“Que los amigos no se besan en la boca/Los amigos no se extrañan todo el día, gente loca/Los amigos no se llaman a las dos de la mañana/Los amigos no se deberían dormir en la misma cama...”. En combis, buses, autos, mototaxis, todos parecen ponerse de acuerdo para escuchar su voz. En polladas, salsotecas y fiestas de barrio, pasa lo mismo. Muchos han asumido como un ‘himno’ el tema ‘Amigos no, por favor’ y María Grazia Polanco, la voz femenina de la orquesta ‘Bembé’, la ha convertido en un canto lleno de caricia y, a la vez, un lamento que cualquiera de nosotros lo vivió alguna vez.
Ja, ja. Sí.
Amigos sin título.
Lo boté después de un tiempo.
Se piensa que es sin compromiso, pero uno de los dos se entrega y eso, generalmente, ocurre más con las mujeres.
Desde el escenario veo que las chicas gritan, lloran...
Claro. Es para darle una verdadera interpretación y la gente lo sienta.
El ritmo intenso de ‘Bembé’ no me ha permitido encontrarlo, ja, ja.
La orquesta me ha dado miles de admiradores, pero ningún amor.
Mientras mejor estés en lo laboral, la vida amorosa no anda bien.
No pienso buscar al amor.
Salgo de casa y soy antisexy.
Lo más suelta posible.
A veces, mi mamá me ha dicho que estoy saliendo con medias de distinto color.
En pijama.
En moño.
Odio el maquillaje.
Una vez estaba caminando en chanclas y una chica me dijo: ‘¿Tú eres la cantante?’ y me pidió una foto.
Me ven más chiquita, más blanca.
‘Pareces una niña’.
‘Pensé que eras más gordita’.
No me salvo de las obligaciones del hogar.
Duermo cinco horas.
La semana pasada, que pude descansar, dormí 16 horas sin parar.
Ir a discotecas es como darle pan a un panadero.
Si trabajo en esos lugares ¡cómo voy a querer ir allí a relajarme!
Me gusta ir a reuniones con amistades donde la música suene bajito y pueda conversar.
Yo no como, trago.
No me cuido para nada.
Me salen muy bien el ají de gallina y la causa de pollo.
De chica era gordita y después estiré.
A los 14 años tenía una orquesta digital con mis hermanas. Fuimos a cantar, éramos tímidas, no hacíamos coreografías y nadie se movió de su sitio.
Pensé que no servía para esto.
Una vez una mujer, en un concierto, pedía una canción que no estaba en nuestro repertorio y como no le hacía caso, me amenazó, quería pegarme.
Dime situaciones...
Si me aburre, agarro el teléfono, finjo una llamada.
Soy muy directa y le digo que no me siento bien.
Mis palabras son: no estoy cómoda, quiero irme.
Le aclaro: ¡Qué horrible bailas!
Si tiene mal aliento le invito un Halls o le pregunto si le gustan las ‘mentitas’.
No importa que baile mal.
Sí, porque al primer silencio me aburro.
Que pague él.
Pero que tenga ganas de superación.
Mi primer enamorado lo era.
Me decía que sí lo hacía y estaba tomando en el parque.
A la siguiente vez lo hará.
Tengo trabajo, estoy cansada.
Ni el hombre ni la mujer. Tienen ese instinto y siempre lo llevarán.
Demasiado.
Debo tener el patrón de su teléfono.
Le pregunto: ‘¿Quién era?’.
Que baile solo conmigo o con sus amigos.
En la segunda vez que lo haga, se acaba todo.
Comprar zapatos.
Para trabajar, 30 pares. Los que me compro, más zapatillas, sumo 120.
Un abrazo a los lectores del diario Trome, el más leído del Perú. Después de esta entrevista creo que llego a cien mil seguidores en mi Instagram: @mg.polanco. Muchas gracias.
Se fue como se presentó: con su rostro denotando alegría. Bien lo dijo el genial Gabriel García Márquez: “Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa”.
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