
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una chuleta frita acompañada de papitas nativas doradas, sarsa criolla y, para tomar, una chicha morada fresquecita. “María, en mis comisiones diarias siempre paso por el río Rímac en distintas zonas de la ciudad y es una pena porque en muchos lugares parece una cloaca. Es que la gente tiene la pésima costumbre de arrojar desmonte y todo tipo de basura. Hasta sillones, cilindros y cocinas viejas he visto en su cauce. Realmente es una vergüenza que los mismos habitantes de la ciudad tratemos a nuestro río como un basural, sin tenerle ningún respeto. Y ahora que se vienen los efectos más duros del fenómeno El Niño eso es más peligroso, pues el lecho del río debería estar descolmatado, libre de desmontes para evitar embalsamientos, desbordes e inundaciones. Todos podemos hacer cosas importantes para preservar el medioambiente, para no contaminar el planeta. Comenzando por no arrojar desechos al río”.
“Otro hecho también peligroso es que mucha gente vive a unos metros del río y hasta en el mismo lecho por donde los huaicos siempre discurren. Esas personas no deberían estar en esos lugares. Es altamente peligroso. El problema de la falta de vivienda es muy grande, pero eso no es motivo suficiente para levantar nuestras casas en esos sitios. Hoy que El Niño ya llegó y parece que será más terrible conforme avancen los días y semanas, esas personas deberían retirarse de estos lugares, pues antes que nada está la vida. No podemos arriesgar nuestra existencia ni la de nuestros seres queridos. Los huaicos van a ocurrir, de eso prácticamente los científicos no tienen dudas. De la misma manera, todos debemos asegurar nuestras casas, impermeabilizar los techos, colocar bolsas con arena donde haya peligro de inundaciones. Y siempre estar dispuestos a ayudar a quienes más lo necesiten. Estamos entrando en un periodo de emergencia y necesitamos actuar unidos como hermanos”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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