
Desde México, donde reside desde hace cuatro años, Germán Tejada atiende una llamada desde Perú. Este jueves 15 de octubre, su ópera prima, ‘Los inocentes”, llegará a los cines nacionales. La película, inspirada libremente en el universo de Oswaldo Reynoso, viene precedida por un recorrido internacional que incluye el premio a Mejor Película en la categoría Cine de Género en el Festival de Cine de Guadalajara y los reconocimientos a Mejor Película de la Competencia Peruana y Mejor Dirección en el Festival de Cine de Lima 2025.
El director peruano vuelve así a un libro que leyó cuando era muy joven y que, según cuenta, se quedó dando vueltas en su cabeza durante años. Su película no busca trasladar literalmente las páginas del escritor arequipeño a la pantalla, sino llevarlas a una Lima contemporánea, atravesada por el punk, la violencia, el deseo y, sobre todo, por las dudas de una juventud que todavía intenta entender qué significa ser hombre.
Después de su paso por festivales y de las primeras reacciones —incluidas algunas críticas de quienes esperaban una adaptación más cercana a la novela—, llega el momento que más le importa: encontrarse con el público peruano. Tejada espera que ‘Los inocentes’ especialmente con los jóvenes, que se acerquen también a la obra de Reynoso y que esta versión cinematográfica pueda abrir una conversación sobre la identidad.
Pero el director también mira más allá de su película. Habla de lo difícil que resulta hacer una producción peruana, de la necesidad de buscar nuevas formas de financiamiento y de lo complicado que es conseguir que el público llegue a las salas.
Por eso, mientras cruza los dedos para que ‘Los inocentes’ tenga una buena respuesta comercial, espera que su estreno deje algo más que una película en cartelera: un precedente para quienes todavía quieren contar historias arriesgadas en el Perú.

Germán, ¿por qué ‘Los inocentes’? ¿Por qué volver a Oswaldo Reynoso ahora?
Porque, aunque son épocas muy distintas, creo que el libro sigue siendo muy vigente. Todavía vivimos sumergidos en el machismo y en estos modelos de hombre que Oswaldo plantea. Por eso me parecía importante traerlo a la contemporaneidad y conectar con un público joven en la película.
Y ahí aparece Cara de Ángel, que en tu película tiene bastante protagonismo. ¿Por qué él?
Porque es el personaje que va un poco en contra de todos estos modelos. Aborda su masculinidad desde un lugar más sensible, tiene una búsqueda más libre, aunque está limitada por el contexto y por todo el grupo. Además, cuando leí el libro, súper chibolo, era el personaje con el que más me identifiqué. Es un libro muy frontal, muy hormonal, muy erótico. Y Cara de Ángel está asumiendo su masculinidad desde otro lugar.
Hay un deseo homoerótico entre hombres.
Sí, definitivamente. La película tiene esa intención de incomodar un poco a la masculinidad estandarizada. Creo que todos hemos pasado por ese conflicto interno, por esa búsqueda y ese despertar sexual que tiene mucho de bisexual en su esencia. Hay confusión, preguntas y temores.
Pero eso entre hombres casi no se habla.
No nos lo permitimos, no lo conversamos ni lo exteriorizamos. Cara de Ángel está justamente en esa exploración, en esa búsqueda y en ese momento de mucha confusión.
Y por eso rescatas a Johnny, que en la novela prácticamente aparece de pasada.
Sí. En la parte de Cara de Ángel se habla de un Johnny, el chico que le gusta, pero se le menciona una vez. Me parecía interesante traerlo para abrir ese espectro, abrir esa puerta y poner en la película una realidad que creo que hemos vivido mucho.
Y luego está el punk. Uno piensa en rebeldía, libertad, pero también hay una masculinidad bastante dura.
Esa era un poco la consigna: entrar en ese mundo, que tiene esta forma tan masculina y tan oscura. Pero los punks también son blanditos por dentro. Muchas veces, detrás de esa dureza y de esa rebeldía que uno intenta transmitir hay un contraste fuerte con el mundo interno.
¿Tú querías ser punk?
