
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un arroz con pato y cebichito de cortesía. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada. “María, hoy es feriado por la festividad religiosa de San Pedro y San Pablo. Muchos aprovecharon en viajar dentro y fuera del país, pues empalmaron con sábado y domingo. Eso está bien.
En estas fechas hay que aprovechar para pasar tiempo de calidad con la familia, en especial con los hijos. Los padres sabemos que los podemos gozar solo unos años.
Cuando llegan a la adolescencia, ya no quieren salir con nosotros y, llegada la universidad, prácticamente no paran en casa. Por eso, en estos viajes o si se quedan en casa, hay que salir a pasear aunque sea al parque, ver una película juntos, contar anécdotas y conversar más.
También hacer actividades, como jugar vóley, fulbito o juegos de mesa. Todo vale. El tiempo no se recupera. Una regla estricta es apagar y guardar los celulares en un cajón. Eso interfiere en las relaciones.
Todas las etapas son fundamentales, pero los psicólogos destacan que los primeros 7 años son críticos para construir el vínculo de apego seguro y la autoestima en los niños. En este periodo, ellos necesitan presencia constante y tiempo de juego diario. Luego será muy tarde.
Incluso, en la adolescencia es vital mantener los canales de comunicación abiertos. Aunque parezca que prefieren su espacio, el tiempo compartido en rutinas cotidianas (como cenar juntos o pasear) previene el aislamiento y conductas de riesgo.
Salidas al aire libre: Dedica un momento del fin de semana para ir al parque, pasear o andar en bicicleta.
Observa y escucha: Pregúntales qué opinan sobre algún tema. Escuchar fomenta su autoestima y confianza.
Actividades temáticas: Hagan manualidades rápidas, cocinen un postre sencillo juntos o armen un rompecabezas de a pocos.
Háblales con cariño: No todo son órdenes y reglas. Despiértalos con un beso, una caricia”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








