Jhonsson Cruz Torres, alias ‘Jhonsson Pulpo’, cayó en Bolivia después de años de evadir a la justicia, pero su captura también permitió poner rostro a una historia criminal que se extendió por tres generaciones de la familia Cruz. Antes de él estuvieron Teófilo Cruz Álvarez, señalado como patriarca, y John Cruz Arce, conocido como ‘John Pulpo’, mientras la organización pasó de los robos y cobros de cupos a las extorsiones, secuestros, sicariato y vínculos con la minería ilegal.
El origen de esta historia se remonta a Trujillo y a una familia cuyo nombre comenzó a aparecer relacionado con hechos delictivos desde hace varias décadas. Según las investigaciones del historiador Jorge Nureña, las primeras apariciones de Los Pulpos datan de 1996 y 1997, mientras que sus primeros delitos fueron reportados por la prensa en 1998.
Teófilo Cruz Álvarez fue señalado como el patriarca de la familia. Murió en 2020, víctima de la pandemia, mientras permanecía recluido en el penal El Milagro por un proceso relacionado con organización criminal. Su historia forma parte de la primera etapa de una estructura que con los años adquiriría mayor presencia y violencia.
Pero fue su hijo John Cruz Arce quien terminó convirtiéndose en uno de los rostros más conocidos de esa estirpe. Su sobrenombre, ‘John Pulpo’, no nació en una calle peligrosa ni dentro de una cárcel. Surgió cuando todavía era estudiante y sus instructores premilitares comenzaron a llamarlo así.
“Cuando yo estaba en el colegio (...) ese apodo nos puso a mí y a mi hermano nuestro instructor de pre-militar”, contó Cruz Arce. Aquel apelativo, nacido entre aulas y ejercicios premilitares, terminaría identificando a una organización criminal que décadas después sería investigada por una cadena de delitos.
John Cruz Arce ingresó al mundo delictivo siendo adolescente. En marzo de 1992 llegó por primera vez al penal El Milagro por robo agravado. Era menor de edad y permaneció apenas cuatro días, pero aquella entrada no sería la última.
En 1994 fue encarcelado por lesiones graves y, al año siguiente, recibió una condena efectiva de tres años por ese delito. Salió en 1998 y volvió a prisión por robo agravado. En 2005 nuevamente fue encarcelado, esta vez por homicidio calificado.
Su historial terminó con una condena de 25 años de prisión por un crimen cometido contra su conviviente y otra persona. Las cárceles de Trujillo, Chiclayo, Cajamarca, Challapalca y Juliaca fueron algunos de los penales por los que pasó.
“Yo he pasado a ver Trujillo, Chiclayo, Cajamarca, (...) Chayapalca, Juliaca, seis penales he pasado a ver”, declaró.
Mientras John Cruz Arce permanecía tras las rejas, la tercera generación comenzó a tomar protagonismo. Jhonsson Cruz Torres, conocido como ‘Jhonsson Pulpo’, asumió, según las investigaciones, el control de la organización cuando tenía apenas 17 años.
Con el nuevo mando, Los Pulpos dejaron de concentrarse únicamente en el cobro de cupos a transportistas, restaurantes y comerciantes. La estructura habría ampliado sus actividades hacia la extorsión, los secuestros y el sicariato, con exigencias que podían alcanzar los 500 mil soles.
“Nosotros nos dedicamos a la extorsión, al cobro de cupos. 20 mil soles cuesta la tranquilidad tuya, la de tu familia y la de tu negocio”, se escucha en una de las amenazas atribuidas a integrantes de la organización.
Cuando las víctimas no cedían, la violencia aparecía como mecanismo de presión. Los investigadores señalan que los secuestrados fueron sometidos a golpes y mutilaciones, incluso con dedos cortados, para obligar a sus familiares a pagar.
“Cuánto ya acabó, si querían cortar mis tobillos, yo les suplicaba más”, relató una víctima.
La organización tampoco se quedó dentro de las fronteras peruanas. Las investigaciones identificaron presencia o conexiones de integrantes en Chile, Bolivia y Argentina. Según Jorge Nureña, Los Pulpos consiguieron una presencia importante en otros países y diversificaron sus operaciones.
A partir de los años 2016, 2017 y 2018, además, apareció otro frente de interés: la minería ilegal. Inicialmente habrían ofrecido protección a personas vinculadas con esta actividad, pero posteriormente, según el historiador, comenzaron a convertirlas en posibles víctimas.
“Entonces ellos van buscando camino de acuerdo al sujeto económico que les ofrezca mayor rentabilidad”, explicó Nureña.
La estructura familiar tampoco dependía exclusivamente de Jhonsson. La captura en Chiclayo de Andy Quispe Cruz, primo del cabecilla, permitió a las autoridades identificar otro integrante del círculo de mando. Es señalado como uno de los cuatro cabecillas y como parte de una de las facciones.
Interrogado por la Policía sobre los secuestros y las mutilaciones, Andy Quispe Cruz negó tener participación. “Yo no tengo nada que ver”, respondió.
Mientras uno de los presuntos mandos era detenido, en Trujillo ocurrió otro episodio atribuido a esta dinámica criminal. El hijo de un minero fue secuestrado y cuatro personas que lo acompañaban en una camioneta fueron asesinadas durante el ataque.
Para Jorge Nureña, este hecho refleja la capacidad de la organización para mantenerse activa pese a la caída de algunos de sus integrantes. “Los Pulpos ya no es una sola cabeza, sino es como una especie de hidra”, sostuvo.
La persecución contra Jhonsson terminó finalmente en Bolivia. El hombre que había conseguido evadir a las autoridades mediante una identidad de fallecido, cambios radicales en su apariencia y desplazamientos fuera del país fue detenido junto a uno de sus presuntos cómplices.
En noviembre de 2020, incluso, un certificado de defunción hizo aparecer oficialmente como muerto a Jhonsson Cruz Torres. Pero estaba vivo y, según las investigaciones, continuó dirigiendo los hilos de la organización desde la clandestinidad.
También habría modificado su cabello, rostro y facciones, además de recurrir presuntamente a intervenciones estéticas para dificultar su identificación. El 26 de enero de este año, un operativo de inteligencia estuvo cerca de capturarlo, pero logró escapar después de que las cámaras registraran su salida.
Esta vez no pudo hacerlo. Las autoridades bolivianas lo calificaron como un objetivo de alto valor regional y procedieron con su expulsión y entrega a la Policía peruana.
La imagen del detenido esposado cerró una larga persecución, pero no necesariamente la historia de Los Pulpos. Para los investigadores, la organización mantiene varias facciones y mandos operativos capaces de continuar sus actividades.
El apellido Cruz quedó así marcado por tres generaciones dentro de una historia que comenzó en las calles de Trujillo y terminó extendiéndose hacia otros países. Primero fueron los delitos que pusieron los nombres de sus integrantes en los registros policiales; después llegaron los cupos, las extorsiones y los secuestros; finalmente, una estructura capaz de cruzar fronteras.
Jhonsson Pulpo cayó, pero detrás de él permanecen otras piezas. Y ese es ahora el reto para las autoridades: desarticular las facciones que, durante años, aprendieron a mantenerse activas incluso cuando sus principales integrantes terminaban tras las rejas.
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