Fui un punk wannabe (se ríe). Por eso la película tiene esta cosa un poco naif de estos chiquillos que quieren ser punk, que quieren pertenecer a esta movida.
Para mí, Los inocentes es un libro punk. Y la película termina siendo una combinación del libro con mi vida.
Por otro lado, hay algo muy importante, quieres que con la película los jóvenes conozcan el libro.
Sí. La película es muy adolescente. Estás explorando, tienes mil dudas, estás conflictuado con tu identidad, encontrándote, entendiéndote y definiéndote. Creo que va a conectar muchísimo con los jóvenes.
¿Eso lo comprobaste en México?
Sí. En el ciclo Talento Emergente de la Cineteca tuvimos salas llenas de jóvenes. Se generó un pequeño fenómeno mediático alrededor de Los Inocentes.

EL CASTING DE ‘LOS INOCENTES’
Hablemos de los chicos que interpretaron a los personajes de la novela porque varios no eran actores. ¿Cómo los encontraste?
Hicimos un casting muy grande. Para la mayoría era su primera experiencia de ficción en cine. Algunos nunca habían estado frente a una cámara y otros habían hecho talleres.
¿Y qué buscabas en el casting? ¿Que se parecieran a los personajes?
No necesariamente. Empezamos un taller con Beto Benítez con unos 40 chicos y chicas y ahí comenzó la exploración. Buscábamos presencia, verdad y mirada.
¿Cara de Ángel salió de ahí?
Sí. Y fue interesante porque él tenía un lado femenino mucho más desarrollado, y eso me ayudaba a construir su mundo interno.
Pero en pantalla es un punquerazo.
Claro, tú lo ves y no te imaginas cómo es su mundo interno. La consigna era bloquear todo ese lado femenino. Cara de Ángel no sonríe. Está pasando por un proceso interno muy duro. Quiere demostrar que es hombre.
¿Y Colorete también fue distinto a lo que imaginabas?
Muchísimo. Hay personajes que encontramos en el casting que son tal cual el papel. Rosquita es como es, el Príncipe es igualito. Pero Colorete y Cara de Ángel eran casi opuestos a lo que yo buscaba.
La película ya recorrió varios festivales. Guadalajara, Lima...
En Guadalajara ganamos Mejor Película. En el Festival de Cine de Lima ganamos Mejor Película y Mejor Dirección. También estuvimos en Barcelona, Madrid, Alemania, Bélgica y tuvimos un premio en el Festival de Cine de Santa Cruz. Ahora, por fin, ya estrenamos comercialmente.
Ahora viene el público peruano...
Yo estoy con fe y prendiendo las velitas para que a “Los inocentes” le pase algo bonito.
¿Te preocupa la reacción de quienes aman el libro? Porque has cambiado varias cosas.
Sí. Para mí ha sido un atrevimiento hacer una película de este libro. Es un libro de culto. Me he tomado muchas licencias. Hay gente que ha abrazado esas licencias y ha celebrado el atrevimiento, pero hay otros que no les ha gustado mucho por haber tocado la novela y por no ver en la pantalla el libro que ellos tenían en la cabeza.
Eso pasa mucho con las adaptaciones. El lector ya tiene su propia película.
Cada quien se hace su película del libro. Cuando eso se vuelve algo concreto y rígido, como una película, aterrizas el libro. Entonces hay que ver qué tanto conectas con esta versión o esta visión del director.
¿Y cómo llevas el hate?
El hate por hate, que resbale. Que pase. Pero cuando te dan su punto de vista y te explican por qué no les gustó, eso sí me interesa. Durante el Festival de Cine de Lima llegaron algunas de las críticas más duras que recibió la película. Uno sí siente cosas; te remueve. No puedes esperar que a todo el mundo le guste tu película.
Oswaldo Reynoso también tuvo que pasar por eso cuando publicó “Los inocentes”. ¿Crees que habría entendido tu película?
Yo siento que algo va a pasar pronto con ese libro y con toda la literatura de Oswaldo. Como ocurre con los grandes escritores que mueren y luego son muy reconocidos.

EL CINE Y LA POLÍTICA EN PERÚ
Ahora, otro tema. Para hacer cine peruano hace falta plata. ¿Crees que debería entrar más inversión privada?
