Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una milanesa de pollo con arroz graneadito, rocotito, ensalada con vinagreta y, para tomar, un emoliente. “María, es triste el papel que viene haciendo José Balcázar como presidente del Perú. En lugar de trabajar por solucionar los problemas del país, está concentrado en la liberación del golpista Pedro Castillo.
¿Para eso los congresistas lo eligieron? El veterano izquierdista radical no puede desperdiciar el valioso tiempo de un jefe de Estado en buscar formas de sacarle la vuelta a la ley ni a tramar triquiñuelas para lograr sus objetivos políticos. En lugar de eso, debería, por ejemplo, y aprovechando que es un comunista igual que el gobierno venezolano —que sigue en el poder pese a la captura del dictador Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos—, lograr acuerdos con la presidenta encargada Delcy Rodríguez para que acepten de regreso a los criminales venezolanos que ocupan nuestras cárceles. Ese sería un golazo que todo el Perú le aplaudiría”.
“Nuestras cárceles están hacinadas y la mejor solución no es liberar a los presos, como el gobierno acaba de decidir. Aunque digan que los más peligrosos, como los asesinos, no saldrán. Balcázar debería ocuparse en mandar a los hampones venezolanos a su país. Que allá paguen sus condenas y que su gobierno se encargue de alimentarlos y vigilarlos. Bastante tenemos ya con los criminales peruanos como para ver por esos alrededor de cuatro mil llaneros presos.
Balcázar, como el radical que es, sigue consignas políticas sin importarle las consecuencias y la suya es sacar de Barbadillo a Castillo. Eso sería ilegal y provocaría más enfrentamientos entre peruanos. Si quiere al país, que haga acciones que beneficien a los peruanos y no que agudicen los odios. Hoy mismo debería coger el teléfono y comenzar a negociar con Rodríguez, lo que podría durar semanas y hasta meses, pero debería iniciar ya y dejar todo encaminado. Eso el Perú sí se lo reconocería”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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