 2023 y seguía siendo el mismo.
¿Encontró al mismo muchacho con el que compartió la Villa Deportiva?
Igual de bromista, conversador, entrador y amiguero. No se callaba nunca.
¿Ha llevado a otras figuras al fútbol profesional?
Yo soy de una zona rural de Piura. Cuando trabajaba en Alianza Atlético, vi jugar en el centro poblado Malingas a Roberto Jiménez. Al principio lo llamaban ‘Zapatón’, pero luego le cambiaron el apodo por el nombre de su pueblo natal.
¿Y cómo fue la historia con William Chiroque?
En un partido de Copa Perú, eliminaron a su equipo y se puso a llorar. Le dije: ‘No llores, las cosas pasan por algo. Tengo contactos en Alianza Sullanay voy a pedir que te evalúen’. Fue, demostró su enorme calidad y se quedó.
Ahora toca hablar de su presente.
Dirijo al San Martín Occidente de Paita y vamos a disputar el torneo ‘Tradición Copera 2026’. Mantenemos la base del equipo que estuvo a punto de clasificar a la Etapa Nacional de la Copa Perú. El señor Rafael Echeandía, presidente del club, nos respaldó diciendo que este grupo merecía seguir compitiendo, así que vamos por ese título.
¿Tiene gente ‘rankeada’?
Tenemos a futbolistas de experiencia como Jesús Barco, que le da peso al mediocampo, y a chicos como López, que viene de Trujillo, y Óscar Guerra, con un largo recorrido en el fútbol profesional.
Un gran abrazo, profesor.
A ustedes por la oportunidad que nos dan.
Contenido GEC