
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomo al jugo con arroz graneado, rocotito y, para tomar, una manzanilla al tiempo. “María, ese delincuente juvenil apodado ‘Dominick’ no tiene ni 18 años, pero es un monstruo. La forma tan brutal en que mató a alias ‘Careca’, hace unos días en el Callao, demuestra su maldad. Le vació la cacerina cuando su víctima estaba dentro de su carro con su pareja. La mujer de milagro no murió.
‘Dominick’ es un viejo conocido de la Policía. Las autoridades señalan que comenzó a matar cuando solo tenía 16 años. Al mismo general de la Policía, Víctor Revoredo, le confesó que llevó las armas para el espectacular asalto de un cargamento de oro en la Costa Verde hace semanas. Y sin embargo, las autoridades judiciales le dieron libertad. No les importó su largo historial delictivo ni lo peligroso que es.
Ahora que confesó haber matado a ‘Careca’, según él, porque no le pagó un dinero que le había prometido, deberíamos tener la garantía de que se quedará encerrado, pero no es seguro porque nuestra justicia no actúa con una lógica decente”.
“Qué se puede hacer con un individuo como ‘Dominick’. Se trata de un irrecuperable y muy probablemente un psicópata que es un gravísimo peligro para la sociedad. Por personajes como este es que hace unos meses se planteó condenar como si fueran adultos a menores altamente peligrosos. Pero salieron a poner el grito en el cielo los ‘defensores de los derechos humanos y de los niños’. Parece que ignoran que existen menores de 18 años que son verdaderas bestias.
Dicen que pueden ser regenerados y que solo necesitan una oportunidad. A estos defensores de los criminales no les importan las víctimas. Si tanto creen que pueden cambiar, deberían acoger a estos angelitos en sus casas luego de que cumplan las condenas benignas que exigen para ellos. Que les den trabajo, que los hagan entrar a sus hogares. Ahí sí seguro que se niegan. Pues si es así, entonces que no vengan a exigir a los demás que hagan lo que ellos no están dispuestos a hacer”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








