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Rebeca Escribens: El bullying que sufrió, su embarazo a los 16, el ataque en Canal 2, la dolorosa muerte de sus padres y más

La conductora se sincera en ‘Café con la Chevez’ y revela detalles inéditos de su historia personal, sus momentos más difíciles y las decisiones que tomó para salir adelante.
Rebeca Escribens en 'Café con la Chevez'. Foto: @Photo.Gec

Tras la reciente entrevista a , quien habló sin filtros sobre su paso por ‘Combate’, los excesos, el dinero, los esteroides y distintos episodios de su vida personal, ‘Café con la Chevez’ presenta una nueva conversación llena de confesiones y recuerdos. Esta vez, la invitada es Rebeca Escribens.

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La conductora y actriz recuerda momentos difíciles de su infancia, cuando sufrió bullying por su apariencia y llegó a sentirse muy insegura. También cuenta un doloroso episodio que vivió en Canal 2, donde fue atacada mientras jugaba con unos perritos.

Rebeca habla de su embarazo a los 16 años, cuando todavía estudiaba en un colegio de monjas. Recuerda cómo fue retirada del anuario escolar y cómo no le permitieron participar de su graduación, además de los trabajos que realizó para salir adelante y criar a su hijo.

En la entrevista, Escribens se quiebra al recordar a su padre y la enfermedad que terminó con su vida. También revela una de las decisiones más difíciles que llegó a pedirle a Dios y cuenta detalles de su primer libro, ‘El derecho de renacer’.

Póngase cómodo, que el café está servido...

Una infancia marcada por las inseguridades y el bullying

Te he estado correteando, pero por fin se dio

Pero yo te dije cuando empezamos en ‘América Hoy’: “Te prometo que voy, no te digo cuándo, pero yo llego”.

Qué bien, qué gusto me da tenerte aquí y qué gusto saber cómo has evolucionado, desde que yo te conozco cuando estabas concursando en La Paquita y ahora con tu primer libro…

Es un diario abierto, a corazón abierto, ‘El derecho de renacer’.

Conocí a una Rebeca que de niña pasó bullying, una niña que era más rellenita, que tenía sus dientes más grandes y a la que le decían ‘Conejo Gordo’.

‘Conejo Gordo’, imagínate los fregados estos de los chicos y era una niña que se sentía muy insegura, que dudaba de sí misma a cada rato y que de hecho fue su talón de Aquiles por años. Era muy sensible, por cualquier cosita que me pasaba, me derrumbaba con mucha facilidad…

Sí, porque leí una parte que te decían algo, llorabas y corrías a los brazos de tu mamá, tu fortaleza.

Mi todo, mi madre era la que me sostenía. Mi papá no, porque en ese entonces no tenía las relaciones que tuve después, era el cuco, para mí era el cuco…

Cuando he leído, hay una parte en que tú escuchabas a tu papá y te escondías

Cuando él llegaba, yo sentía el motor de la camioneta que estaba llegando y en 5 minutos, si no era menos, me bañaba, me cambiaba, ordenaba todo, me metía a la cama y me hacía la dormida. De verdad yo le tenía terror a mi papá…

¿Por qué eso? ¿Era demasiado respeto?

Mi papá era de la vieja guardia. No era del tipo de papá que no te iba a decir nunca “te quiero” o, si lo decía, no lo recuerdo. Sí te abrazaba, pero era muy seco. Además, mi padre creció sin papá. Entonces yo con los años aprendí a no juzgar, porque tú no puedes pedirle a alguien que te enseñe inglés cuando no sabe ni hablar ni sabe decir hello. Entonces confundíamos, pues éramos niñas y no entendíamos que su forma de amar, por ejemplo, era trabajar duro para pagarnos el colegio y nuestras necesidades, sostener el hogar…

Mientras mamá cuidaba a las nenas

Mi mamá, ama de casa al 200%. Mamá en casa, papá trabajando…

Como muchas familias nuestras, contemporáneas que han sido así, mamá dejó de trabajar para cuidar a los hijos

Así es. Es la que iba al colegio, la que estaba en las actuaciones. Es la que corría al colegio, la que nos recogía, la que hacía el almuerzo. En fin, esa es mi generación. Creo que pocas familias, por no decir ninguna, se pueden dar ese lujo, además de que ya culturalmente las mujeres han evolucionado en otras cosas.

