Beto Carranza recuerda la fractura que sufrió en cancha de su barrio (Foto: GEC)

siempre fue un futbolista que desafió los límites, no solo por aquel recordado gol en la altura de Cerro de Pasco que retó toda lógica, sino también por su espíritu rebelde desde niño. En una nueva edición de , el popular ‘Betito’ abrió su corazón y contó dos episodios que marcaron su infancia y que, según él mismo admite, ocurrieron por no obedecer a su padre.

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Carranza recordó que desde pequeño tenía prohibido participar en los picantes campeonatos de barrio en Quilmes. “Recuerdo que mi papá no me dejaba jugar los campeonatos de barrio. Eran picantes allá en Quilmes. Yo estaba en las menores de Racing con 12 años. Yo jugaba con chicos de 25 años y me pasó algo con muy mala suerte. Jugábamos la final y les dije a mis amigos que pasen a buscar la ropa por la noche y me escapé por la ventana. Fui a jugar y, a los 10 minutos, me dan una patada y me dolió la pierna”, relató el exvolante.

El dolor era tan intenso que el pequeño Beto terminó retirándose del campo entre lágrimas. “Dije no juego más. Me puse a llorar y un señor se me acerca y me lleva al hospital. Fractura de tibia tenía. Mi viejo no sabía que iba a jugar. Mi viejo era policía, muy recto. Siempre me decía: ‘Si vas a jugar al fútbol, quédate en eso; no vayas con los amigos a jugar’. Pero cuando uno es chico lo que quiere es jugar con sus amigos”, explicó entre nostalgia y resignación.

El momento más tenso llegó cuando su padre apareció en la puerta del hospital. “Recuerdo que en el hospital de Quilmes, charlando con los amigos, de pronto se hace un silencio. Era mi papá en la puerta de la habitación. Yo, con el yeso en toda la pierna, le digo: ‘Yo prefiero esto a ir a jugar a Racing. Si te enojas… son mis amigos’. Igual fui a jugar a Racing. El Beto Martínez era el entrenador y me dijo que ‘no vaya más’. Después me enteré que lo había arreglado mi viejo, para que me dé una lección”, confesó.

“Si te cuento, me dirás que tengo mala suerte”

Pero el infortunio no terminó ahí. Ya recuperado y aparentemente más consciente de los riesgos, Carranza volvió a sufrir un incidente increíble mientras alentaba a su equipo del barrio. “Si te cuento esta, me vas a decir: este tipo tiene mala suerte. Mi equipo jugaba la final; yo no jugué, tenía 15 o 16 años. Me quedé detrás del arco, mirando. Pero en ese tiempo llovía y se jugaba con una pelota de cuero durísima, más aún con el barro. El arco no tenía malla y cuando meten un pelotazo, hacen gol, la pelota me venía a mí y pongo la mano para detenerla: fractura de muñeca”, recordó señalando el punto exacto del impacto.

La lesión fue inmediata y nuevamente dramática. “Me quedó colgando la mano. ‘Esta vez no jugué, papá’, le dije. ‘Estaba detrás del arco’. Puedes preguntarle a mis amigos, hay testigos. Nunca me voy a olvidar esos campeonatos de barrio. Allí aprendías de presión; después, cuando jugaba con 50 mil personas, lo tomaba con naturalidad”, rememoró con emoción.

Las anécdotas de ‘Betito’ no solo retratan su espíritu competitivo desde niño, sino también cómo los riesgos del fútbol barrial terminaron forjando el carácter del jugador que más tarde brillaría en Argentina y Perú, convirtiéndose en uno de los extranjeros más queridos por la hinchada de Universitario de Deportes.

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