
La amenaza no llegó desde un número desconocido ni desde un lugar lejano. Se fue construyendo con datos precisos, movimientos conocidos y una forma de dirigirse que, con el paso de los días, empezó a repetirse. Para Jenny, empresaria del rubro cosméticos, todo comenzó a inicios de 2026 con mensajes que exigían el pago de 70 mil soles.
Al principio, los textos parecían seguir un patrón común. Sin embargo, había un detalle que no encajaba. Mientras su entorno laboral la llamaba “señora”, una joven insistía en decirle “señorita Jenny”, incluso después de ser corregida.

Ese mismo trato aparecía en los mensajes extorsivos. La coincidencia se repitió una y otra vez hasta convertirse en una señal que no pudo ignorar.
La sospecha empezó a tomar forma dentro de su propio negocio. La persona que tenía acceso a información diaria, movimientos y rutinas, también mantenía ese mismo modo de dirigirse a ella.
Jenny decidió seguir esa pista. La forma en que era nombrada se convirtió en el punto de partida para entender que la amenaza no venía de fuera, sino desde su entorno más cercano.
OPERATIVO Y DETENCIÓN EN EL CENTRO DE LIMA
La Policía Nacional inició el seguimiento. Las investigaciones apuntaban a una red de extorsión que utilizaba información privilegiada para presionar a la víctima y exigirle el pago de una “cuota inicial”.
El operativo se concretó en el jirón Callao, en el Cercado de Lima. Los agentes interceptaron a los sospechosos cuando se encontraban a bordo de una camioneta, realizando labores de vigilancia cerca de uno de los locales de la empresaria.
Entre los detenidos figuraban Naomi Okuma Fasanato (19), extrabajadora del negocio; Junior Rodríguez Cueva (23), su pareja; y Richard Cornejo González (18), militar en actividad.
Según la investigación policial, la joven cumplía un rol central. Desde su puesto, e incluso tras dejar el empleo, facilitaba información sobre la empresaria, sus trabajadores y el funcionamiento del negocio.
Esos datos eran utilizados para enviar mensajes amenazantes, generar temor entre el personal y afectar las operaciones comerciales. La presión tenía un objetivo claro: obligar al pago de los 70 mil soles.
Las autoridades también determinaron que la extrabajadora amedrentaba a sus propios compañeros para desestabilizar el negocio y reforzar el impacto de las amenazas.

LIBERACIÓN Y NEGOCIO CERRADO
Pese a la intervención policial y las evidencias recopiladas, la situación dio un giro inesperado. Horas después de su detención, Naomi Okuma Fasanato fue puesta en libertad por disposición del juez Arnold Velasco Hidalgo.
La decisión generó una reacción inmediata en la víctima. Jenny expresó su frustración y cuestionó la medida judicial que permitió la salida de la principal sospechosa.
“Yo lloro no de miedo, sino de impotencia”, declaró tras conocer la resolución.
El impacto no quedó solo en lo emocional. Por seguridad, la empresaria optó por cerrar sus dos locales, ubicados en Lince y el Centro de Lima.
El negocio, que antes funcionaba de manera presencial, tuvo que adaptarse. Hoy, las ventas se realizan desde su vivienda, a través de transmisiones en vivo en redes sociales.
Mientras tanto, la investigación continúa. La Policía mantiene las diligencias para determinar el alcance de la red de extorsión y la participación de cada uno de los implicados.
El caso deja una marca en la víctima. La amenaza que comenzó con mensajes terminó por cambiar la forma en que sostiene su negocio, ahora lejos de los locales donde todo empezó.











