El estrés canino suele manifestarse a través de jadeos constantes, hiperactividad, lamido compulsivo, llantos o cambios repentinos en el apetito. Foto: composición/Istock
El estrés canino suele manifestarse a través de jadeos constantes, hiperactividad, lamido compulsivo, llantos o cambios repentinos en el apetito. Foto: composición/Istock

El estrés no siempre termina cuando desaparece aquello que lo provocó. En perros y gatos puede mantenerse durante semanas o meses, afectar su conducta y dañar su salud. A esto se le conoce como estrés crónico, y suele confundirse con una mala costumbre o con su forma de ser.

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La soledad, los cambios de rutina, los ruidos intensos, la falta de ejercicio o un ambiente tenso pueden mantenerlos en alerta.

Con el tiempo aparecen señales como pérdida de apetito, lamido excesivo, caída de pelo, irritabilidad, problemas digestivos, alteraciones urinarias o aislamiento.

No basta con corregir la conducta. Primero hay que descubrir qué está causando el malestar.

Una de las señales de estrés crónico en tu perro es la irritabilidad, un comportamiento que muchas veces se confunde con mala conducta. Foto: Istock.
Una de las señales de estrés crónico en tu perro es la irritabilidad, un comportamiento que muchas veces se confunde con mala conducta. Foto: Istock.

Una rutina estable, paseos, juegos, descanso y un espacio seguro pueden ayudarlos.

También es importante acudir al veterinario para descartar enfermedades.

Una mascota puede tener comida, agua y vacunas, pero seguir sintiéndose mal.

Proteger su tranquilidad también cuida su cuerpo y mejora su calidad de vida.

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