Está mucho más empoderada. La mujer sale, hace mil cosas y está casi a la par. Tampoco diríamos que está a la par, porque hay cosas que hacemos nosotras y cosas que ellos no hacen…

Las mujeres tenemos siempre doble ritmo. El de la calle y el de la casa. Bueno fuera llegar a la casa a descansar, en la casa se trabaja el triple.

Y a lo largo del desarrollo de tu infancia has pasado por momentos picos y siempre habías sido una niña retraída, y es increíble, porque ahora eres un huracán prácticamente.

Qué locura, ¿no? Era un torbellino con mi hermana, con mis primas, con mis amigas en el colegio o donde escuchaba música, pero delante del ojo ajeno, y a eso incluyo a la familia. Mi mamá una vez me dice: “Te voy a llevar a un casting. Me acuerdo que era el comercial de Chomp, donde estaba mi querida amiga, ya se me olvidó el nombre. La menopausia me está arrasando. Milene, Milene Vázquez, ella sale, yo hice el casting con ella. La eligieron a ella, obviamente.

La gitanilla era..

La gitanilla, claro. Yo hacía todo el movimiento, perfecto, sola. Llegué y sabría Dios, pues yo me chupaba, me chupaba.

En ese momento la cámara te apagó

Sí, no sé qué me pasaba. Yo era muy hijita de mamá. O sea, mi mamita, mi mamita al costado siempre. Me sentía muy frágil yo. Cuando vuelvo al libro, me siento y me vuelvo muy frágil.

Sí, tiene mucho de tu esencia, de adentro, de cosas que no sabíamos realmente

Y no sé por qué lo publiqué. Bueno, sí sé por qué lo publiqué. Mi hermana me impulsó a eso; es un diario abierto y cuando murió mi papá hace 4 años, claro, me volví a derrumbar, porque mi primer derrumbe fue con mi mamá hace 26 años y yo necesitaba un tiempo para mí y siempre me ha gustado escribir poemas, canciones, escritos, pensamientos, lo que fuera. Tengo esos táperes gigantes, porque no puedo hablar de baúl. Tapers gigantes llenos de diarios. Tengo muchos escritos que me gustaría publicar ahora sí a conciencia, porque entendí que todos cargamos mochilas.

Sí, claro, te aligera completamente

Sí. Mi primera misión con ese libro fue sanar o al menos enrumbarme. Creo que nos falta vida para poder sanar. Siempre va a pasar algo. Lo que pasa es que con la edad y con el tránsito, tenemos mayores herramientas. Para mí el arte es terapia pura y escribir aún más. Yo quería sanarme. Entonces mi hermana me ayudó a construir y claro, Mafer y todo el grupo.

Rebeca Escribens en 'Café con la Chevez'. Foto: @Photo.Gec

El recuerdo del atentado que vivió en el Canal 2

Qué bonito que tengan recuerdos de esa época. ¿Y ahí empiezas tú también a conocer la televisión, a encantarte más

Mira, no sé si lo tenía claro, lo único que sí sabía era que me encantaba lo que hacía en ese momento. No sabía a dónde iba a llegar ni para qué me iba a servir, pero después del concurso de la Paquita. Sí hubo un taller, que duró casi 4 años. Faltó que nos dieran el diploma de verdad. Yo llegaba desde segundo de media, todos los días, comía rápido y me iba volando. Cogía la San Germán, que me llevaba todo Faucett, la Marina hasta San Felipe y hasta las 8 o 9 de la noche talleres de canto, baile, expresión corporal, dicción, todo teníamos con el gran Alfonso Silva Santisteban, Maritza Gutti, que en paz descanse, era su esposa, Roberto Ángeles. Teníamos profesores de primera, hasta que estalló la bomba en el 92. Creo que fue en junio, terrible. Yo la noche anterior me había quedado practicando la obra que íbamos a mostrar al día siguiente, había salido del Canal a las 9 de la noche para tomar mi micro y llegar y al día siguiente. Llego al colegio y me dicen: “Rebeca qué ha pasado?”. ¿Qué ha pasado? El canal ha estallado. Yo me puse a llorar, porque había estado jugando incluso con los perritos que estaban ahí. Conocíamos al señor que nos abría la puerta, porque murieron dos o tres personas, si fueron más no lo recuerdo, los dos perritos que acompañaban, con los que jugamos las paquitas. Eso fue muy doloroso para mí, pero tanto creían en nosotros que nos alquilaron un colegio y ahí continuamos los talleres.

