El tiempo no ha podido sacar ese espíritu luchador que lleva en su sangre. Respetuoso, cordial, sonriente. Un digno representante de nuestros Andes del Cusco. Sin esas poses de pendenciero capitalino, Gunter Rave es el hombre que visita el rincón más recóndito de Lima llevando esperanza, escuchando atento cada pregunta y narrando historias singulares. El periodista de América Televisión ‘vive’ en la calle y, así como otros reporteros, se enfrenta con micrófono en mano al temido coronavirus.
Cumplo la misión de ayudar.
Informar y educar.
Me gana el sentimiento, la emoción.
Todos los que salimos sentimos eso.
Mi mamá.
Desde que empezó la cuarentena no la ‘apapacho’.
Sí, me saludan con afecto.
No. Ahora, además de cubrir los casos del Covid-19, también tenemos el espacio ‘Hablamos por usted’ donde se denuncian casos sociales.
Debe ser callejero, conocer todos los huariques.
Los grandes periodistas se hacen escuchando la historia de los mayores, conversando y viviendo.
Me gusta estar ‘in situ’ y poder contar lo que ocurre.
En 1996 trabajaba en Red Global y tenía que entrevistar a Jorge Santistevan de Noriega, defensor del Pueblo. Lo buscamos en la Embajada de Japón y justo cuando íbamos a hablar explotó una bomba. Los terroristas estaban tomando el lugar.
¿Alguna otra vez?
Cuando ocurrió el problema del Conga, los que estaban contra el proyecto nos rodearon, querían lincharnos, gritaban ‘¡prensa amarilla!’. La policía llegó a tiempo.
Nunca comulgué con ideas apristas, pero no puedo negar que entrevistar a Alan García me dejó impresionado. Su inteligencia era sorprendente.
Contar lo que no se ve de esa historia partiendo de lo que estás mostrando.
Por más doctorados o maestrías que tengas, si no tienes calle, no llegas a la gente.
Hasta de un ‘mermelero’, así ya sabes lo que no debes hacer.
Tengo mi ritmo.
Sí, pero no tengo puesto fijo. La idea es competir.
No, ja, ja, ja.
Depende del clima, si me das a elegir prefiero la cerveza.
El tiempo me enseñó que ellos no son amigos, sino conocidos.
Algunas palabras, en realidad entiendo más de lo que hablo.
Le hablo en su idioma y cuando no entiendo algo, llamo a mi mamá.
Sí.
Todas son bellas.
Cocino muy bien. Mi madre me dio este consejo: ‘Si sabes granear el arroz, serás experto cocinero’.
Lomo saltado, ossobuco, risotto, entre otros.
Tengo mi batán.
La licuadora andina.
Plancho, cocino, lavo...
¡Claro que lo soy!
Abro la puerta, si vamos caminando ella va a mi derecha y yo al lado de la pista. Si un carro se desvía que me atropelle a mí.
Antes éramos más valientes para el amor.
No importa.
De qué vale una mujer con cuerpo espectacular si tiene mal genio.
En mi billetera está el ‘Señor de los Milagros’. Soy de la cuadrilla veinte y tengo el honor de guardarlo todos los años.
Me encanta contar historias, lo hago con detalles y me toca imitar a los personajes.
Alejandro Toledo. Mis amigos dicen que debería realizar un ‘stand up’ (monólogo) con todas mis historias.
Rendirle homenaje a los están en la calle informando, apoyando en solucionar urgencias. Mi respeto por siempre.
Un enorme saludo a los lectores del ‘Trome’ y gracias por esta entrevista.
Rebusco una frase para definir a este periodista que no solo cuenta historias con las que se encuentra a diario, sino también las suyas, y apelo al escritor francés Anatole France: ‘Se puede dudar de lo que se ve, pero no de las palabras de un hombre honrado’.
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