
El Chato Matta llegó al restaurante por un poderoso arroz con pollo, papita a la huancaína y su jarrita de cebada heladita. “María, te cuento que el gran Pancholón me mandó un audio. ‘Chatito, se fue el maestro Willie Colón, un roncito para recordar a un bravo de bravos que hizo historia con Héctor Lavoe y Rubén Blades. Baja urgente’, me dijo el abogado mujeriego. Cuando llegué, el gordito estaba con la puerta abierta de su camioneta y la música a todo volumen...
‘Que a besos yo te levante al rayar el día/ Y que el idilio perdure siempre al llegar la noche/ Y cuando venga la aurora llena de goce/ Se funda en una sola tu alma y la mía…’, guapea Willie Colón.
‘Chatito, tú eres mi hermano. Estoy movido, pero voy a morir en mi ley. Ya son tres años que estoy divorciado de una mala mujer, acabo de celebrar mi cumpleaños en el Caribe, tengo camioneta 4x4, me llueve la chamba, pero a veces la procesión va por dentro.
La vida es una sola, papá, yo no nací para estar solo con una mujer y sé que soy un mal ejemplo, pero ya estoy viejo y nunca cambiaré, así me iré a la tumba. Si muero haciendo el amor en La Posada de un infarto, me iré feliz de este mundo”.

“Te cuento que me contrataron para un casito y tuve que volar a Piura. No lo pensé dos veces y también le saqué pasajes a un amorcito de mi rico Callao que me hace el amor y no es intensa ni loca. La pasamos bien y cada uno sabe a lo que va. Pero la tóxica, pese a que la llevo de vacaciones por el mundo y le compro todos sus caprichos, me juró que ya no me iba a celar, pero se alucina mi esposa. Allá en Piura, en un hotelito frente al mar, demolí la habitación con mi chalaquita y la hice feliz con mi legendario ‘salto del chanchito’.
Al regreso nos despedimos en el nuevo aeropuerto y dije: ‘Todo salió bacán’. Al día siguiente me encuentro con la tóxica y de frente recibo un cachetadón. ‘Oye, viejo zorro, marica, ya leí tus mensajes en el wasap cuando te quedaste dormido, eres un maldito cochino, te fuiste al norte para revolcarte con esa mujerzuela’.
Yo le respondí: ‘Qué te pasa, mi amorcito, ya he cambiado y sería incapaz de engañarte’. De respuesta recibí un manotazo con sus uñas y me dijo: ‘Qué cínico que eres, tú nunca vas a cambiar, perro’. En eso me volteo y ¡fua!, me tiró un cachetadón que sonó en toda mi casa. Mejor me olvido de esta mujer, ya no estoy para enfermas de los celos’”.
Pucha, ese señor Pancholón es un tremendo cochino y sinvergüenza. Nunca va a cambiar. Terminará viejo y solo. Me voy, cuídense.
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