Imagínate si hubieran ensayado el mismo día.

Sí, porque la bomba fue cerca de la medianoche.

El elenco de Carlos Álvarez en ese momento estaba ahí.

Nos metíamos al set cuando grababa Carlos Álvarez ‘Las mil y una’ y ahí revoloteábamos cuando la señora Pasapera, estaba Sofía, no me acuerdo su nombre, su apellido, perdón, las periodistas que narraban las noticias. Nosotros jugábamos entre los sets y nos acusaban; el señor Baruch Ivcher salía: No me toquen a las niñas, ellas pueden hacer lo que quieran aquí. Nos amaba, nos adoraba; éramos unas niñas palomillas, correteando por todo el canal. Nos metíamos donde queríamos y, si nos acusaban, el señor Baruch Ichver salía a defendernos.

¿Tú eras la líder, seguro?

No, la líder era Sofía. Yo era una mojigata, acuérdate. En esa época de iniciativa no tenía nada, pero donde estaba el chongo estaba ahí metida la palomillada; yo era palomilla, pero me jalaban todavía. Yo estaba entre: No lo hago, ya. Yo era así. Mira, Sofía era la palomilla, la number one. ¿Vamos a meternos al camerino o vamos a interrumpir? No, Sofía, nos van a castigar. Vamos, no seas. Ya un poder de convencimiento.

Como en El Señor de los Anillos, Gollum

Claro, pero a la hora de decir quién, yo escondía la mano. Yo tiraba la piedra y escondía la mano; Sofía es.

No, no puede ser, la acusabas.

De frente, no. Yo no me voy a meter en problemas por su culpa, tú fuiste y es así. No tenía nada de reparo.

Sofi es canchera; el barrio que tiene…

Mi Sofi se ha criado, ha tenido una vida muy valiente. A mí me da mucha pena todo lo que le ha pasado, pero yo conozco su historia y no sé si tú.

Yo también la conozco, sus papás y cuánto ha ayudado a sus papás…

Moría por sus papás. Sus papás eran sordomudos y su hermana era quien velaba por ella, la llevaba al canal, estaba pendiente de ella. Entonces ha tenido una vida complicada.

Sí, la conozco a ella, por eso cuando le pasó todo lo que le pasó, que fue doloroso, yo me acuerdo que le escribí y después de eso hemos hablado y me dice: Tienes razón, uno tiene que empezar.

A unos les coge más temprano, a otros más tarde, pero lo importante es que te ocupes, porque creo que es parte de nuestra evolución. Nuestra tarea de vida, no sé, yo no nací en cuna de oro, ella menos. Nadie ha tenido la vida fácil, nadie la tiene fácil en todo caso, pero creo que es importante ocuparnos de nosotros, saber en qué cojeamos para poder mejorar, siempre mejorar. Si hay que desaprender para aprender, se hace.

¿Con ella sigue ahora la amistad así, fuerte todavía?

Lo que pasa es que después con ella estuvimos el ‘Obababaluba balambambum’, éramos modelos… y se lleva una licuadora… Voy a buscar esos videos, porque los tengo. En ese programa estábamos Sofía y yo, que éramos las paquitas, y ahí conocimos a Katherine Cateriano, Fiorella Egusquiza, a Fanny Laguna, que en paz descanse. Hicimos un grupo bien bonito también, con mi amiga Geraldine, con Fiorella hasta la fecha. De Sofi no sé nada hasta ahorita.

Está estudiando en México, creo…

¿Está en México? Mira, no sabía. Pero bueno, ahí empezó otra aventura. Hasta ahí sí parábamos de arriba abajo, después ya nos perdimos el rastro. Cada quien hizo su vida, yo salí embarazada, evidentemente, y me tuve que hacer cargo de lo que hoy ha hecho que esta mujer sea más valiente, mi Diego, el arquitecto de mi vida.

Rebeca Escribens en 'Café con la Chevez'. Foto: @Photo.Gec

Su embarazo a los 16 años. El rechazo del colegio y la lucha por volver a encajar

Tenías 16, ¿no?

A los 16 quedó embarazada, a los 17 di a luz.

