Silencioso y resistente, el hígado trabaja todos los días como el gran laboratorio del cuerpo. Recibe los nutrientes, los transforma en energía, produce proteínas y limpia la sangre de sustancias tóxicas. El problema es que puede dañarse con el tiempo sin dar señales evidentes.
“El hígado cumple funciones vitales y muchas de sus enfermedades no presentan síntomas al inicio”, explica la gastroenteróloga Kriss Rodríguez, presidenta de la Asociación Peruana para el Estudio del Hígado.
Actualmente, la afección más frecuente es el hígado graso, estrechamente relacionado con la obesidad y la diabetes, que con el tiempo puede convertirse en cirrosis.
El consumo excesivo de alcohol es otro factor clave. También alerta sobre la automedicación o uso indiscriminado de medicamentos, y tomar bebidas con hierbas en exceso. “Que algo sea natural no significa que sea seguro; muchas plantas pueden inflamar el hígado”, advierte.
Las señales de alerta suelen aparecer cuando el hígado ya está dañado. “Cansancio intenso, color amarillo en ojos o piel, vómitos o aumento del abdomen indican daño avanzado”, refiere. Sin embargo, no todo diagnóstico es definitivo. Enfermedades frecuentes como el hígado graso pueden revertirse. “No existen pastillas milagrosas, pero bajando de peso, haciendo ejercicio y evitando el alcohol, el hígado puede recuperarse”, afirma.
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