La habitación del terror. Una puerta de metal maciza con clave electrónica, un semisótano convertido en celda y hasta balones de oxígeno formaban parte de la infraestructura que Los Pulpos habrían acondicionado en Trujillo para mantener cautivas a sus víctimas. En esa mazmorra, según la investigación policial, habría permanecido el empresario minero Jenss Martin Lara Tantaquilla, secuestrado durante una emboscada ejecutada por falsos policías que terminó con cuatro personas asesinadas.
El escenario descubierto parecía preparado para una sola misión: mantener a una persona encerrada y aislada durante horas, sin posibilidad de escapar ni conseguir ayuda. El ambiente se encontraba bajo tierra, tenía paredes de concreto fresco y estaba protegido por una puerta de acero reforzado con sistema digital de cierre.
Dentro había un colchón inflable y dos balones de oxígeno. El lugar, además, había sido acondicionado para reducir la propagación de los sonidos y evitar que los pedidos de auxilio pudieran ser escuchados desde las viviendas cercanas. Para los investigadores, esos detalles apuntan a un espacio que no habría sido improvisado.
El cuarto de cautiverio tenía características que llamaron especialmente la atención de los investigadores. La puerta no era una estructura común de una vivienda: se trataba de una pieza metálica maciza con sistema electrónico de seguridad. Desde el exterior se podía controlar el acceso al ambiente.
Debajo de la vivienda había un espacio convertido en una especie de búnker. Las paredes de concreto fresco encerraban una habitación en la que se instaló un colchón inflable para la víctima. Los dos balones de oxígeno completaban el acondicionamiento del ambiente.
La investigación policial sostiene que el lugar habría sido utilizado para mantener secuestradas a varias víctimas de Los Pulpos. El sistema de aislamiento acústico habría tenido como finalidad impedir que los vecinos escucharan algún pedido de auxilio.
Tras el cautiverio, los delincuentes realizaron el trasbordo del empresario en inmediaciones del fundo San Pedro. Los uniformes policiales utilizados durante la emboscada, junto con los falsos marbetes, fueron arrojados posteriormente cerca del óvalo La Marina.
El inmueble salió a la luz durante las diligencias por el secuestro de Lara Tantaquilla, de 32 años. El empresario había sido interceptado aproximadamente a las 2:46 de la madrugada del 30 de agosto, cuando regresaba de una discoteca junto a cuatro acompañantes y se desplazaba por Trujillo.
En la intersección de las avenidas Húsares de Junín e Isabel de Bobadilla apareció una camioneta Toyota Hilux blanca detrás del vehículo en el que viajaba el empresario. La unidad llevaba una placa clonada y, por su apariencia, habría permitido que los atacantes se acercaran sin despertar sospechas.
Tres sujetos descendieron vestidos con indumentaria policial y portando fusiles. Pero no eran agentes. Rodearon el vehículo, sacaron a Lara y atacaron a quienes lo acompañaban. Fara, Nadia, Luz Alberto y Christopher murieron durante la emboscada.
Entre las víctimas se encontraban los agentes de seguridad del empresario y las jóvenes Farhad Monzón Lingán y Nadia Urtecho Rodríguez, quienes habían salido de la discoteca Nosso junto a Lara. Los delincuentes emplearon armas con silenciador antes de retirarse del lugar.
Mientras el empresario era llevado por sus captores, la organización desplegaba otra parte de su operación. La Policía sostiene que el seguimiento habría sido planificado con anticipación y que la preparación logística se extendió durante cerca de cuatro meses.
El jefe de la Región Policial La Libertad, general PNP Ricardo Espinoza, explicó que los investigadores revisaban los registros obtenidos antes del ataque. “estamos analizando las cámaras de la discoteca... de esta fase de seguimiento”, señaló al referirse al trabajo policial para reconstruir los movimientos previos de los secuestradores.
Lara fue trasladado posteriormente hacia un inmueble ubicado en la urbanización San Andrés. Allí habría permanecido dentro de la habitación subterránea durante aproximadamente 36 horas, hasta que las negociaciones económicas entre los captores y la familia permitieron su liberación.
Lara Tantaquilla recuperó su libertad a las 3 de la tarde del 31 de agosto, después del desembolso económico coordinado por su familia. La Policía continuó entonces con la identificación y captura de los presuntos integrantes de la banda que habrían participado en la operación.
Entre los intervenidos figuraron Julio Zavaleta Quezada, alias “Juliacho”, de 19 años; Frank Quezada Cruz, alias “Ñato”; Angel Fabricio Bocanegra, alias “Folo”; César García, alias “Bolo”; y José Miguel Cherrepe, alias “Ares”. También fue intervenido Cueva Canga, alias “Bore”, señalado como presunto articulador económico.
César García Rivera, a quien los investigadores identificaron como conductor de la camioneta empleada en el ataque, reconoció durante el interrogatorio que su función había sido “manejar la camioneta”. También confirmó que la persona secuestrada era “un empresario” y aseguró haber recibido 12 mil soles por participar en la operación.
Cuando le preguntaron quién le había dado la orden, García Rivera respondió: “Jenson”. Su declaración quedó incorporada a las diligencias con las que los investigadores buscan determinar la participación de cada sospechoso.
La Policía también señaló que tres de los detenidos habrían actuado como sicarios. El general Víctor Revoredo, jefe de la Dirincri, fue consultado sobre cuántos de los intervenidos habrían participado como gatilleros y respondió: “Tres, por lo menos”.
Al precisar si aquellos sujetos habían sido quienes atacaron a los acompañantes del empresario, Revoredo confirmó: “Estuvieron en escena como tiradores”.
Otro elemento que apareció en la investigación fue la Toyota Hilux blanca utilizada para cerrar el paso al vehículo de Lara. La unidad habría sido adquirida apenas cinco días antes del atentado y tendría un valor superior a los 20 mil dólares.
La placa también habría sido clonada. Según Revoredo, la identificación original correspondía a otro vehículo que se encontraba en Puno. “La patente principal pertenece a un vehículo cuya pericia lo arrojará así. Eso es lo que se nos ha indicado, que está en Puno. Por lo tanto, la nomenclatura física ha sido clonada. Y ese es su modus operandi de los Pulpos”, explicó.
La investigación terminó vinculando la operación con Jhonsson Smit Cruz Torres, conocido como “Jhonsson Pulpo”, señalado como presunto autor intelectual del secuestro. Las autoridades siguieron las comunicaciones, los desplazamientos y la ruta del dinero hasta ubicarlo en Bolivia, donde fue detenido.
Pero detrás de aquella captura quedó una escena que permitió conocer una parte de la maquinaria utilizada para los secuestros: una habitación escondida bajo una vivienda, una puerta reforzada con clave digital, un colchón inflable y balones de oxígeno.
Un espacio construido para que una víctima permaneciera encerrada y para que, desde afuera, nadie pudiera escucharla. Esa mazmorra subterránea se convirtió así en una de las principales piezas para reconstruir cómo Los Pulpos habrían ejecutado el secuestro que terminó con cuatro vidas segadas y un empresario retenido durante más de un día.
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