Siguen las manifestaciones en Perú. (Foto: GEC).
Siguen las manifestaciones en Perú. (Foto: GEC).

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un escabeche de bonito con arrocito blanco al costado y, para tomar, una chicha morada fresquecita. “María, los infames continúan por parte de pequeños grupos, violentos y bien organizados, que están decididos a asfixiar al país. Puerto Maldonado está prácticamente incomunicado. Allí escasean los alimentos, medicinas y hasta el agua y cuando el Gobierno quiere llevar ayuda, solo puede hacerlo por aire. No hay otra forma.

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En Ica están destrozando las empresas agroexportadoras, bloquean carreteras y cobran cupos de miles de soles a los empresarios angustiados para mover sus productos para que no se les malogren. Los ataques a comisarías con piedra y fuego son diarios, igual que a numerosos locales estatales.

En Puno han quemado dos agencias de la Caja de Arequipa, empresa que ayer decidió cerrar todas sus oficinas en esa región para evitar más daños a los edificios y el riesgo de muerte de sus trabajadores. Los radicales no cejan en sus intentos de tomar aeropuertos utilizando una violencia irracional. La ONG Luz Ámbar informó que unos ochenta mil camiones de transporte de carga se encontraban varados en las carreteras de todo el país debido a los bloqueos. Hay gente que se muere en los caminos porque no los dejan pasar. Hasta cuándo se va a permitir que los violentistas paralicen a toda una nación.

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Millones de peruanos trabajadores sufren día a día por estos cortes en las vías. No puede ser que un país, que se precie de serlo, tenga que vivir secuestrado por extremistas que solo quieren conseguir su agenda, como la renuncia de y asamblea constituyente, sin que les importe el sufrimiento de los más pobres.

Fastidia también que salgan al unísono ‘indignados’ caviares y ‘cojudignos’ a rasgarse las vestiduras por el ingreso de la Policía a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para desalojar a los manifestantes que habían entrado sin el permiso de ninguna autoridad. Pero hasta ahí nomás les alcanza la indignación, porque no se escucha, por ejemplo, que condenen el secuestro, por parte de cientos de violentistas, de un policía de la comisaría de La Joya en Arequipa, al que de milagro salvaron la vida, pues los ‘manifestantes’ ya lo habían bañado con gasolina. ¡Querían quemarlo vivo, como hicieron con el héroe policial José Luis Soncco en Juliaca!

Tampoco veo en ninguna parte que condenen la quema de locales o el bloqueo asesino de carreteras. ¡Hasta cuándo van a seguir con su doble discurso! Buscan sembrar el caos, que los pobres sean más pobres, que las empresas cierren, mientras no paran con sus discursos de odio que enfrentan a peruanos contra peruanos. La gente que trabaja está harta de esta anarquía que se está instalando y que va a continuar mientras no se haga algo”. Gary tiene razón, me voy, cuídense.

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