Recibir un diagnóstico de cáncer de mama provoca un fuerte impacto emocional inicial de conmoción, incredulidad, miedo y angustia. Permítete sentir y evita la culpa. Foto: composición/Istock
Recibir un diagnóstico de cáncer de mama provoca un fuerte impacto emocional inicial de conmoción, incredulidad, miedo y angustia. Permítete sentir y evita la culpa. Foto: composición/Istock

Octubre nos recuerda la importancia de la prevención y sensibilización frente al cáncer de mama. Pero detrás de cada diagnóstico existe también una experiencia emocional que muchas veces permanece invisible.

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Recibir una noticia que amenaza nuestra salud puede despertar miedo, rabia, incertidumbre, tristeza e incluso una sensación de pérdida de control sobre la propia vida. Sin embargo, todavía existe una enorme presión por mostrarse fuerte, mantener una actitud positiva y tranquilizar a quienes están alrededor.

Acompañar psicológicamente una enfermedad no significa exigir optimismo. Significa permitir que la persona pueda expresar lo que siente sin tener que proteger emocionalmente a los demás. Habrá días de esperanza y otros de cansancio, y ambos forman parte del proceso y merecen ser transitados sin culpa.

El apoyo familiar, social y psicológico puede convertirse en un recurso fundamental durante el tratamiento y la recuperación.

Cuidar el cuerpo es indispensable. Pero cuando la vida tiembla, también necesitamos un lugar seguro donde cuidar aquello que ocurre por dentro.

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