José María Balcázar es el nuevo presidente del Perú. El congresista izquierdista derrotó en segunda vuelta a Maricarmen Alva en la elección del nuevo titular del Congreso, cargo que arrastra también la encargatura de la Presidencia de la República tras la censura de José Jerí.
La escena política, ya sacudida por la destitución del mandatario interino, encuentra ahora a Balcázar como uno de los protagonistas de una jornada decisiva. El polémico legislador no solo conducirá el Parlamento, sino que asumirá la jefatura del Estado hasta julio de 2026.
Quienes impulsan su candidatura, como el expremier Guido Bellido, destacan su paso por el Poder Judicial, especialmente por la Corte Suprema, como un aval de experiencia. El propio Balcázar ha señalado que el país necesita un “punto de quiebre” y se ha presentado como una figura de consenso. “Yo no tengo partido, no tengo votos cautivos, pero sí soy un hombre de consenso”, declaró ante la prensa.
Sin embargo, su trayectoria judicial no está exenta de controversias. En 2011, el entonces Consejo Nacional de la Magistratura determinó que no cumplía con los estándares para continuar en la magistratura y no le renovó la confianza.
Para entender ese episodio hay que retroceder a 2004, cuando Balcázar era juez supremo provisional de la Sala Civil Permanente de la Corte Suprema. Se le inició un proceso disciplinario por dejar sin efecto una sentencia de casación emitida por los miembros anteriores de la sala, resolución que ya tenía la calidad de cosa juzgada.
El CNM consideró que al dejar sin efecto una resolución con autoridad de cosa juzgada incurrió en una grave violación del debido proceso y de la seguridad jurídica. En 2006 fue destituido inicialmente por este hecho, aunque luego la decisión fue revisada y se dispuso que la Sala Plena impusiera otra sanción.
Ese antecedente pesó en el proceso de ratificación de 2011. El CNM sostuvo que no satisfacía las exigencias vinculadas al aspecto conductual y de idoneidad para el delicado ejercicio de la función jurisdiccional. Su recurso de reconsideración fue declarado infundado.
En esa evaluación también se cuestionó su actuación en un caso vinculado a Eugenio Bertini Vinci, investigado por presunta participación en el traslado de dinero de Vladimiro Montesinos a paraísos fiscales. Los consejeros observaron deficiencias en su técnica argumentativa y en la forma en que resolvió una excepción de naturaleza de acción sobre una decisión que ya era cosa juzgada.
Balcázar llegó al Congreso en 2021 por Lambayeque con Perú Libre. Fue uno de los defensores más visibles del gobierno de Pedro Castillo y no registró su voto en la vacancia presidencial de diciembre de 2022.
En el plano judicial y ético, enfrenta investigaciones fiscales por presunto tráfico de influencias y apropiación ilícita de fondos del Colegio de Abogados de Lambayeque, institución de la que fue decano entre 2019 y 2020 y de la que fue expulsado de manera definitiva. La Fiscalía ha solicitado una pena suspendida y una reparación civil de más de S/ 348 mil.
También afronta una denuncia constitucional vinculada al caso de la exfiscal Patricia Benavides, por presunto intercambio de favores que incluiría apoyo político en el Congreso y gestiones relacionadas con investigaciones en Lambayeque.
A ello se suman sus declaraciones en 2023 durante el debate sobre la prohibición del matrimonio infantil. Sostuvo que “mientras no haya violencia, las relaciones sexuales tempranas más bien ayudan al futuro psicológico de la mujer”, lo que generó rechazo de especialistas y del Ministerio de la Mujer. En otra intervención afirmó: “Todo el mundo tiene relaciones. Profesores con alumnas, maestras con alumnos, entre alumnos también”.
Su trayectoria también incluye una denuncia por presunta agresión en 2019, caso que fue archivado por el Ministerio Público, y críticas por la contratación como asesor principal de un abogado que previamente lo defendió en un proceso judicial.
Hoy, con 83 años y una larga carrera que va de la Corte Suprema al hemiciclo, José María Balcázar vuelve a estar ante una votación clave. De un lado, el respaldo de sectores que lo consideran un hombre de consenso. Del otro, los cuestionamientos por su pasado judicial, sus procesos abiertos y sus declaraciones polémicas.
La decisión final del Pleno no solo definirá al nuevo presidente del Congreso. También marcará quién conducirá el país en uno de los periodos más inestables de su historia reciente. Y en esa encrucijada, el nombre de Balcázar pesa tanto por su experiencia como por sus sombras.
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