La conversación comenzó como tantas otras que se generan a diario a través de redes sociales. Un supuesto interesado en alquilar un departamento ubicado en el condominio Las Praderas, en Comas, contactó a un agente inmobiliario y coordinó una cita para conocer mayores detalles del inmueble. Nada hacía prever que aquel encuentro terminaría con una denuncia por dopaje y robo.
Según relató el trabajador, el hombre se presentó como analista de créditos y, tras intercambiar algunos mensajes, propuso reunirse primero en una cevichería de Los Olivos antes de dirigirse al departamento que pretendía alquilar.
Cuando llegó al local, encontró a su interlocutor sentado frente a una cerveza y una gaseosa. El supuesto cliente insistió en invitarle una bebida alcohólica, pero el agente rechazó la propuesta. “No, yo no tomo cerveza”, recordó haberle respondido. Finalmente aceptó una gaseosa y también consumió un plato de ceviche durante la reunión.
Lo que ocurrió después es parte de una secuencia que ahora investigan las autoridades. De acuerdo con la denuncia, ambos se trasladaron posteriormente hasta el condominio ubicado en Comas para concretar la visita al departamento.
Las cámaras de seguridad del inmueble registraron el ingreso de ambos. En las imágenes, el agente inmobiliario aparece caminando por sus propios medios y acompañado por un hombre que mantenía el rostro cubierto.
Antes de ingresar, la víctima solicitó que el visitante cumpliera con el procedimiento de identificación exigido por la seguridad del condominio. Sin embargo, más tarde advirtió una situación que llamó su atención: el sujeto se habría registrado utilizando un nombre de mujer.
“Se registró con nombre de mujer. Eso es lo raro, que la persona haya ingresado con nombre de mujer, que el de seguridad no se haya percatado”, manifestó.
Las grabaciones también muestran al trabajador abandonando el condominio junto al mismo individuo. Para los investigadores, esas imágenes forman parte de las evidencias que permitirán reconstruir los movimientos realizados durante las horas previas a que perdiera el conocimiento.
La víctima aseguró que su último recuerdo corresponde al momento en que ingresó al departamento y guardó su teléfono celular. Desde entonces, no puede precisar qué ocurrió durante las siguientes horas.
Según su testimonio, permaneció menos de media hora dentro del inmueble. Después de ello, perdió completamente la memoria. Su siguiente recuerdo fue despertar al día siguiente en el Hospital Nacional Arzobispo Loayza, utilizando una silla de ruedas y sin su teléfono móvil.
El agente indicó que el celular fue el único bien que le sustrajeron. Explicó que, por precaución, no llevaba consigo tarjetas bancarias, documento de identidad ni otros objetos de valor durante sus actividades laborales.
La situación se volvió aún más desconcertante cuando terceros le informaron que horas antes había aparecido frente a una comisaría en Breña e incluso habría llegado a presentar una denuncia. Sin embargo, aseguró no recordar ninguno de esos episodios.
Posteriormente acudió a distintas dependencias policiales para ampliar y corregir la denuncia, pero afirmó haber encontrado dificultades en el trámite debido a derivaciones entre oficinas y a la ausencia del efectivo que inicialmente registró el caso.
Ahora, mientras la identidad del supuesto cliente continúa siendo desconocida, el agente inmobiliario advierte que esta modalidad representa un riesgo para quienes coordinan reuniones comerciales mediante redes sociales. Según sostuvo, el peligro no afecta únicamente a trabajadores de su sector, sino también a cualquier persona que acuerde encuentros con desconocidos a través de plataformas digitales.
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