Hola, mi gente maravillosa de La Fe de Cuto. Antes de empezar el programa quiero darle las gracias a un invitado que es una verdadera leyenda de la medicina y del deporte en general. Se trata de una persona que marcó una etapa importante en el club de mis amores, Universitario de Deportes, y también en la selección peruana. No ha sido una tarea fácil tenerlo aquí, pero hemos estado insistiendo y esperando este momento. Viaja mucho para ver a sus hijos y nietos en Estados Unidos, así que para mí es un honor darle la bienvenida al doctor Jorge Alva, el popular ‘Mané’.

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¿Por qué te dicen ‘Mané’? Todos te llamaban así, y yo también, pero ¿de dónde surge ese apodo?

Antes, en el Lolo Fernández jugábamos pichangas entre parte del equipo, utileros, médicos, masajistas, trabajadores del club y periodistas que cubrían a Universitario. El ‘Mono’ Zolezzi, Peña —el portero—… Un día me demoré y el partido ya había comenzado. Íbamos perdiendo 3-0. A veces jugábamos con Roberto Zegarra y Toño Vargas.

¿Cómo jugaban esos partidos? Nosotros los veíamos desde la tribuna.

En ese partido hago cuatro goles y ganamos. Todos me preguntaban qué había pasado. Yo les dije: “Lo que pasa es que ayer falleció Mané Garrincha y creo que su espíritu se me ha metido, porque hoy he jugado como Garrincha”. Y desde allí me dijeron ‘Mané’, ese apodo que tú repites con tanto cariño.

Qué linda historia. Esos partidos se jugaban los miércoles, creo…

No, se jugaban los jueves. Allí es donde nace la famosa ‘Peña de los jueves’.

¿De qué barrio eres?

Soy pisqueño, de Pisco Playa. Cuando vine a Lima, viví en Breña. Después me casé y me mudé a Jesús María. Luego me vine aquí. Cuando me mudé, esto era chacra y pertenecía a la Municipalidad de Surquillo.

El dirigente Alfonso Payet me dijo: “Cómprate un terreno allí”. Lo compré; solo había una casa. Todos los sábados iba para ver si no se lo habían llevado. Hasta que logré construirlo, con un préstamo de una financiera. Con el ingeniero Payet lo construí como yo quería.

¿Cómo fue como alumno, doctor?

En la primaria era un pericote, porque andaba por todos lados. Pero en secundaria no sé qué me cambió. Entré más reposado, responsable y con la idea clara de que quería ser médico. No sé de dónde nació esa idea, porque no tengo ningún médico en la familia.

Doctor Jorge Alva junto a su familia en sus Bodas de Oro (Foto: GEC)
Doctor Jorge Alva junto a su familia en sus Bodas de Oro (Foto: GEC)

Terminé la secundaria y mi papá vino de Pisco a Lima. Me vine con él y al toque ingresé a la universidad. Era chancón, a veces tomaba pastillas para no dormir y estudiar más, preparándome para ingresar a San Marcos. Ingresé a la primera y, cuando veías tu nombre, gritabas y venían a cortarte el pelo. Yo vi mi nombre y no dije nada; me fui a mi casa. Al día siguiente volví para ver si era verdad, vi que era cierto y me fui al peluquero para que me corte.

En la Facultad de Medicina de San Fernando jugaba fútbol, competía entre facultades. El arquero de Deportivo Municipal era médico también. Alberto Otero también estaba y luego jugó por Muni. Cuando arman la selección de la universidad, mi puesto era zaguero. Los que me conocían me molestaban y decían que era una mezcla entre Chumpitaz y Julio Meléndez.

¡Esa era la combinación perfecta, arriba!

En un campeonato interuniversidades en Bogotá invitaron a San Marcos y fui yo. Allí nació mi interés por la medicina deportiva, por saber cómo se lesionaba un jugador y cómo se recuperaba. Esa especialidad no existía. Iba a seminarios, congresos, leía literatura. En 1965 era jugador y médico, algo que me duró 40 años.

Después empieza su relación con el fútbol como médico. ¿Cómo llega a la ‘U’?

