Alexander Vinces:

La noche había caído sobre el cuando Alexander Edilberto Vinces Paiva cerró las puertas de su centro de entrenamiento, sin imaginar que ese sería su último recorrido. El profesor de artes marciales mixtas salió acompañado de su alumno Sebastián Padilla, en una rutina que repetía a diario tras culminar sus clases.

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A pocos metros, en las inmediaciones de la avenida Comandante Pérez Salmón, la escena cambió de forma abrupta. Un vehículo se acercó y, en cuestión de segundos, se desató una ráfaga de disparos que rompió el silencio de la zona. Los atacantes no dudaron.

Más de quince impactos de bala alcanzaron al deportista, quien cayó gravemente herido. Su alumno también fue alcanzado durante el ataque, quedando en estado crítico mientras los responsables emprendían la huida sin dejar rastro inmediato.

El traslado de emergencia no fue suficiente. Vinces falleció poco después debido a la gravedad de las heridas, cerrando así la historia de un hombre que había dedicado su vida a enseñar disciplina y valores a jóvenes en riesgo.

Ataque directo tras salir de su gimnasio

Detrás del crimen, las primeras investigaciones comenzaron a apuntar hacia una represalia. La hipótesis policial señala que el entrenador habría sido víctima de extorsionadores que le exigían pagos para permitirle operar su gimnasio en el puerto.

Su negativa a ceder ante estas presiones habría marcado su destino. Según las indagaciones, el ataque habría sido una respuesta directa a su decisión de mantenerse firme frente a la delincuencia.

Alexander Vinces no era solo un instructor. Era subcampeón de Lutta Livre y fundador de su propio espacio de formación, donde jóvenes del Callao encontraban una alternativa a la violencia que los rodea.

Familiares recuerdan que veía a sus alumnos como parte de su entorno cercano, no solo como deportistas en formación. Su enseñanza iba más allá de lo físico: buscaba formar carácter y ofrecer oportunidades donde escaseaban.

Investigación apunta a extorsión y sicariato

Esa labor también alcanzó a mujeres interesadas en disciplinas de contacto, abriendo espacios que antes eran poco comunes en este tipo de entrenamientos. Para muchos, el gimnasio era un refugio.

Mientras tanto, las cámaras de seguridad comenzaron a ofrecer pistas clave. Las imágenes captaron un vehículo de color rojo utilizado por los atacantes, el mismo que fue visto desplazándose a gran velocidad tras el crimen.

El recorrido de fuga quedó registrado por videovigilancia municipal, mostrando cómo los responsables avanzaron por la avenida Francisco Forcelledo en dirección a la avenida Insurgentes, intentando desaparecer del radar.

Las autoridades no descartan que los autores materiales sean menores de edad captados por organizaciones criminales, una práctica cada vez más frecuente en el Callao. Por ahora, las imágenes son la principal evidencia para dar con los implicados.

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