
Pequeños hábitos cotidianos pueden estar elevando tu nivel de azúcar en la sangre sin que lo notes, incluso si crees llevar una vida saludable. Desde saltarte comidas hasta dormir mal, ciertas rutinas aparentemente inofensivas pueden alterar la glucosa y aumentar el riesgo de desarrollar problemas metabólicos a largo plazo, como la resistencia a la insulina y la diabetes.
Uno de los errores más comunes es consumir bebidas ‘light’ en exceso, ya que pueden estimular el apetito y favorecer picos de glucosa de forma indirecta. A esto se suma la ingesta frecuente de jugos o extractos de fruta, así como de productos que aparentan ser saludables, como granolas endulzadas o yogures con azúcar añadida.

“La gente suele enfocarse solo en los azúcares visibles, en postres o dulces, pero hay conductas diarias que impactan igual o más”, explica la endocrinóloga Rosaura Pérez.
“Saltarse el desayuno, dormir menos de seis horas o vivir bajo estrés constante puede elevar la glucosa incluso en personas sanas”, advierte. Para mantener niveles estables, Pérez recomienda dar prioridad al descanso, moverse con regularidad y evitar largos periodos de ayuno.
Identificar y corregir estos hábitos ocultos es clave para prevenir enfermedades crónicas.
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