Termino de estudiar en 1964 y hago mi residentado en el Hospital del Niño, para ser pediatra. Allí trabajaba el doctor Guillermo Malca, médico de Universitario. Él sabía que yo era hincha de la ‘U’. Tenía un auto rojo, marca Hillman; pasábamos visita y luego nos íbamos por la avenida Tingo María hasta el Lolo Fernández.

Yo lo acompañaba, veía todo lo que hacía. Era tan palomilla que, cuando sobraba una vitamina, me decían: “Ya, doctor, póngamela a mí”. Recuerdo que mi primera inyección se la puse a Lucho Cruzado. Sentí una emoción tan grande como cuando nació mi primer hijo, Koki. Con eso te grafico que yo estaba allí por sentimiento, no por un sueldo.

Doctor Jorge Alva al lado de José Fernández y Roberto Chale, tres glorias de Universitario (Foto: GEC)
Doctor Jorge Alva al lado de José Fernández y Roberto Chale, tres glorias de Universitario (Foto: GEC)

¿Y cómo llega a la selección, doc?

Yo llegué y al primero que reconocí fue a usted.Para Argentina 1978, el doctor Tomás Pina —mi compañero de promoción— fue llamado por Marcos Calderón. Se lesiona Hugo Sotil y Percy Rojas, que jugaba en Independiente de Avellaneda, recomienda al médico de su club para operarlo. En la FPF me piden que acompañe a Hugo a Buenos Aires y regresé con él cuando ya podía caminar.

Cuando llega el Mundial del 78, me inscriben como médico y acompaño al doctor Tomás. Después, la Federación me inscribe en el primer Congreso de Medicina Deportiva. Luego se va el doctor Pina, llega Roberto Scarone y me llama. Así empieza todo.

¿Cómo viviste ese Mundial?

Con la pena de no haber avanzado más, de quedarnos a medio camino. Por ahí solté algunas lágrimas. Yo casi nunca lloraba, y esa vez lloré.

¿Qué partido de la selección recuerda?

Uno presente fue el que teníamos a Roberto Chale como entrenador y jugábamos contra Argentina, y envió a Lucho Reyna a marcar a Diego Maradona.Esa Eliminatoria para México 86 no vamos por culpa del árbitro Arppi Filho, que no expulsó a Julián Camino cuando le metió aquella patada que lo reventó a Franco Navarro.

Tuve que llevarlo al hospital para sacarle una placa porque pensé que lo había fracturado. Ese mismo árbitro estuvo en el partido ante Argentina, en el gol “raro” de Gareca. Al final lo premian dándole el partido de la final en México 86.

¿Cómo fue ese regreso después de la eliminación en Argentina 78?

Faltaba las velas y el cajón para que eso fuera un ambiente de “entierro”. Habíamos hecho los méritos para avanzar.

¿Luego viene una experiencia inolvidable con España 82?

Esa fue con el profesor Elba de Pádua Lima, “Tim”. Se formó un equipazo e hicimos una gira por Europa, donde le ganamos a Francia. Nos veían como uno de los candidatos, o al menos para luchar por los primeros puestos.

Con “Tim” nos unió una gran amistad. Le gustaba tomar su vino y, en las noches, mientras hacía los informes, lo veía pasear y conversábamos. Tenía un problema familiar que lo obnubiló un poco, creo; allí vinieron los problemas de las conformaciones.Julio César Uribe era uno de los líderes. Después, la entrada de Teófilo Cubillas y el tema de que “Tim” viviera problemas difíciles hizo que los asuntos interpersonales no se resolvieran, y eso impidió que se avanzara.

¿Qué partido le impactó más?

He visto muchos partidos, pero el encuentro donde vi a una selección hábil y ágil fue ante Francia. Partidazo. Fue el mejor partido que Perú hizo en su historia. Esa gira duró como un mes. Estuvimos en Argelia, Italia… algunos dicen que no se debió hacer.

¿Cómo vivió el Mundial de Rusia 2018?

