
Al conmemorar este 1 de mayo el Día Internacional del Trabajo, cabe preguntarnos cómo se trabajaba durante el Imperio de los incas, la monarquía teocrática y absoluta que rigió los destinos del antiguo Perú entre los siglos XV y XVI, hasta la conquista por los españoles.
El trabajo en el Imperio de los incas era obligatorio, comunitario y basado en la reciprocidad y la redistribución.
Era obligatorio porque todos los aptos debían trabajar.
“En el Incanato, todos trabajaban: niños y ancianos, en labores adecuadas; mujeres y varones adultos, en toda clase de industrias y empresas, porque los ejércitos también construyeron calzadas, puentes, caminos y acequias. Solo consumían, sin trabajar en obras productivas, los religiosos profesos y los enfermos”, refiere el sociólogo Hildebrando Castro Pozo.
Es decir, el trabajo era equitativo, con tareas asignadas según la edad y la capacidad física de las personas.
Trabajar también era por especialización, según los conocimientos y la experiencia, de tal manera que unos eran agricultores y otros artesanos en textiles, cerámica y orfebrería. También había chasquis (mensajeros), pastores, militares y sacerdotes.
La actividad más importante fue la agricultura, para alimentar a la población, y desde la niñez se aprendía a trabajar la tierra.

Datito
Sin uso de dinero, el trabajo —centrado principalmente en agricultura, ganadería y construcción— se organizaba en tres sistemas principales supervisados por la autoridad: ayni (ayuda mutua entre familias con el ‘hoy por ti, mañana por mí’), minka (trabajo comunitario para el ayllu o toda la comunidad, como canales de riego) y mita (turnos obligatorios de trabajo para el Estado en caminos, templos, minas y fortalezas).










