
Cuando pensamos en ‘dar la vuelta a la tortilla’, la referencia no suele ser a huevos batidos que freímos en una sartén, sino más bien a una idea surgida, como metáfora, a partir de la semejanza con el hecho de voltear lo que ya está cocinado por un lado.
La frase viene de España, del acto físico de que cuando se fríe una tortilla la parte inferior está cocida y la superior sigue cruda, y el cocinero hace un movimiento rápido para girarla por completo en el aire, y que lo que estaba abajo quede arriba.
‘Dar la vuelta a la tortilla’ es cambiar por completo una situación adversa, un estado de cosas o una relación de fuerzas que va mal para que pase a ser favorable.
Es darle un giro radical a un problema o conflicto, de tal manera que de eventual derrota se pase a triunfar. Aunque también puede ser al revés, cuando otro, que estaba en problemas, nos ‘voltea la tortilla’ y acabamos perdiendo.
En general, ‘dar la vuelta a la tortilla’ describe los cambios bruscos de la suerte, de la política, de las relaciones y de los resultados de una competencia deportiva (como ‘voltear’ el resultado de un partido de fútbol que se perdía), hasta de la vida.
Se trata de un giro radical a un problema o conflicto, incluso en una conversación en la que, con un argumento demoledor, se demuestra que el oponente no tenía la razón.
DATITO
A lo largo del siglo XIX, la literatura popular y el teatro en España comenzaron a usar la acción cotidiana de voltear una tortilla con la sartén como una metáfora perfecta para describir los cambios bruscos de la suerte, de la política o de las relaciones de poder. Y ‘darle la vuelta a la tortilla’ se extendió por toda América Latina, donde ‘voltear la arepa’ es una variante que en Colombia y Venezuela se usa con el mismo significado.
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