Con nostalgia, porque tengo cinco mundiales: tres con los mayores y dos con menores, uno que se hizo aquí y otro con Juan José Oré en Corea. En 40 años, aparte de salir 14 veces campeón con Universitario.Conocer Rusia era lo que me faltaba, el segundo país más grande del mundo.

Y ver cómo nos entendíamos a pesar del idioma. Sobre todo para preparar el menú de los chicos. Menos mal que la tía Margarita ya me había enseñado bien.Todos me preguntaban por qué cocina tan rico la tía Margarita. Yo les explicaba que cuando hacía su sopa o sus guisos, lo único que hacía era meter el dedo y la cosa salía riquísima.

Qué difícil fue no poder clasificar a Qatar 2022, ¿no?

Ese equipo estaba para clasificar. Por entusiasmo, inexperiencia o falta de tino, se viajó para el repechaje con mucha confianza y no se logró la clasificación. Es un sinsabor no llegar a donde podíamos estar.

¿Qué anécdotas recuerda con los técnicos de la selección?

Con Marcos Calderón, que era un entrenador peruano, tenía un carácter criollo, no agresivo, y ascendencia sobre jugadores que eran cracks. Pero cuando nos reuníamos en su casa era otra persona.

Doctor Jorge Alva siempre con un saludo y un hgesto amabel en la Videna  (Foto: GEC)
Doctor Jorge Alva siempre con un saludo y un hgesto amabel en la Videna (Foto: GEC)

¿Cuando alguien se quería pasar de la raya, es verdad que lo cuadraba?

Los agarraba. Un día hubo una anécdota con Suárez, que tenía su mellizo. Un día perdió un gol y lo agarra de los hombros. Atrás estaba Alejandro Heredia, que era preparador físico, y le decía: “Alejandro, creo que nos hemos equivocado y hemos traído al hermano. Este no era, era el otro”, jajaja.

Otra del Chueco…

Un día se cayó en un partido de práctica porque lo empujaron. No se podía parar y entonces viene Samuel Eugenia a querer levantarlo y le dice: “Tú no, porque me vas a meter una patada, seguro”. Jajaja.

Con Juan Carlos…

Como jugador tuvo una línea de conducta que mantuvo hasta cuando fue entrenador. Yo me sentí muy orgulloso de tenerlos como jugadores y después como entrenadores. Me pasó con Freddy Ternero, que en paz descanse.

¿Con Markarián, el profe que me hizo debutar?

A él le gustaba la parte más científica. Con él planificamos incluso un trabajo para la altura. Tuvo éxito con Universitario y Cristal en la Copa Libertadores.

Doctor Jorge Alva recuerda que Markarian le pedía Sopa de Condor para jugar en altura (Foto: GEC)
Doctor Jorge Alva recuerda que Markarian le pedía Sopa de Condor para jugar en altura (Foto: GEC)

¿Qué anécdotas tiene con los jugadores?

Con Perico León. Él me decía “padrino”, hicimos una gran amistad. Como él tenía tendencia a subir de peso, yo le pedí el teléfono de su señora para indicarle cómo tenía que preparar los menús.A él lo contratan en Ecuador y lo convocan a la selección, y se demoraba.

Cuando le pregunto por qué tardaba tanto… antes había una publicidad de una línea aérea que decía “Conozca el Perú primero”, y nos decía: “Por eso me vine en ómnibus”.

Ahora ya pasamos los exámenes médicos y tengo que hacértelos solo a ti. “Vamos para que te saque sangre”.—¿Sangre? ¿Para qué?—Mira mis piernas, mi pecho, ¿qué voy a necesitar sangre yo?—Mira, cuando necesites sangre necesitamos saber qué grupo sanguíneo eres para que no te choque.

Le sacamos sangre y después se interesó, pero todavía no estaban los resultados; antes se demoraban tres días. Pasó la fecha y lo llamo: “Mira, ahijado, tenemos el mismo grupo sanguíneo, tipo A. Así que cuando tú necesites sangre, yo mismo soy”.—Igua,l padrino. Cuando usted necesite, yo mismo soy, pero avíseme dos días antes para no huasquearme, jajaja.

¿Cómo es la historia de esa famosa Sopa de Cóndor?