Tenías 16 y estabas en colegio de monjas

Sí, finalizando quinto de media…

Y ahí he leído qué te decían las mamás de tus compañeras

Se me seca el labio y creo que eso es síntoma de que todavía me mueve el piso esa etapa de mi vida, porque yo amaba mi colegio. Era mi lugar seguro, mi familia, uy, mis amigas. La promoción era muy grande, era A y B y había 50, 52 chicas por salón. Yo hasta la fecha tengo una hermandad de 15 amigas, que somos como hermanas. Es lo mejor que me ha podido regalar, bueno, una de las tantas cosas lindas que tengo dentro de mi vida, que me regaló mi colegio, en la etapa del colegio, ¿no? Muchas de ellas abogaron por mí. Además, yo ya venía; mira, en segundo de media hice la Paquita; ya las monjas me miraban feo, era el demonio. Esta chica ha venido a alborotar, a contagiar acá la mala vibra, el mundo hostil, el mundo perverso que te da el espectáculo y encima salgo embarazada en quinto de media.

Te habían puesto todas las tachas, porque incluso leo ahí que dices que en el cuadro de promoción no pusieron tu nombre

No, no me pusieron ni en el anuario. No me dejaron graduarme con ellas, no me pusieron en estas placas que ponen en los corredores. Ahora ya está, justo ahorita que estuvieron los Yaipén ahí cantando en el Santa Ana, en una kermés, una amiga me dice: “Amiga, ya estás adentro, porque la luché. No puede ser que 10 años y medio reemplacen y en 6 meses, por favor. Yo la luché, porque yo necesitaba sentirme parte de algo, mejor dicho, ahí empezó mi calvario por no sentirme parte de nada.

Y más en un proceso, tan joven, sentir que te apartaban.

Que me excluían, que me señalan.

Que las mamás de algunas amigas decían no te juntes con ella, por favor, se pasan

Sí, y ellas muchas, pero hay una que la peleó, Maritza, la mamá de una que la luchó. Se fue a pelear a la dirección, que al menos me dejaron ir a la fiesta de promoción. Claro, además dirán: “Esta chiquita de calzón flojo, sale embarazada”. Claro, o tiene todas sus estrellas ahí y no sabían que era de lo más torpe que podía haber en la tierra. Yo salí embarazada en mi primera relación sexual con mi primer enamorado y era la primera enamorada del papá de mi hijo. Mi primer enamorado, yo su primera enamorada. Nuestro primer acercamiento íntimo. Fuera de aquí, en casa no se tocaba el tema. Alguna vez quisimos hablar y cambiamos de tema y golpeaba la mesa mi mamá.

Entonces también uno como que abre los ojos

No, pues, ya busca la información por otro lado o lo experimenta. Pero bendito sea Dios que lo experimenté afuera, sino ese Diego de 32 años, que me enseñó a vivir de manera valiente hoy, mi hijo Diego…

Fue todo, tu mundo cambió absolutamente.

Todo empezó a girar en torno a él. Yo tuve mucha suerte, como lo cuento también ahí en el libro.

Tu mamá te apoyó muchísimo.

Claro, mis papás, el padre de mi hijo, sus padres también. No, yo tuve mucha suerte.

Qué chévere que tengas una relación tan bonita con el papá de tu hijo hasta ahora, ¿no? Porque hay una parte en la que cuentas que juraron siempre estar para su hijo pase lo que pase.

Y ese juramento se dio, porque nunca permitimos que nada externo a él interrumpiera esa educación, el olor a familia, los encuentros familiares, respetar las fechas, cumpleaños, navidades. Encima, yo era muy cercana a su familia, la abuela de mi hijo, madre de su padre, fue mi madre y a quien le rendí un pequeño homenaje en el mismo ‘Planchando el despecho’ nombrándola. Esa mujer fue todo para mí después que muriera mi madre en el 2000, entonces sabía demasiado.

Era tu otra confidente.

Todo, era todo…

Cómo es que todo se alinea en la vida, que Dios te pone gente

Sí, me pone gente. Todavía se me llenan los ojos de lágrimas, porque mis padres murieron de cáncer y, si bien la enfermedad es una mierda, te va llevando a un punto en donde dices: “Dios, llévatelo, porque no quiero verlo sufrir”.

