
Dayron Merino Reyes, un estudiante de 15 años que soñaba con convertirse en policía, murió tras recibir ocho disparos durante una masacre perpetrada por sicarios en una vivienda del asentamiento humano Santa Teresita, en Sullana. El adolescente había ido a jugar videojuegos con un amigo cuando dos atacantes irrumpieron disparando más de 60 veces contra los ocupantes del inmueble, donde también se encontraban tres hombres que, según las investigaciones, eran los verdaderos objetivos del ataque.
Según un reportaje del programa dominical Día D, la muerte del menor ha provocado indignación entre sus familiares, quienes aseguran que no tenía ninguna relación con las personas a las que buscaban los asesinos. Mientras intentan afrontar la pérdida, también enfrentan otro golpe: la difusión de fotografías falsas en redes sociales que pretenden vincular a Dayron con actividades criminales.

Para sus padres, la tragedia comenzó la noche del 4 de junio. Poco después de las nueve, Dayron salió de su casa con dirección a la vivienda de su abuela. Allí pensaba encontrarse con algunos amigos y pasar un momento jugando videojuegos.
Las cámaras de seguridad registraron uno de los últimos momentos en que fue visto con vida junto a sus padres. Según relató José Merino, el adolescente pidió permiso para ir donde su abuela mientras ellos salían a comprar unas medicinas.
Al llegar, Dayron buscó a sus amigos. Uno no pudo acompañarlo. El otro aceptó la invitación. Ambos se sentaron frente a una mesa y comenzaron a jugar mientras se comunicaban en línea con otro compañero de colegio.
Treinta minutos después, la reunión terminó de la peor manera.
EL ATAQUE QUE CAMBIÓ TODO
Según los testimonios recogidos por las autoridades, dos sicarios vestidos de negro llegaron hasta la vivienda. Otros sujetos los esperaban en motocicletas para facilitar su fuga.
Los atacantes buscaban a Elar Salvador Atoche, Diego Meca Juárez y Jesús Loro Cornejo, quienes se encontraban conversando en la puerta de la casa. Para la Policía, las características del ataque apuntan a un ajuste de cuentas o a una disputa entre organizaciones criminales que operan en Sullana.
Las investigaciones indican que los tiradores dispararon contra los hombres ubicados en el exterior y luego ingresaron a la vivienda. Uno de ellos abrió fuego directamente contra los dos menores que estaban jugando videojuegos.
Dayron recibió impactos en la cabeza, el pecho, una pierna, un brazo y una mano. Su amigo, de apenas 12 años, logró sobrevivir, aunque permanece en estado de shock.
La hermana del adolescente contó que, cuando bajó las escaleras para buscarlo, lo encontró tendido y gravemente herido. Según relató la familia, el joven todavía alcanzó a apretarle la mano mientras intentaban auxiliarlo.
Los padres también sostienen que Dayron intentó advertir a su amigo del peligro. Según relataron, le pidió que corriera y buscara refugio mientras los disparos alcanzaban la vivienda.

EL DOLOR DE UNA FAMILIA
Seis días después de la masacre, los padres mostraron la habitación donde vivía su hijo. Allí permanecen sus cuadernos escolares, sus herramientas de barbería, sus dibujos y las zapatillas que había usado horas antes de morir.
Dayron cursaba tercero de secundaria en un colegio particular de Sullana. Le gustaba dibujar, practicar muay thai, jugar fútbol y había estudiado barbería. Según sus padres, dedicaba gran parte de su tiempo al estudio y soñaba con ingresar algún día a la Policía Nacional.
Por eso, la familia rechaza con firmeza las publicaciones difundidas en redes sociales que intentan relacionarlo con el sicariato. Su madre, Vicky Reyes, mostró fotografías familiares y documentos escolares para desmentir esas versiones.
“Este es su verdadero rostro”, insistió mientras enseñaba las imágenes de su hijo y denunciaba que las fotografías que circulan en internet corresponden a otra persona.
La masacre ocurrió en una región golpeada por la violencia criminal. Según las cifras mencionadas en el reportaje, Piura registró 154 muertes violentas durante 2025 y ocupa el segundo lugar a nivel nacional en este tipo de delitos.
Mientras la investigación continúa para determinar quién ordenó el ataque y cuál fue el móvil detrás de la matanza, José Merino mantiene un pedido que repite una y otra vez. Pide que la muerte de su único hijo varón no quede impune y que las autoridades identifiquen y capturen a los responsables de una masacre que terminó arrebatándole la vida a un adolescente que aquella noche solo quería jugar videojuegos con un amigo.
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