Presidente José María Balcázar. Foto: Presidencia.
Presidente José María Balcázar. Foto: Presidencia.

“No es difícil gobernar un país. ¿Quién le ha dicho que es difícil? Convoquemos a las personas más lúcidas”, dijo en febrero cuando asumió la presidencia en reemplazo del vacado José Jerí. Eso es lo que, equivocadamente, creía. La semana pasada, Balcázar se tuvo que tragar sus palabras por el papelón que hizo cuando pretendió oponerse, en el último minuto, a la compra de 24 aviones de caza a Estados Unidos.

Su nulo conocimiento de la gestión pública, su mendacidad y soberbia, sumado a su sancochado ideológico de izquierda, provocó una innecesaria crisis en su gobierno y las renuncias de dos personas lúcidas, que él, acertadamente, había convocado: el canciller Hugo de Zela y el ministro de Defensa, Carlos Díaz.

La compra de armamento siempre ha creado justificadas dudas y suspicacias por varias corruptelas que se han conocido. Pero la adquisición de las naves en cuestión no sería el caso. Ello debido a la transparencia como se realizó y las instancias de control a la que fue sometida, que es bueno contar de manera objetiva.

Las negociaciones se iniciaron el año 2024. Las tres empresas postoras que competían presentaron sus propuestas y finalmente se eligió a la compañía Lockheed Martin, que es proveedora del Gobierno estadounidense. La oferta inicial era de US$ 5500 millones, pero la empresa hizo un fuerte ajuste y bajó a US$ 3500 millones.

En febrero de este año, el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional aprobó la compra directa de las naves americanas “por razones geopolíticas y estratégicas”.

¿Quiénes conforman ese consejo? El canciller, los ministros de Justicia, Economía, Interior, el presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, el comandante general de la Policía y el director nacional de Inteligencia. Lo preside el propio presidente de la República. La Contraloría hizo las acciones de control y dio luz verde a la transacción. Y el Congreso, a través de una ley, aprobó el endeudamiento para pagar el año 2025 y 2026.

El lunes pasado, el canciller Hugo de Zela, acompañado del premier Luis Arroyo, le comunicó al mandatario Balcázar que se habían firmado los contratos para la adquisición. Pero horas después, el presidente declaró en los medios que “los contratos no habían sido firmados”. De Zela, un diplomático de carrera y de pulcra trayectoria, renunció. Dijo en RPP que “es grave que el jefe de Estado mienta, porque el país pierde credibilidad”.

El desconocimiento de Balcázar de la gestión pública es clamoroso. Afirmó que el dinero de los aviones serviría “para atender tantas necesidades”. Cualquier entendido sabe que en el Estado no se puede cambiar una inversión ya aprobada por otra, como si uno se mudara de camisa.

Finalmente, el contrato se respetó. En la tarde de ese mismo lunes, el Ministerio de Economía hizo la transferencia de US$ 462 millones, que es parte del primer pago de los US$ 3500 millones.

Los acuerdos se tienen que respetar, más allá de los colores ideológicos de los mandatarios. Balcázar quedó cual piloto sin cabeza. Nos vemos el otro martes.

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