Quieres que descanse…

Claro, llega un momento en la noche en que yo también vi a mi madre y dije: “Diosito, llévatela, esto no es vida”, y cuando me tocó con mi padre, yo le pregunté qué quería hacer; me dijo: “Déjame acá”. Sin embargo, con Gabucha fue una muerte súbita y la primera vez que me enfrento a una muerte súbita. Había hablado con ella la noche anterior. Viajaba de Washington, porque ella vivía en Washington, llegaba en diciembre a Lima. Yo la iba a recoger, ya habíamos quedado para encontrarnos, etcétera, etcétera. Y recibí la llamada al día siguiente, le pasó esto. Uy, tomé el primer avión, me fui a despedirla. Eso es algo así que todavía uno no termina de procesar.

No, no terminas de procesar jamás. Como estábamos hablando antes, tú entierras físicamente, pero tu dolor siempre va a estar aquí y entonces es una manera de cómo lo llevas, lo procesas.

Aunque ya con el tiempo, no sé si te pasa, a veces lloras, pero ya te ríes del recuerdo y eso es bonito.

Sí claro, yo he pasado por lo mismo que tu con tu papá y tu mamá. Mi papá se fue también por cáncer y, bueno, mi mamá todavía, gracias a Dios, sigue con nosotros, y sé lo que es vivirla de esa manera y sé que también estar con papá en la clínica y no querer separarte, porque quieres ayudar de alguna manera, vigilar. Yo estuve dos semanas con mi papá, 24/7.

Chócala, no hay nada que te tenga que contar.

Yo te dije, cuando estaba leyendo tu libro y llegué a esa parte, dije: “Ay, señor”.

Qué loco. Yo también me interné ahí. O sea, no hay nada que te tenga que contar ni explicar.

Es tal cual así como lo viviste. Lo importante es que lo vimos y que tuvimos esa oportunidad de coger esa mano y decirle gracias.

Esa paz que te da el hecho de haberlo dado todo, ¿no? Y que debí, debí, no eso no.

Ya no. Es que es ahí, si los tienes vivos, por favor, no pierdas el tiempo.

Pero es inútil de verdad. Creo que la juventud es hermosa, pero el lado más oscuro de la juventud es creer que lo sabes todo, que vas a poder con todo, que nunca te vas a enfermar y que a ti nunca te va a tocar. Esa es la parte más oscura de ser joven.

Y qué creen que todo lo merecen y que son dueños del mundo por favor. Ya cuando pasen los añitos ahí se van a dar cuenta.

Sí, pues, tú sabes, el ser humano aprende a través del dolor, hasta que no te toca no aprendes.

Recién ahí procesas.

Exactamente, y empiezas a recordar las frases de mamá, las frases de papá o de la abuela…

Cuando te miraban y te decían: “Ya ves, yo te dije”.

Exacto, y te da más cólera.

Rebeca Escribens en 'Café con la Chevez'. Foto: @Photo.Gec

Las pérdidas de sus padres y el dolor que todavía permanece

Y uno dice: “Uy, perdón, ya, pues, ¿qué hago?”. Rebe, estabas con el papá de Diego, pero ustedes se separan, ¿ya no había amor?

Éramos muy chicos, él era mi vecino…

¿Y tu papá quería casarte?

Sí claro, porque cuando le anunciamos la noticia estábamos en casa de su hermano, de mi tío Rodolfo y mi tía Roxana. Mi madre, que estaba aterrada y necesitaba apoyo. Evidentemente, estaban los papás de Miguel. Mi papá ya se las olía. Llegó, estaban todos y nosotros estábamos así arrinconados en otro lugar de la casa y ellos estaban conversando. En eso se aparecen todos y dicen: “Bueno, se casan”. Bueno, nos casamos, pues, pero luego pensando dije, y conversando también con el papá de mi hijo, ¿tú te vienes acá o yo me voy allá?, y dije, ¿por qué? Y nos pusimos de acuerdo claramente los dos. Lo que no queríamos es que nos obligaran, que tomaran decisiones por nosotros, por más que nos adelantáramos a vivir algo.

Que más adelante pasa

Sí, pero que si volviera a nacer haría exactamente lo mismo y estoy segura de que él también. Simplemente me planté un día y le dije: “Papá, pero si me caso, me tengo que ir de la casa. ¿Qué? Claro”, y ahí me brotó el artista, la actuación, el histrionismo y le dije un par de cosas y dijo: “Bueno, está bien, te quedas”. Entonces ya con Miguel saltamos de una pata, porque dijimos: “Bueno, estamos apoyados por nuestras familias y vamos a estar bien y lo vamos a hacer juntos” y han pasado 32 años, bendito sea Dios, siempre de la mano.

