Horas antes de cumplir 24 años de casados, él se acerca a nosotros llevando de la mano a su esposa. Como un jovencito enamorado y ella como la chica ilusionada, se deja llevar por el parque de San Isidro. Ismael La Rosa y Virna Flores son una pareja sólida en un mundo donde el común denominador son las separaciones, incluidos los escándalos públicos.
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El amor es quererse, respetarse, aguantar los defectos del otro y construir un equilibrio entre ambos. En tiempos de divorcios, engaños y actos desleales, hay relaciones que son ejemplo a imitar. Discuten, se cuestionan, pero siempre asumiendo que decidieron compartir la vida y un ‘temblor’ no los puede separar.
Una historia con momentos duros, pero con mucho diálogo y convencidos de que el amor es una lucha constante y que se renueva día a día.
No podría hacer eso, con qué derecho.
Sí, pero la cama también es de él.
Por supuesto, si a veces uno mismo no se aguanta.
Es un aprendizaje constante.
Puedo estar molesta, ¿pero por eso no vamos a convivir? O sea, ¿discutes con tu jefe y renuncias?
No, ocurrieron por cosas fuera del trabajo, ja, ja.
Sí y me comento: ‘Así nunca hizo conmigo, ja, ja’.
Él y lo hace buenazo.
Pongo y recojo la mesa.
Pastas es su especialidad y la carne a la parrilla.
Me abre la puerta y me jala la silla para sentarme.
Me pregunta: ¿Qué corbata le viene bien a tal camisa? o si noto que sus zapatos no van bien con el pantalón, le sugiero que cambie.
A veces dejaba la ropa tirada en cualquier lugar. Ya dejó de hacerlo y aprendí que cuando ocurre, porque a veces lo repite, me calmo y recojo todo.
Solo decirle a la gente que problemas siempre existen, sino qué fácil sería vivir si todo va a estar lindo.
Ismael mira desde un lado, escuchando atento a los comentarios de su esposa, riendo y agregando conceptos a lo que dice. Es el filósofo del hogar, lo demuestra en sus expresiones, pero también es el romántico por lo que cuenta en esta entrevista.
No. Ella es una naranja y yo otra.
Exprimimos nuestros jugos y damos lo mejor para nuestra convivencia.
Es que ambos no dependemos de otra persona para ser felices.
Cada mañana, al despertar, renuevo mi compromiso.
A veces dice que no, ja, ja.
Ella quiere arreglar de inmediato, hablar de la discusión.
Le pido tiempo para pensar y procesarlo.
Le escribo por el celular que su comentario me hizo sentir mal. En tiempo pasado.
Es que si sigues hablando en presente, es porque aún estás dolido y lo que quiero decir es que ya fue.
A veces uno tiene ganas de irse a la sala, pero por respeto se duerme en la cama.
Las ve para saber si aprendí algo de lo que me enseñó, ja, ja.
Cero.
Le aconsejo que mejor se ubique de otro ángulo, que se le vería mejor.
Salvo que ella o yo estemos de viaje, tenemos que estar todos en la mesa.
Cocino, preparo la mesa, pongo velas, también la música y destapo el vino.
Mi hogar es un templo.
Solo ingresa la familia.
Mi función es hacerte feliz y sacar lo mejor de ti como persona.
Acá yo hago todo por propia voluntad.
Acá nadie controla a nadie, tenemos amplia libertad.
Un gran saludo a los lectores y que sea extenso para los que producen el diario.
Se fueron como llegaron, tomados de la mano. Él iba orgulloso y feliz, ella sonriendo y tranquila. Los 24 años de convivencia los tienen con responsabilidades, pero con el afecto intacto. Algo susurró Ismael en el oído de Virna y sonrieron los dos. Creo, imagino, alucino, que le repitió la frase del cantautor chileno Alberto Plaza: ‘Nos amaremos tanto que el amor va a estar celoso de nosotros’.
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