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Este Búho escribe indignado. Mientras la presidenta Dina Boluarte pone un holograma en Palacio para que sea ‘vocero’ del gobierno, estrategia para no responder a la prensa sobre sus cirugías, aretes y los Rolex, el país se desangra víctima de una ola sanguinaria delincuencial. Hemos llegado a niveles nunca antes vistos. Malditos extorsionadores se atreven a disparar a la fachada de un colegio en Trujillo exigiéndole cupos de más de cincuenta mil soles. La población está desprotegida ante las mafias criminales. La Fiscalía sigue en su ‘guerrita’, en su lucha de bandos.

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Extorsionan a directora de colegio
Extorsionan a directora de colegio

Pese a que tengo más de tres décadas ‘corriendo la cancha’ en este oficio, no deja de sorprenderme la forma como la violencia nos tiene acorralados. Estamos rodeados de psicópatas y asesinos que, sin ningún remordimiento, son capaces de disparar por la espalda a una mujer indefensa. Incluso, el criminal dijo que había utilizado un dron para hacerle seguimiento a su víctima y que un hombre le pagó 300 dólares por el ‘trabajo’.

Hace poco, en el Callao, en plena avenida Sáenz Peña, la más céntrica del primer puerto, un pistolero baleó a dos mujeres. La Policía investiga si los atacantes son prestamistas colombianos que extorsionan a las personas a las que les dan plata y luego las coaccionan para que les paguen más ‘intereses’.

Nuestra sociedad está enferma. Me hace recordar la época más terrible de Colombia, sacudida por los ataques de los narcos. Ingreso al ‘túnel del tiempo’. Diciembre del 2013. Viajé a Medellín, tierra de las chicas más hermosas de Sudamérica. Capital de la moda. Cuna del ilustre pintor y escultor Fernando Botero. Inspiración del cantante Juanes. Origen del aguardiente antioqueño, de la bandeja paisa. Entre tanta belleza, me costó creer que en esta urbe tan moderna y de pobladores amables haya fecundado una de las mentes más siniestras del último siglo, la de Pablo Escobar, el ‘Patrón’, como lo llamaban sus fieles sicarios.

Líder del sanguinario cártel de Medellín, que —entre sus miles de crímenes— asesinó al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, al candidato presidencial Luis Carlos Galán, al director del diario ‘El Espectador’, Guillermo Cano, e hizo estallar un avión de Avianca en el que murieron 107 pasajeros. La guerra que inició Escobar contra el Estado dejó una cifra de cincuenta mil muertos, desde el año 84 al 93. Además, le cambió la cara a Colombia, país que pasó de ser conocido como ‘la tierra del café’ a convertirse en ‘la tierra de la coca’. Mucho se ha escrito y producido sobre él: libros, revistas, series, películas.

Dice la leyenda urbana que viajaba al carnaval de Río de Janeiro con dos millones de dólares para divertirse. ¡Total!, llegó a estar en la lista de los hombres más ricos del mundo, según la revista ‘Forbes’. Pero hoy está bajo tierra, sin más fortuna que su fama de criminal, como terminan siempre los de esa calaña. Jhon Jairo Velásquez, ‘Popeye’, un sicario de su círculo más íntimo, no tenía reparos en decir que era un bandido y describía a sangre fría cada uno de sus asesinatos, como aquella vez cuando tuvo que deshacerse de la mujer a quien más amó a pedido de su jefe.

Al prontuariado ‘Popeye’ se le atribuyen 250 asesinatos y organizar la muerte de tres mil personas. Además, de ser cabeza de diversos atentados y secuestros por orden de su ‘Patrón’. Antes de morir advirtió que Perú estaba a un paso de convertirse en la Colombia de Pablo Escobar, donde se traficaba, se asesinaba y secuestraba en complicidad con las autoridades. Estamos en un total desgobierno. El pueblo lo sufre. Apago el televisor.

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