Sí. Con el fondo que nos da el Estado no es suficiente para hacer una película. En México hay fondos que tienen como base la ley de mecenazgo. Un porcentaje de los impuestos de las empresas se destina a películas y a la producción cinematográfica. Si hubiera una ley que favorezca que esos impuestos puedan ser derivados hacia las creaciones artísticas, sería increíble.
Porque una cosa es hacer la película y otra conseguir que la gente vaya a verla.
Claro. Ese es el negocio del cine. Si no llenas salas, no funciona. Pero también hay un tema de creación de públicos. Ahora, con las redes y el boca a boca, eso podría ayudar. Yo estoy ahí, con fe para que a Los Inocentes le pase eso: que se vuelva un pequeño fenómeno mediático juvenil.
Hablando de cultura, ¿te preocupa el contexto político que estamos viviendo en Latinoamérica?
Sí. Estamos en un momento bien complejo a nivel político y social. Siento que esta juventud ya no tiene un antisistema. La derecha se ha apropiado de muchos medios masivos de comunicación, de TikTok y de todo esto, y se han vuelto fenómenos mediáticos.
¿Te refieres a políticos que terminan convertidos casi en personajes de redes?
Sí. Ahora son casi como personajes de Marvel, los nuevos villanos, los nuevos políticos. Es una locura descarada y absurda, pero siento que lo mediático hace que muchos jóvenes terminen votando por eso.
Mira a Milei en Argentina. Entre los jóvenes se volvió un fenómeno de TikTok, una especie de personaje loco, que querían como presidente. Se ha atontado a la masa, digamos, para vender ese tipo de discurso.

¿Y eso te preocupa por el lado de la cultura?
Es un temor. Siento que se están replicando modelos en diferentes lugares. En Argentina, Milei ya disolvió fondos. También están los fondos para escritores y para cultura. Es un modelo que se está replicando y el temor está en que se comiencen a copiar esos modelos acá.
En Perú, ¿cuál es tu principal temor actualmente con Keiko Fujimori?
Que Keiko comience a copiar los modelos que te acabo de comentar. Ahora el líder de ahí, en Sudamérica, es Milei, que es como el títere de Trump. Medio que lo que quieren es hacer el bloque. Y en ese bloque se repiten estas tendencias políticas de eliminar todo lo que está bien, todo lo que nos hace humanos.
Si ese escenario que propones llega al Ministerio de Cultura, ¿qué puede pasar con el cine?
Es un peligro. Porque el Ministerio de Cultura es el que maneja los fondos para el cine nacional. Como te repito y me mantengo, siento que estos modelos se están replicando en diferentes lugares.
¿Y México? Tú ya llevas cuatro años allá. ¿Cómo ves lo que está pasando con Sheinbaum?
Creo que es una izquierda un poco más sólida. Aunque también hay críticas, como que su izquierda es medio panfletaria, más discursiva. Pero yo siento que está haciendo las cosas bien. No está permitiendo que Estados Unidos se termine de meter.
¿Qué es lo que más te sorprende de México?
La inversión en cultura en esta país es alucinante. Los museos, los teatros, las bibliotecas, los conciertos gratuitos en el Zócalo del Distrito Federal. Hacen el festival de primavera y ponen 21 escenarios en toda la ciudad, gratuitos para la gente, y traen unas bandas increíbles.
El hecho de vivir en ese país te está sirviendo para mirar el cine desde otro lugar.
Sí. Es un mercado mucho más grande.
¿Y qué viene ahora?
Estoy desarrollando mi siguiente proyecto. Se llama Un año de mierda. Es bastante más experimental y también tiene que ver con la masculinidad. Creo que se ha vuelto, de alguna manera, mi tema, pero estoy explorándolo desde otro momento de la vida. Quiero hacer una película mucho más indie, con un equipo más pequeño, poder grabarla rápido y por partes.
¿Te quedas entonces en México?
Sí. Ya voy cuatro años acá. Me representa una productora, también filmo en Colombia y ahora tengo representación en Brasil. México se ha vuelto mi base.
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