
La necropsia oficial descartó que el suboficial de la Policía Nacional Diego Manuel Vela Rodríguez haya sido asesinado a balazos y determinó que murió por un traumatismo craneoencefálico severo, además de lesiones graves en el tórax y abdomen, compatibles con una caída o impacto contra una superficie, en Trujillo. El examen forense también estableció múltiples fracturas en el cráneo y las costillas, mientras las primeras versiones que hablaban de proyectiles quedaron sin sustento.
El caso ocurrió el 30 de agosto en un edificio de la avenida Francisco de Zela, en Trujillo, donde el efectivo alquilaba un departamento. El joven, integrante de la Unidad de Escuadrón de Emergencia, había llegado a su vivienda a bordo de una motocicleta durante su día de descanso.

Las cámaras de videovigilancia registraron su llegada al inmueble con el casco colocado. Minutos después, el policía cayó hacia la vía pública desde uno de los niveles superiores del edificio. El golpe le provocó lesiones internas de extrema gravedad.
Efectivos de la institución acudieron para auxiliar a su compañero y lo trasladaron de urgencia al hospital Belén de Trujillo. Sin embargo, los médicos confirmaron su muerte horas después debido a la severidad de los traumatismos que presentaba.
EL EXAMEN FORENSE ACLARÓ LAS VERSIONES INICIALES
El Acta de Necropsia N.° 312-2026, realizada el 31 de agosto por la médica legista Lily León Jáuregui, estableció como causa de muerte un traumatismo cráneo encefálico severo, así como traumatismos torácico y abdominal.
El documento precisa que las lesiones provocaron fracturas en el cráneo y las costillas, además de hemorragias intracraneana, intratorácica e intraabdominal. Los especialistas consideraron que este tipo de daños coincide con un fuerte impacto.
Durante la diligencia, en presencia de la fiscal adjunta Karen Arlita Meléndez Valle, se dispuso también la extracción de sangre, cabello, hisopado nasal y vísceras. Las muestras serán sometidas a dosaje etílico, descarte de drogas y análisis químico-toxicológico.
La confusión comenzó porque un acta de constatación policial y un acta de ocurrencia emitidas el mismo domingo consignaron inicialmente un diagnóstico de traumatismo encéfalo craneano grave por proyectil de arma de fuego. Posteriormente, el examen médico legal estableció que no existían impactos de bala.
El general PNP Víctor Revoredo, jefe de la Dirincri, se pronunció sobre la controversia y cuestionó a quienes continuaban poniendo en duda el resultado forense. “[Por] mi poca experiencia de 34 años en homicidios, yo creo que algunos están cometiendo delito contra la paz pública, porque están profanando a una persona que ya tiene acreditado un auscultamiento de epidermis, de dermis, de tejido adiposo por el máximo representante de la tanatología forense en el Perú: el médico legista”, declaró a RPP.

SU PADRE TAMBIÉN HABLÓ DE UNA CAÍDA
Manuel Vela Liñán, padre del fallecido, pidió que se conozca toda la verdad sobre la muerte de su hijo y sostuvo que el joven habría regresado a su vivienda después de salir a celebrar su cumpleaños.
Diego cumplió 21 años el 29 de agosto. Según su progenitor, el suboficial salió a bailar y habría retornado alrededor de las 4:30 de la mañana. Las cámaras, explicó, muestran que descendió de la motocicleta, se dirigió a un costado para miccionar y luego ingresó al edificio.
El padre relató que la chapa de la puerta del departamento presentaba problemas y que, ante la dificultad para abrirla, su hijo habría subido hasta la azotea. “Entonces, al ver que él no podía abrir, sube arriba, a la azotea, al cuarto piso (…) y él cae porque habrá estado un poco tomado, habrá calculado mal y se resbala”, manifestó en conversación con Exitosa.
Vela Liñán también fue categórico al referirse a las versiones sobre un supuesto ataque armado. “Él no tiene ningún impacto de proyectil. Yo he visto a mi hijo, yo he visto su cuerpo; su cara estaba entera”, aseveró.
El general PNP Ricardo Espinoza Cuestas, jefe de la Tercera Macro Región Policial La Libertad, también señaló que la necropsia descartó lesiones provocadas por proyectiles. Los vecinos e inquilinos, además, declararon que no escucharon detonaciones ni enfrentamientos antes de la caída.
La muerte del agente ocurrió durante la misma madrugada en que se produjo el cuádruple asesinato y el secuestro del empresario minero Jenss Marty Lara Tantaquilla. Esa coincidencia temporal generó versiones que intentaban relacionar ambos episodios, pero la Policía descartó esa conexión luego de evaluar los elementos obtenidos.

Las diligencias, sin embargo, continúan para determinar exactamente qué ocurrió dentro del inmueble antes de que el suboficial terminara en la vía pública. Los investigadores recopilan grabaciones de seguridad y demás elementos que permitan reconstruir sus últimos minutos y establecer si se encontraba acompañado.
También fueron detenidas tres personas tras los hechos y permanecen bajo investigación para determinar su eventual participación en la muerte del policía. Las autoridades avanzan con testimonios, pericias y otros elementos antes de establecer responsabilidades.
Con el resultado definitivo de la necropsia, la hipótesis de un homicidio por arma de fuego quedó descartada. Los restos del suboficial fueron entregados a sus familiares, mientras las investigaciones buscan cerrar las interrogantes que todavía rodean aquella caída ocurrida en la avenida Francisco de Zela.
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