Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un pescadito frito con arroz graneadito y ensalada fresca. Para tomar pidió una jarrita con limonada. “María, increíble la historia de una banda de delincuentes juveniles conocidos como los ‘Fortuna 2026’, que roban celulares para desvalijar a sus víctimas. Se trata de muchachones de entre 18 y 23 años que operan en manada en buses de transporte público.

Una vez con el teléfono de la víctima, logran desbloquear los sistemas de seguridad y acceden a cuentas y hasta a los contactos de los propietarios, a fin de pedir dinero prestado a los amigos y familiares. Los ladrones ya están identificados. Con el dinero mal habido, se dan la gran vida con fiestas en lugares exclusivos, viajes, joyas y ropa de marca.

Su modo de operar revela un gran talento, pero usado para el mal. Estos jóvenes tranquilamente estarían trabajando en grandes empresas tecnológicas, pero prefieren la delincuencia y la plata fácil. Ojalá la Policía logre desbaratar a toda la organización criminal, compuesta por hombres y mujeres, y enviarlos a la cárcel.

No hay que tener piedad. Hace poco nos hemos enterado de que el Estado tiene proyectado liberar a miles de internos para deshacinar las prisiones, pero esto es contraproducente con los esfuerzos de los detectives para investigar y lograr meter a la cárcel a los hampones.

Según el Instituto Nacional Penitenciario, en el Perú hay 103,000 presos, cuando la capacidad de los presidios es de solo 41 mil. Como dicen que no hay plata para construir más, prefieren botar a la calle a estafadores, asaltantes, rateros de poca y mediana monta.

Ah, claro, pero sí hay plata para mantener a un ejército de burócratas en el próximo Congreso bicameral y construir un club de playa para los parlamentarios en los balnearios del sur. Mucho ojo con esto, señora Keiko Fujimori, no defraude a los peruanos”. Tiene mucha razón Gary. Me voy, cuídense.

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