El jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), Piero Corvetto, se presentó en la Comisión de Fiscalización, del Congreso. Fotos: Joel Alonzo/ @photo.gec
El jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), Piero Corvetto, se presentó en la Comisión de Fiscalización, del Congreso. Fotos: Joel Alonzo/ @photo.gec

Este Búho habrá nacido de noche, pero no anoche, y no puede evitar preocuparse porque las elecciones se han visto manchadas de manera irreparable por culpa del muy discutido Piero Corvetto. A propósito, el cinismo de este personaje para el olvido es enorme, pues en su presentación ante el Congreso no asumió su responsabilidad directa por la penosa jornada electoral del domingo. En lugar de mostrar humildad y vergüenza por el desastre que provocó, se daba aires de ofendido y trataba de minimizar lo ocurrido.

Una persona así no puede estar al frente de un organismo electoral clave y menos cuando se viene la segunda vuelta. Está claro que Rafael López Aliaga, quien disputa voto a voto su pase a la segunda vuelta, es el más perjudicado con todo lo que pasó en la capital, pues mucha gente que pensaba darle su apoyo no pudo hacerlo. Lima es el bastión de Renovación Popular, así como Puno, Cusco y otras regiones del sur lo son de Roberto Sánchez.

Este ‘error puntual’, como dice con frescura Corvetto, podría costarle la elección a ‘Porky’, con lo que se estaría torciendo la voluntad popular. Pero en estas difíciles circunstancias es cuando el país necesita más calma y serenidad, lo que no significa quedarse callado ni dejar de reclamar o denunciar. Se debe hacer con inteligencia y teniendo en cuenta que es importante no polarizar más al país, que está partido. Al ver el mapa electoral tras la primera vuelta, se reconfirma que en el sur del Perú muchos se sienten marginados. Por eso votan con rabia y eligen candidatos cuyas propuestas peligrosas lo único que pueden traer son más pobreza, caos y violencia.

Sienten que no tienen nada que cuidar o preservar, pues no reciben ningún beneficio. Nada del crecimiento les ‘chorrea’. Se entiende el voto de protesta de esos peruanos que sobreviven de manera precaria, sin oportunidades. No nos puede sorprender entonces que presten oídos a radicales, asesinos, aventureros, sinvergüenzas y ladrones que les dicen todo lo que quieren oír para que les den sus votos que los lleven al poder.

El problema es que con pésimos gobiernos la situación del país empeora y quienes sufren más las consecuencias son precisamente los más pobres. Ya lo vivimos con Pedro Castillo y Dina Boluarte estos últimos años. Por eso, decía que hoy más que nunca es importante no atizar los odios ni resentimientos. Toca trabajar para reconciliar al país.

Lo repito, el Perú necesita calma para atraer inversiones y no espantarlas, pues estas generan empleo formal que reconoce derechos laborales y paga impuestos. El próximo gobernante, hombre o mujer, debe empeñarse en atraer esos cientos y miles de millones de dólares que mejoren la calidad de vida de los peruanos.

El Estado también debe velar de manera celosa para que se respeten los derechos laborales y haya una mejor distribución de la riqueza. Pero nada bueno se construye con propuestas flamígeras que prometen romper contratos y adueñarse de lo ajeno con el pretexto de que debe ser para los pobres. Puede sonar muy bien y emocionar a muchos, pero a la larga esas acciones solo traen grandes penurias.

Solo basta mirar los ejemplos de Bolivia o Venezuela, sin ir muy lejos, para darse cuenta de los resultados. Ocho millones de venezolanos han huido de la miseria, la falta de libertades y la violación de derechos de su país, otrora rico por su petróleo. Pero para lograr inversiones y un país más seguro y en paz, es imprescindible enfrentar y derrotar a las mafias delincuenciales con todas las armas que tiene el Estado.

No necesitamos un gobierno que sea aliado de organizaciones criminales, como la sanguinaria minería ilegal, porque obviamente no enfrentará a la delincuencia. Ya es hora de comenzar a reconciliar al país e impulsar la economía. Apago el televisor.

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