Este Búho observa cómo el , la ‘capital arqueológica de América’, languidece por los bloqueos de carreteras, líneas de tren y los intentos violentos de ‘tomar’ el aeropuerto Velasco Astete. Antes, llegaban tres mil turistas diariamente a la ciudad y hoy no llegan ni cien. La Plaza de Armas parece un pueblo fantasma. Los pobladores lo sufren. Más de la mitad de los empleos en la ciudad están directa o indirectamente ligados al turismo.

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Hace unos meses los cusqueños reían de felicidad, porque llegó la actriz mexicana Kate del Castillo con todo su equipo para filmar ‘La reina del sur 3′ en Machu Picchu y en el centro de la ciudad. Cuando se estrenó por todo el mundo en la plataforma Netflix, se frotaban las manos. Qué mejor vitrina para incentivar el turismo. Pero todo se vino abajo.

TROME: Policías heridos en protestas en Lima. (Canal N)
TROME: Policías heridos en protestas en Lima. (Canal N)

Este columnista tiene grandes recuerdos de sus viajes a esa hermosa ciudad, en tiempos mejores. Mi primera experiencia fue en 1980. Fue con mi pata Juan ‘Joao’ Salvatierra, un viaje alucinante. Éramos cachimbos sanmarquinos, pero ‘Joao’ tenía experiencia viajera, porque había estado en Brasil, donde llegó ‘tirando dedo’. Llegamos a Arequipa en bus. Y allí, a las diez de la noche, tomamos el alucinante tren Arequipa-Juliaca-Sicuani-Cusco. Un viaje donde las temperaturas llegaban varios grados bajo cero en la madrugada y las lunas se ponían hielo. Pero de día degustamos el carnero al palo en Ayaviri y el paisaje era hermoso.

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En Cusco bajábamos a los ‘huecos’ hippies de la calle Procuradores y nos alojamos en un hotel ‘media estrella’ de diez lucas para mochileros, donde las pulgas bailaban huainos. En las noches demolíamos la mítica discoteca de moda de la época, la ‘ácida’ y hippie Abraxas o discotecas ‘new wave’ como Las Quenas o El Muqui, que en ese tiempo daban la hora, porque se llenaban de turistas extranjeras.

No había, como ahora, restaurantes cinco tenedores ni hoteles cinco estrellas como Monasterio, que cuestan más de mil dólares la suite. Gracias al ‘floro’ de Joao, conocimos a unas australianas hermosas en El Muqui. Ellas ya tenían todo planificado. Nos llevaron a Pisac, a Ollantaytambo y con ellas subimos a. Al bajar del tren, en el pueblo, tomamos el ‘camino inca’, sorteando culebras y vizcachas.

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Las gringas alucinaban que éramos Indiana Jones y cada vez que nos deteníamos a descansar en un recodo, nos prodigábamos ‘caricias mutuas’, como la canción de José José. Cuando llegamos a la ciudadela nos quedamos con la boca abierta. Construida por el inca Pachacútec, Machu Picchu no era una ciudad, sino un centro ceremonial donde habitaban sacerdotes y servidores que cuidaban la fortaleza cuando el inca no la visitaba. Por eso, cuando el estadounidense Hiram Bingham desenterró el monumento, encontró miles de piezas arqueológicas, entre ellas objetos ceremoniales y funerarios, que se llevó a la Universidad de Yale y felizmente ya están nuevamente en el Cusco.

El público por fin tuvo una visión científica del origen de esta maravilla del mundo. Pues el desconocimiento, la ignorancia y hasta la malvada intencionalidad de menospreciar a nuestros ancestros lanzaron teorías alucinantes sobre su construcción. Se dijo que era imposible trasladar esos gigantescos bloques de piedra hasta la cima, porque los incas no conocían la rueda. Y lanzaron la delirante tesis de que ‘fueron los extraterrestres’ quienes erigieron la ciudadela. Lo mismo afirmaron de las pirámides de Egipto.

Hoy se sabe que el sueño de Pachacútec se construyó en una meseta, donde había una cantera de piedras batolito de Vilcabamba. De allí sacaban las rocas para la construcción y se edificó de arriba hacia abajo. Hicieron dos complejos, el sagrado, dividido por una muralla; y el mundano, en una réplica de la propia ciudad del Cusco.

Lo cierto es que Machu Picchu está considerada como una de las siete maravillas del mundo moderno. Qué pena que por la violencia irracional miles de turistas se queden sin conocerla. Apago el televisor.

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