Gritos, humillaciones y golpes dejan huellas imborrables en los niños. Foto: Istock.
Gritos, humillaciones y golpes dejan huellas imborrables en los niños. Foto: Istock.

Se entiende que la manera de disciplinar a un hijo no debería ser con violencia, ya que, mediante ese mecanismo, el niño —si bien cambia el mal comportamiento— lo hará no porque haya aprendido la lección, sino por miedo.

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La psicóloga Katherine Barahona, directora de CFP Salud Mental, afirma que la violencia física y psicológica nunca será la forma correcta de educar, ya que deja secuelas en los niños como baja autoestima, agresividad, inseguridad y dificultades para relacionarse con los demás.

Incluso, estas consecuencias pueden extenderse hasta la adultez y manifestarse en problemas para manejar las emociones, así como en ansiedad y depresión. “También hay posibilidades de que repitan los patrones a lo largo de su vida”, advierte.

¿CÓMO ACTUAR?

Lo ideal para los padres es tomarse un tiempo para calmarse antes de corregirlo. “Nunca lo hagan mientras están molestos o desbordados emocionalmente, es un grave error”, sostiene Barahona.

Espera a tranquilizarte y explícale por qué estuvo mal lo que hizo. Recuerda moderar tus emociones y comunicarte con respeto, guiando a través del aprendizaje, no del miedo. También aplica consecuencias que tengan relación con el acto, como limpiar lo que ensució.

DATITO

Enséñale a tu hijo por qué su comportamiento no fue adecuado y cuáles son las consecuencias. Así podrá reconocer su error y no repetirlo.

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