Zeus Jibaja caminaba por una calle que conocía bien. Era la misma ruta que tomaba cada día para volver a casa en Paracas. Estaba a solo unos pasos de llegar cuando un desconocido lo interceptó con una excusa: decía necesitar ayuda con su vehículo. Zeus, estudiante de mecánica automotriz, accedió a revisar el supuesto problema sin imaginar que se trataba de una trampa mortal.
El atacante, que cubría su rostro, sacó un cuchillo y lo hirió brutalmente antes de escapar. El joven, de apenas 18 años, logró regresar como pudo a su vivienda para pedir auxilio. Su madre lo encontró bañado en sangre, aún consciente, y lo llevó de inmediato al hospital de Pisco.
Los vecinos del asentamiento humano Santa Cruz, en la zona ‘A’ de Paracas, alertaron a las autoridades al ver al muchacho desplomado sobre la pista. Su cuerpo quedó tendido junto a la plazuela, mientras los testigos trataban de socorrerlo.
Pese a los esfuerzos por salvarlo, Zeus murió horas después. El crimen dejó conmocionada a toda la comunidad, que hoy clama justicia.
Zeus Jibaja Peña era alumno del Senati y uno de los mejores de su promoción. Cursaba los últimos ciclos de mecánica automotriz y trabajaba junto a su padre en un taller de transporte pesado. Su pasión eran las motos de carrera: competía en eventos locales y soñaba con convertirse en un gran mecánico.
Su familia lo describe como alegre, trabajador y servicial. Era el alma del hogar. Había ganado premios por su talento y planeaba especializarse en mantenimiento de maquinaria pesada. Su muerte truncó todos esos sueños.
La necropsia reveló que sufrió una perforación de pulmón y un traumatismo torácico profundo producto del ataque. Según la denuncia de sus padres, el hospital de EsSalud de Pisco no detectó las heridas internas y demoró en trasladarlo a Lima.
El joven fue derivado en una ambulancia sin el equipo médico necesario. Murió en el trayecto, antes de llegar a Cañete. Su madre ha prometido no descansar hasta que se esclarezca tanto el crimen como las presuntas negligencias médicas.
El comisario de Paracas informó que la principal hipótesis apunta a un crimen pasional. Las cámaras de seguridad muestran al agresor merodeando por la zona y preguntando por Zeus minutos antes del ataque. Todo indicaría que actuó con premeditación.
Hasta el momento, el responsable continúa prófugo. La Policía cuenta con imágenes del sospechoso y realiza operativos para dar con su paradero.
Mientras tanto, los pobladores del asentamiento humano Santa Cruz exigen mayor seguridad. Denuncian que las cámaras de vigilancia no funcionan y que las casetas de serenazgo están abandonadas. El crimen de Zeus, afirman, refleja el peligro que enfrentan a diario.
Vecinos, compañeros del Senati y amigos del joven organizaron marchas de protesta. Pidieron justicia y el compromiso de las autoridades locales para frenar la ola de violencia que golpea a Paracas.
La despedida de Zeus fue emotiva. Decenas de personas lo acompañaron hasta el cementerio Mapfre. Sus amigos del motocross encendieron sus motos y recorrieron el camposanto en su honor. Su féretro pasó frente al taller donde trabajaba con su padre, entre herramientas y recuerdos.
Allí, su madre le hizo una promesa: no descansar hasta que el asesino pague por lo que hizo. Paracas llora a un joven con futuro, pero también levanta la voz por la justicia que aún no llega.
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