
Este Búho percibe un buen ánimo en un gran sector de la población por la llegada de un nuevo gobierno al país. Se refleja cierto optimismo, pese a que gobernar el Perú es una verdadera ‘papa caliente’. Pero creo que si le va bien a Keiko Fujimori, le va a ir bien al Perú. Este columnista se pone a reflexionar en estas Fiestas Patrias sobre la llegada al poder de la hija de Alberto Fujimori, el ‘Chinito del tractor’ de los años 90. Son dos épocas muy diferentes.
El Perú de 1990 se iniciaba tras el desastroso primer gobierno de Alan García que se iba dejando una inflación de 7 mil por ciento y un país ‘inelegible’ ante los organismos financieros internacionales. El ‘inti’ valía menos que papel higiénico usado.
El candidato liberal del Fredemo, Mario Vargas Llosa, anunció en campaña que era necesario un ajuste económico, el llamado ‘shock’, pero tenía asegurado un millonario programa de ayuda social. Alberto Fujimori, el otro candidato, prometió que su gobierno no iba a hacer ningún ‘shock’. Pero era una tremenda mentira. Finalmente ganó la presidencia.
A los pocos días de instalarse en Palacio de Gobierno, el 8 de agosto de 1990, los hogares peruanos fueron testigos del anuncio del ‘Fujishock’, por boca de su ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado Miller. Al día siguiente todos los productos de la canasta familiar se elevaron estratosféricamente, así como el precio de los combustibles, sosteniendo que era necesario para resolver la profunda crisis económica en la que estaba sumergido el Perú, pero irresponsablemente no tenían ningún plan de contingencia social como sí lo tenía previsto Vargas Llosa.
Este no era un simple ‘paquetazo’ como el de Alan García en 1988. “(…) Es así que la lata de leche evaporada que hoy costaba en la calle 120 mil intis, costará a partir de mañana 330 mil intis. El kilo de azúcar blanca que solo se conseguía a 150 mil intis, costará a partir de mañana 300 mil intis. El pan francés que esta tarde costaba 9 mil intis, costará a partir de mañana 25 mil intis, el galón de gasolina de 84 octanos se elevó 32.1 veces y la de 95 octanos 26.8 veces, un aumento de entre 2 mil 600 y el 3 mil 200 por ciento. El kerosene 32 veces y el gas 27.3 veces (…) Que Dios nos ayude”, finalizó en aquella oportunidad Hurtado Miller.
Recuerdo que el anuncio del ‘Fujishock’ lo escuché con mis amigos de la universidad. Solo nos quedó brindar con amargura en esa noche nebulosa. Me quité de madrugada y felizmente el taxista no sabía del mensaje y me cobró normal. Pero al día siguiente los pasajes habían subido diez veces más. El menú había subido cinco veces más. Si costaba cinco ahora valía 25.
Recuerdo que ya hacía mis prácticas en un diario y ese día mandaron comprar panes y jamonada, plátanos y chicha de sobre. Y los días siguientes la señora que hacía la limpieza se transformó en cocinera y preparaba el almuerzo en unos ollones comunes para todo el personal de la redacción. Y pensar que los primeros meses mandaban a comprar todas las noches veinte pollos a la brasa en el ‘Dallas’ de San Isidro para los que se quedaban al cierre de la edición.
Con una amiga pasamos por Wong de Dos de Mayo y militares estaban en el techo con metralletas esperando repeler algún intento de saqueo. ‘Amigo, tengo miedo de que mi hijo nazca en este país, en esta situación terrible’, me decía mi coleguita a punto de llorar. ‘Mira, acá tengo cincuenta soles con los que ayer podíamos darnos unos gustitos; ahora solo alcanza para un menú y el pasaje. ¡¡Cómo vamos a vivir así!! Caminábamos pensativos y vimos un bonito local que decía ‘jarra de cerveza a 10 soles’. ‘Mira, ese señor está vendiendo con precio antiguo. ‘Pasen -nos dijo-, no soy abusivo, esta cerveza la compré con el precio anterior y no la voy a subir, la gente está demasiado golpeada’.
Me dieron ganas de besarle la mano y mi amiga pidió una jarra y después otra y otra, desahogándonos, riéndonos, olvidándonos por un momento de esa nube negra que se cernía sobre el país. En realidad los peruanos debimos ser de una raza distinta para soportar ese mazazo a las precarias economías familiares y la insania terrorista de Sendero Luminoso. Apago el televisor.
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