María Fernanda Jurado Ontón, de 24 años, murió de un disparo en la cabeza dentro de una habitación del tercer piso de una vivienda del jirón Torre Tagle, en Chilca, Huancayo, y el principal sospechoso es su pareja, el suboficial PNP Juan Johnel Cóndor Jayo, quien habría escapado después del hecho llevándose su arma de fuego y, según los familiares, también el celular de la víctima.
La joven universitaria había acudido con el efectivo del Escuadrón Verde a una fiesta por la festividad de Santiago. Horas antes del fatal desenlace, ambos habían sido vistos cantando y bailando. Sin embargo, al regresar al inmueble ubicado en el número 1305 de Torre Tagle, se produjo una discusión por celos.
Cerca de las 11:30 de la noche del miércoles, el estampido de un disparo alertó a los vecinos. En la habitación, María Fernanda quedó tendida sobre un charco de sangre, gravemente herida. La bala le había perforado el cráneo y su estado era crítico.
Los agentes de serenazgo llegaron para auxiliarla y la trasladaron de emergencia al hospital Daniel Alcides Carrión. Pero la estudiante no resistió. Murió mientras era llevada al establecimiento de salud, dejando inconclusa una carrera universitaria que estaba a punto de terminar.
A las 00:40, Paulina Ontón Zapata, de 57 años, llegó hasta el inmueble. Era la madre de María Fernanda, la tercera de sus cuatro hijos. Desesperada, buscaba respuestas mientras pronunciaba el nombre de la muchacha a la que había pedido que regresara temprano.
La noche anterior, cerca de las 11, Paulina le había hecho una recomendación que cualquier madre puede repetir antes de despedirse: que volviera pronto y se cuidara mucho. María Fernanda le respondió que estaría de regreso en poco tiempo. No volvió.
La estudiante del último ciclo de Ingeniería Industrial también era madre de un niño de 7 años. Ahora el pequeño pregunta por qué mamá no regresa a casa. La familia, golpeada por la pérdida, exige que el responsable sea ubicado y responda ante la justicia.
Tras la llegada de los familiares, la vivienda donde ocurrió el disparo se convirtió en escenario de indignación. Luego de la inspección policial, los deudos lanzaron piedras contra el inmueble y rompieron sus ventanas. En la puerta y una de las paredes escribieron una palabra que resumía su reclamo: “asesino”.
Mientras los familiares exigían justicia, los peritos de criminalística examinaban el lugar. La escena fue acordonada y los especialistas recogieron evidencias físicas y casquillos que serán incorporados a la investigación fiscal.
De acuerdo con las primeras versiones recogidas en la investigación, tras el disparo el suboficial habría sostenido el arma y manifestado: “me voy a matar”. Después abandonó el inmueble y se dirigió hasta la vivienda de su padre, ubicada en Huamanmarca.
Pero su permanencia allí duró pocas horas. Alrededor de las 6 de la mañana, Juan Cóndor Jayo volvió a desaparecer y tomó rumbo desconocido. El arma de fuego habría quedado en su poder y, según la denuncia de los familiares, también desapareció el celular de María Fernanda.
La Policía inició operativos para localizar al efectivo, mientras la Fiscalía continúa con las diligencias destinadas a establecer las circunstancias exactas de la muerte. El hecho resulta especialmente delicado debido a que el principal sospechoso pertenece a la propia institución policial y el arma utilizada habría sido la que portaba como agente.
Para la familia de María Fernanda, la prioridad es que el suboficial sea encontrado y enfrente el proceso correspondiente. Sus seres queridos han pedido que la investigación avance sin encubrimientos y que se acelere la búsqueda del efectivo.
La joven tenía una meta concreta: culminar Ingeniería Industrial y conseguir mejores condiciones para su pequeño hijo. Le faltaba poco para recibir el título que coronaría años de estudio. Su vida, sin embargo, terminó dentro de aquella habitación de Chilca, después de una noche que había comenzado como una celebración por Santiago.
Las unidades especializadas mantienen la búsqueda de Juan Johnel Cóndor Jayo en distintos puntos de Huancayo. Mientras tanto, la familia de María Fernanda espera que la joven de 24 años no quede convertida solamente en una cifra más y que la investigación determine responsabilidades por una muerte que dejó a un niño preguntando por su madre.
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