Qué bonito en estos tiempos ver una relación de esa manera

Sí, pero a veces se juzga, te miran. Con Miguel hemos viajado juntos con mi esposo y su esposa, nos hemos ido a Bariloche hace dos años, con la familia. Justo antes de despedir a mi hijo cuando se fue a estudiar. Nos fuimos a Argentina juntos. Él tiene una hermosa familia, una esposa maravillosa, que se aman, se quieren, una hijita preciosa también. Uy Dios mío, no. Tienen una familia preciosa y yo también tengo otra. Entonces el año pasado fue que mi esposo no pudo ir, su esposa tampoco, pero Miguel y yo nos fuimos solos a la graduación de Diego y se llevó Miguel a sus hijos y yo a los míos y lo pasamos regio.

Pero hay gente que no lo entiende, Rebe, cuando publican cosas

Que la gente no lo entiende o la persona que publica no entiende. Yo no pongo nada pues.

Así conservas tu privacidad también

Sí, sí. Yo soy muy celosa de lo mío.

Me dio risa ese post en el metro y agarras el tubo del metro como si fuera pool dance

Y corté el video.

Y tus hijos así…

Claro, no te miran. Diego le dice: “Mi mamá mira a mi mamá” y Thiago dice qué está haciendo. No mires, no mires, y Carlos, mi esposo, que me celebra todo, grabando todo y eso que he acortado el video. Yo estaba arriba, estaba abajo, estaba de cabeza. Yo ya estaba haciendo toda la pirueta; mi esposo es lo máximo.

Qué chévere que sea tu cómplice, qué bacán tener una persona, un compañero que aplauda tus locuras, tus éxitos. Eso es amar

Sí, eso es amar. Creo que es lo más sano y además, todo se va transformando en la vida y mira que yo tengo 21, 22 años ya juntos y hemos tenido nuestras crisis, imagínate. Lo más rico es saber surfear esas olas, se siente rico después.

Pero la sombra del divorcio, ¿alguna vez?

No, no para tanto. O sea, de quererlo matar, sí, pero de divorciarme, no. Entonces dije o la cárcel o me quedo con todo.

Lo tuyo es nada de 50/50.

Mira, hablando de ese tema, cada familia tiene sus dinámicas, sus códigos. Si tú quieres que sea un solo sueldo, hacen un solo sueldo, si quieren que manejemos a mitad los gastos. Aunque sí yo reparo en esa etapa del embarazo, que la mujer está tan frágil que necesita ayuda y no quiero meterme en ahondar más el tema, porque hay muchísimas realidades en este país y una embarazada incluso tiene que salir a trabajar, lactando con la teta al aire. Sin embargo, hay otras realidades en que uno puede permitirse quedarse en casa, porque tienes una familia, un sostén o tienes el marido, de repente la abuela, la mamá. En fin, hay muchas realidades.

Rebeca Escribens en 'Café con la Chevez'. Foto: @Photo.Gec

Los años como anfitriona y el momento en que decidió hacerse respetar

Esa etapa también en la que estabas de anfitriona, te botaron, porque los mañosos no faltaban…

Los mañosos no faltaban, claro. Me huyen ahora. Creo que cuando una mujer, no sé si tiene la apariencia o no, yo no sé si la tenga, yo sí me considero una mujer con carácter, por supuesto, no sé si lo domino o no o lo he sabido canalizar o no, pero claro, la vida te va haciendo. Somos la plastilina de ella. Entonces, de acuerdo a lo que nos va pasando, vamos marcando territorio y yo creo que estoy avanzando. En sumas y restas, creo que la vida me ha sumado más que restar. Entonces se pone a las personas en su sitio, a mí no me interesa que sea gerente de un sitio o el señor que te abre la puerta. No, para mí todos merecen el mismo respeto, todos merecen el saludo y, si alguien te falta el respeto, tú le das nomás con lo que tengas encima, sea quien sea.

¿Te sacaste el zapato?

Yo sí me saqué. Me despidieron. Ahí te tienes que hacer respetar a la fuerza.

¿Querían tocarte o qué fue?

No, no. Me hizo un queco ahí. ¿Qué le pasa, qué tiene? Y lo miraba, así me hacía. ¿Qué tiene en la cara? No era tan avispada como ahora, pero sí le dije: “Usted se ha equivocado conmigo” y agarré y no sé qué y dejé el vestido, tiré los volantes y me fui. No me pagaron, pero no me importa.

