
El chato Matta llegó al restaurante por unas ricas chuletas de cerdo con una porción de arroz blanco graneadito y ensalada fresca con lechuga y tomate. Para calmar la sed pidió una jarrita con emoliente. “María, me timbró recién bajado del avión el abogado mujeriego, el gran Pancholón, amo y señor de la cochinadita y el ‘dame que te doy’. ‘Causita, me dijo, te espero en el sauna privado, me van a recibir como los dioses con hierba fresca…
Chatito, la vida me sonríe, estuve 21 dias en el Mundial, llegué renovado, supercontento por cómo me trataron mis anfitriones en Miami, los hermanos Dieguito, el chef internacional y Pepe Gutiérrez, el sheriff de la Policía de Miami con sus respectivas esposas Cindy y Cinthya, y en Virginia, Diego Gonzales con su esposa Denis’.
A Pancholón le brillaban los ojos porque a pesar de que Perú no fue al Mundial, el gordito dejó bien en alto que flamee la bandera blanquirroja en los más altos rascacielos de Nueva York. ‘Mi coloradita me secuestró en un yate, embarcamos desde las playas de Virginia beach y partimos rumbo a Sandbridge beach, que es una playa tranquila ubicada a 30 millas al sur.
Era de noche, ella piloteaba el yate que tenía la bandera norteamericana y, ni bien empezamos a navegar, me dice en su español masticado que le haga mi famoso e internacional ‘salto del chanchito’, y justo cuando iba a ponerme en acción empezaron las tormentas eléctricas, los rayos que reventaban en el mar y emitían un resplandor.
La noche parecía de día y los truenos sonaban como si hubieran explotado 20 galones de gas. La colorada me dijo ‘no tengas miedo, darling, hazme por favor el chanchito’. La verdad es que me concentré y pensé en todos mis seguidores que están orgullosos de mí. Fue un tremendo faenón, una y otra vez, y la gringuita solo murmuraba: ‘Oh Yeah, my God, my God…’.
Puse salsita para animar más la noche: ‘Te vas a saciar de mí más allá de tu alma/ Donde ya las palabras no tendrán qué decir/ Te vas a saciar de mí, más allá de tu cuerpo/ En la cama con fuego, sin principio ni fin…’.

Regresamos de donde partimos, alisté mis maletas, nos fuimos al aeropuerto y la coloradita se puso a llorar. Le mentí que iba a volver pronto porque en el Perú la tóxica me esperaba’”. Pucha, ese señor Pacholon es un tremendo cochino y sinvergüenza. Va a terminar viejo y solo. Me voy, cuídense.
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