Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un escabeche de bonito con camotito sancochado y ajicito. Para tomar pidió una limonada fresquecita. “María, por mi trabajo todos los días investigo sobre muertes, asaltos y sicariato. Pero aún no dejo de conmoverme con historias como la de la joven policía Lisandra González García (20), asesinada ayer a manos de su pareja, también agente, Felipe Mario Gutiérrez (23).
Fue en el cuarto que ambos ocupaban desde hace dos meses en Santa Anita. Vecinos afirman que la pareja empezó a discutir y luego escucharon un disparo. La víctima recibió un balazo en la cabeza y el homicida fue detenido. Las chicas deben pensar muy bien antes de iniciar una relación y más aún antes de pensar en convivir. Hace años primero había una etapa de amigos, luego de enamorados, novios y recién después, cuando las parejas conocían a sus respectivas familias, ellos mismos sabían cómo eran, qué carácter tenían, en qué trabajaban y sus antecedentes, pasaban a casarse.
Hoy, como en el caso de Lisandra, los muchachos se van a vivir a los pocos meses de conocer a alguien. Claramente esa era una relación tóxica, pues se sabe que él la agredía. Las investigaciones dirán qué pasó, pero lo más probable es que haya habido episodios de celos enfermizos, autoritarismo y machismo.
Las mujeres deben estar atentas a las señales de peligro y no dejarlas pasar. Si un hombre las insulta, golpea, denigra o manipula, deben terminar esa relación. No vale la pena y es un riesgo. Todo esto revela además un problema de salud mental.
¿Cómo logró ingresar el asesino a la Escuela de Policía? Peor aún, ¿cómo completó su entrenamiento y le dieron un arma? Por eso es importante identificar a quienes tienen ese problema. En especial las parejas, las novias, esposas o enamoradas.
Y cuenten sus problemas a sus familiares, pidan consejos o acudan a un especialista. No esperen que una persona violenta cambie así porque sí. Eso no sucede. Eviten las tragedias”. Gary tiene mucha razón. Me voy, cuídense.
Contenido GEC