Y con la psicóloga es que llegas a darte cuenta del TDH, que tenías, porque no sabías nada…

Recién a los 38 años, porque yo siempre me sentí rara, siempre me sentí diferente, siempre sentí que no encajaba, siempre me sentía rara y hasta equivocada por hacer las cosas de manera distinta al otro, desde querer leer un libro, que siempre lo empiezo de atrás hacia adelante…

Pero qué bien que lo descubriste y te diste la oportunidad de saber cómo procesarlo para poder desarrollar las cosas que tú deseabas hacer

Y ahora con las redes, pues, tenemos mayor alcance y herramientas. Por eso es que hace 11 años dije: “Voy a preguntarle a mi psicoterapeuta a ver de qué raza soy, de qué planeta vengo, por favor, qué constelación me hizo. Yo necesito saber y ya, pues, él me hizo hacer un test y todo el rollo.

Pero siempre has sido así. Bueno, ya más grande, que te has dado cuenta, pero la gente a veces dice: “Ella debe estar loca. ¿A ti te ofende cuando te dicen eso?

Me encanta. Es como decir qué mamacita eres. A mí me encanta que me digan que estoy loca, porque, ¿sabes qué?, si ser loca es decir y hacer las cosas a tu manera, sin hacerle daño a nadie, entonces me encanta ser loca.

Rebeca Escribens recuerda la muerte de sus padres por el cáncer

Yo soy escorpio…

A la miércoles, qué fuerte, igual que mi padre.

Mi papá era del 11 de noviembre y mi papá se fue un 10, imagínate. Por eso esa parte, que tú escribes en el libro, que cuando alguien se va antes y está compartiendo con sus hijos, es por algo…

Sí.

Siempre celebrábamos su cumpleaños juntos…

Qué bonito. ¿Y te has metido a indagar, a averiguar de qué va ese tema?

Sí, sí…

Entonces ya sabes de lo que hablo. No te voy a contar; haz tu tarea también. Es un regalo cuando papá o mamá se va el mismo día de tu cumpleaños, 10 días antes o 10 días después, te está regalando su legado. Algo hay que hacer con eso.

Hay cosas ahí, mucha energía. Hablando del trabajo, yo te he visto con Janet, hay un buen match, hay química. No pensé que era tanto el engranaje

Con todos, Janet, Edson. Hoy día nos visitó Rocío, a veces está Xiomi. A mí me gusta, Carlita, generar buen ambiente de trabajo. Yo no entro a un equipo a competir con mi gente, yo entro a competir con el de afuera. Nosotros somos un equipo, hay que sumar y se los dije el primer día. Nosotros no debemos competir entre nosotros. Nosotros tenemos que unirnos como equipo para salir a competir. Esa es mi filosofía de vida para todo.

Te soy sincera, el día que yo fui al primer programa, días antes ya sabíamos que ibas a estar ahí, yo tenía mis dudas, te lo juro

Todo el mundo tenía dudas.

¿Rebeca va a funcionar?

Yo también tenía mis dudas…

Rebeca con Janet, porque son distintas

Yo soy una persona muy respetuosa, me gusta trabajar en equipo, yo no entro a quitarle el puesto a nadie, al contrario, soy muy respetuosa y cuando uno trabaja con mucha gente, hay que escuchar al productor y él es el que te marca las entradas y salidas, el bendito Tudela. A mí me gusta ir contra la corriente, todo el mundo le dice Papo, yo le digo Tudela.

Y a Edson, Edison…

A Edson, no te digo dónde esté el chongo; ahí estoy. Qué fea palabra, pero donde está, ahí estoy, y con Edson a veces ya es demasiado, es muy talentoso. Y con el tiempo he aprendido también a conocer a toda la gente de producción.

Ya bacán, compañeros, ¿pero se puede tener amigos? Tú con Verónica son patazas…

Bueno, con Verónica nos conocemos.

¿Cuánto, 20 años, más?

No, yo tengo en el canal 14 años. Bueno, desde que entré a ‘América Espectáculos’ 10, clavados. Todo pide ella y nunca tiene presupuesto.

¿Cómo que no tiene presupuesto?

