Llegó, cantó y quedó entre los semifinalistas. El argentino Luis Ángel Reddel (64) dejó huella en el concurso ‘La Voz Senior’. Tanto así que le cambió la vida. Abandonó las calles, donde vendía golosinas y café como ambulante en el alto de un semáforo, en Comas, para saltar a los escenarios con su fuerte y maravillosa voz. Esta es su historia, este es su presente.
Muy contento y muy feliz por la gran experiencia.
Sigo siendo el mismo, pero participar en ‘La Voz Senior’ cambió mi vida para siempre.
Para empezar ya no trabajo en los semáforos. Trabajar en la calle no es fácil, tienes que soportar el frío o los fuertes rayos del sol.
Gracias a Dios he tenido algunas presentaciones en restaurantes, fiestas privadas, incluso en reuniones de empresas.
En Perú yo me siento como en casa porque me llenan con su amor. La gente me llena de cariño siempre.
Soy cristiano desde 1987, llegué con mi esposa y un propósito. Vinimos en representación de la iglesia cristiana, ya que se iba a levantar una sede aquí. A los días, salió la noticia de la pandemia y el proyecto se truncó. La única salida que vimos para sobrevivir fue salir a las calles a vender.
Nos hicimos amigos de la gente que trabajaba cerca y ellos me decían: “¿Por qué no se presenta en ‘Yo soy’?”, pero yo solo sabía tres canciones de Nino Bravo, hasta que apareció la oportunidad de ‘La Voz Senior’ y ahí fui.
Al inicio cantaba como aficionado, después lo tomé como profesión y canté en hoteles, restaurantes y hasta en la calle.
Se emociona cuando lo hago y hasta llora. A Sandrita la conocí en Venezuela. Me contrataron para cantar en un evento y vi a una chica que seguía todos los tangos. Se sabía todo, eso me enamoró, además es muy alegre y chistosa.
De Perú nadie me mueve. Me voy a nacionalizar peruano, me siento uno más de aquí. La gente peruana es un amor y trabaja mucho.
Los asados de los viernes y a mi familia.
A mis hermanos y mis cuatro hijos.
Sí, era tenor, de él heredé el gusto por la música. Mi padre me golpeaba de niño; sin embargo, yo lo perdoné y sería bonito que esté vivo para que me escuche.
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