En realidad tiene una base científica y te voy a explicar cómo es. Basado en esa evidencia científica, había que prepararle una sopa con muchos hidratos de carbono: pasta, papa, yuca y camote. Cuando uno ingiere esos hidratos, se transforman en glucógeno, derivado de la glucosa que se deposita en los músculos.

Cuando uno va a la altura, el que da energía al movimiento es el oxígeno y, como arriba hay baja concentración, la gente siente que se ahoga.Entonces, el organismo ante la falta de oxígeno empieza a jalar el glucógeno que está depositado en los músculos. Por eso, la misión de la Sopa de Cóndor era cargar los músculos de glucógeno para después utilizarlos.

Jorge Alva tiene 14 titulos como medico en la 'U' y uno como dirigente (Foto: GEC)
Jorge Alva tiene 14 titulos como medico en la 'U' y uno como dirigente (Foto: GEC)

Y la tía Margarita le echaba de todo a esa sopa.Un periodista con ingenio le puso Sopa de Cóndor, porque es el ave que domina las alturas. Y se hizo famosa cuando el Beto Carranza hace el gol en Cerro de Pasco desde mediocampo rival. Y encima sale corriendo, yo chapo mi balón de oxígeno y empiezo a correr, y no sabía si ponérselo a él o ponérmelo yo.

También había su tecito…A veces la mente es poderosa. Yo les explicaba todo lo que iban a sentir en la altura y después les daba un tecito especial. A veces era mate de coca, cuando no había dopaje, pero después era té con un chorrito de whiskey. Ellos me reclamaban: “Doc, tiene que ser con etiqueta negra para que cure”.

¿Qué es lo que más recuerda con la ‘U’?

El haberme hecho hincha con las hazañas de Lolo Fernández. Después, haber asistido al clásico donde Lolo salió en hombros. Luego ese hinchaje transformarlo en responsabilidad y ser campeón en 1967 acompañando al doctor Malca. Fui 14 veces campeón como médico y una como dirigente en la época de Gino Pinasco, en 2009, con Juan Reynoso de entrenador.

Cuénteme justo esa de Reynoso y su pase a Alianza Lima. ¿Qué tuvo que ver usted?

Estábamos concentrados en la Granja Azul y, en la piscina, vemos a Juan Reynoso. Llegan dirigentes de Alianza Lima. Reynoso me pide que le preste mi cuarto para charlar con ellos y sale molesto, parece que no habían llegado a un acuerdo.—¿Qué te pasa? le dije. Vamos a la ‘U’ si quieres.—Ya —me respondió.—¿Verdad?—Sí —me reitera.

Lo llamo a Raúl Montoya, que era tesorero del club, y me pide que lo llame al señor Nicolini. “Usted va a ir a Chincha”, le dijo a Montoya, y así se acordó el pase. Ese año también salió campeón haciendo dupla con Astegiano.

¿Recuerda el gol de Roberto Martínez a Alianza Lima en el 95?

Esa fue una doble satisfacción como médico y como hincha. Más como hincha que como médico. Esas satisfacciones las repetí con el tricampeonato de 1998, 1999 y 2000. Gozándolo a Eduardo Esidio.

Ese año 2000, coincidentemente, se inaugura el estadio Monumental, del cual dicen que yo soy el “Papá” porque la idea la traje desde Ecuador.

¿Cómo es eso, el estadio Monumental es una iniciativa suya?

En una gira de la selección peruana, al lado de José Masías “Pepe” y el asistente era Percy Rojas, fuimos a San José en California e hicimos escala en Guayaquil para echar combustible. Dormimos en Guayaquil y Barcelona nos presta su estadio.

Yo veo el estadio lindo y digo: “¿Por qué la ‘U’ no puede tener estas cosas?”.Pregunté quién lo hizo y me dijeron: “Un conocido de ustedes, el ingeniero Walter Lavalleja”. Lo busqué y no lo encontré.

Le dejé una nota diciendo que después de la gira lo iba a buscar y así fue. Me dio los planos y, con esos, fui donde Jorge Nicolini. Puso la primera piedra y lo siguiente fue que en la inauguración le ganamos a Cristal.

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