Nunca tiene presupuesto. Yo estudié diseño de interiores, estudié la carrera, pero no ejerzo. Ejerzo de manera muy privada y para amigos, no cobro honorarios, en todo caso, como dicen. A ella le he renovado su sala, su cocina, ahorita su terraza. Amiga, vente, porque se me está cayendo el granito, el moho y no sé qué hacer con esto.

¿Y con Federico? Esa picardía que tiene, tú le entras al juego ahí…

Claro, pues, al señor Federico hay que hacerlo con respeto. Al principio no lo podía ni mirar.

No te puedo creer que no lo mirabas…

Le decía: “Mi mamá se moría por ti”. Yo tengo que estar con respeto acá; le decía, yo no te puedo contestar de esa manera. Ya luego, cuando intimamos más con cada día, a través de Katia, cuando hicimos ya ‘Mujeres sin pito’, ya ahí nos hicimos mucho más cercanos. Hemos salido con nuestros esposos, etcétera. Ya le digo, no me piques, porque le voy a entrar, yo para la cochinada también estoy ahí. Pero siempre al señor Federico Salazar con respeto.

O si no vas y lo comienzas a abrazar y él también te sigue la corriente

Y me dice cosas al oído que no puedo repetir, pero es muy divertido. El Fede es muy rápido, esa agudeza mental me gustaría tenerla 24/7. En mi caso por menopáusica que soy, aparece y se va. Estas epifanías son espaciadas.

Está bien. Vamos a hacer así rapidito, las preguntas del café…

Están preparados, ¿no?

A ver, tienes que salvar solo a uno, ¿Óscar del Portal o Christian Domínguez?

¿Tengo que salvar a uno? Pobrecitos, los dos son padres de familia. ¿Y de dónde tengo que salvarlos, de un naufragio? Que se ahoguen los dos, no salvo a nadie.

Tienes que hacer una escena romántica en una película o telenovela y te dan la opción de elegir a un galán. ¿A quién eliges? Ya sé, a Levy seguro…

Ah, claro. William Levy, qué guapo hombre, y a mí no me gusta el hombre muy guapo ah.

¿Alguna vez has sido celosa, tóxica?

Celosa sí, sobre todo en un terreno que no conozco, pero en cualquier tipo de relación. Pero tóxica por fregar, por fregar hasta la fecha…

¿Revisar el teléfono,GPS?

No, no, eso jamás. Yo soy tan importante, mi tiempo es tan valioso, que yo no puedo estar volteando a ver qué cosa hace mi marido. Yo no me preocupo, yo me ocupo. Cuando suceda, me ocupo. Espero que no suceda, más te vale. Por eso publicó la foto, para que te vayan conociendo y te echen dedo.

¿Podrías vivir sin teléfono y sin las redes sociales?

Sin redes sociales, sí. O sea, las redes sociales son otra fuente de trabajo, ¿no? Sin teléfono no, no puedo. Mi esposo dice que es mi amante, estamos echados así, me dice: “Ya estás con tu amante”.

Hablando de tu cabello, siempre he escuchado decir a Carlos Cacho que deberías cortarte el cabello de acuerdo a tu edad, pero a mí me parece bonito…

Carlitos es muy estético, es un profesional de la belleza, claro. Pero yo cuanto más vieja esté, más largo lo dejo.

¿Y Gisela (Valcárcel) este conflicto que se dio?

Me da pena. Yo creo que cada uno tiene que sentarse a conversar bonito. No hay nada que una conversación, con un buen cafecito, no se arregle, así de simple. Yo voto por la armonía siempre, aunque a veces me pinte de chinche, que también tengo mi personalidad. Soy Géminis, o sea, tengo múltiples personalidades. Pero mi mamá siempre me dejó ese concepto, no hay nada más bonito que trabajar en armonía. Donde yo no esté cómoda, yo safo.

Claro para qué vas a estar ahí…

Mi energía, mi tiempo. Yo soy sagrada; no me gusta que nadie ni permitir que nada lo ensucie.

Gracias, ha sido un placer tenerte aquí. Gracias por tu tiempo, siempre la buena onda, cada vez que te llamo, te escribo, siempre estás ahí…

Siempre, siempre y si no tengo ganas, no te contesto.

Sí, yo sé…

Pero nunca te dejo en visto…

No, no, no…

Gracias a ti, Carlita, por tu respeto, tu cariño.

Rebeca Escribens en 'Café con la Chevez'. Foto: @Photo.Gec

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