'Bad Blood', la serie de Netflix. (Netflix)
'Bad Blood', la serie de Netflix. (Netflix)

Mi amigo, el redactor ‘Barney’, llegó al restaurante por su lomito al jugo, una porción de arrocito blanco, ajicito molido y una jarra con agua de cebada.

“María, llegué temprano a la redacción y me encontré con el legendadrio redactor de policiales ‘El Sonámbulo’. Estaba preparando su clase magistral para los estudiantes de periodismo vía Zoom. ‘Barney, las mafias son un cáncer de la sociedad. No solo están metidas en la ‘prostitución clandestina’, trafican terrenos, extorsionan en el rubro de construcción civil, sicariato, sino se infiltran en los gobiernos regionales, como ‘Los Dinámicos del Centro’, que en Junín crecieron bajo el amparo del exgobernador condenado por corrupción, Vladimir Cerrón.

No solo se sobrevaluaba obras, sino que se dejaban inconclusas porque estas malas autoridades se apropiaban del presupuesto o se ponían a traficar con la entrega de licencias para transporte y entregaban brevetes ¡a choferes daltónicos!, como se vio en el reportaje de ‘Cuarto Poder’.

Justamente estuve viendo en Netflix una serie notable, sobre el poder de las mafias en Montreal, Ontario y Quebec, en Canada: ‘Bad blood’ (Mala sangre, 2017). Las mafias que operan en ese país son la italiana, que controla las construcciones de los grandes complejos, la cocaína y la heroína, droga con la que inundan los mercados de la costa noreste de Estados Unidos y Europa, con mafiosos como Vito Rizzuto. La serie justamente se inicia recreando la historia del clan italiano Rizzuto, cuyos miembros hicieron fortuna con la corrupción que generó la construcción de inmensos escenarios para los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976.

Extorsión, mafia sindical, prostitución y drogas enriquecieron a los Rizzuto. Sin embargo, en 1996 Vito Rizzuto, si bien es el capo más importante de la ciudad -y como Vito Corleone, tiene influencia en la Policía y el Ayuntamiento-, debe compartir territorios con otros grupos criminales, como la mafia haitiana, los motociclistas que dominan el mercado de la heroína y los irlandeses. Visionario, Vito logra un acuerdo para conformar una sociedad criminal bajo su mandato. Rizzuto aparentemente es un capo convencional: vive en una mansión con su esposa e hijo treintón y su anciano padre, pero tiene una atractiva y antigua amante cuarentona y una ‘trampita’ que es una hermosura veinteañera. Además, su ‘brazo derecho’ no es canadiense, sino que ‘adoptó’ al irlandés Declan Gardiner, personaje clave en la serie.

Declan es un asesino implacable con fidelidad canina a su jefe. Cuando los negocios de Vito andan ‘viento en popa’ y planea legalizarlos para poder llegar a viejo, un triple asesinato ocurrido en Nueva York en su juventud, donde tuvo una participación accidental, hace que lo extraditen a Estados Unidos y lo condenen a diez años de prisión. Todo el sindicato del crimen de Montreal sufrirá una conmoción con el arresto del jefe y más de una pandilla querrá aprovecharse del desarraigo de su reemplazante Declan para quitarle autoridad y sacarlo del medio. Una serie imperdible que se las recomiendo a mis alumnos de periodismo”.

Pucha, ese señor ‘Sonámbulo’ es un maestro. Me voy, cuídense.


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