La mañana del 11 de abril, la pediatra Minosska Pinto llegó hasta la puerta de su vivienda, en la urbanización San Felipe de Piura, sin imaginar que alguien seguía cada uno de sus movimientos. Había salido de su centro de trabajo y recorría una ruta que, según la investigación, ya había sido estudiada con anticipación por quienes planearon su muerte.
El ataque ocurrió a plena luz del día, frente a un colegio y en una zona transitada. Un hombre vestido con polo blanco y short negro se acercó cuando la médica descendía de su vehículo y le disparó dos veces a quemarropa. Todo quedó registrado por cámaras de seguridad y ocurrió ante vecinos, padres de familia y escolares.
Desde un inicio, los investigadores descartaron que se tratara de un robo o de un error. Dos días después del crimen, el general Daniel Jares fue categórico al señalar que el objetivo era la doctora Minosska Pinto.
“No hubo confusión; el objetivo directo era la doctora Minosska Pinto”, sostuvo el jefe policial mientras las pesquisas avanzaban para identificar a los responsables.
Las diligencias permitieron reconstruir el recorrido que realizó la víctima antes de ser asesinada. Según la Policía, fue seguida durante aproximadamente 13 minutos desde que abandonó su centro laboral hasta llegar a su domicilio.
En ese seguimiento habría participado Christian Socolá Bayona, de 22 años, señalado como el “marcador” de la operación. Durante las intervenciones, los agentes encontraron fotografías de la pediatra y un croquis detallado de sus desplazamientos habituales entre la clínica y su vivienda.
La estructura criminal, según la investigación fiscal, tenía funciones específicas. Cristian Alberto Socola Bayona, alias ‘Ite’, habría vigilado los movimientos de la médica en los exteriores de una clínica cercana al colegio Don Bosco. En el lugar donde fue capturado, dentro de un condominio, la Policía halló el arma que presuntamente fue utilizada en el homicidio.
La ejecución del ataque fue atribuida a Luis Alejandro Rojas Guillén, de 22 años, alias ‘Cara de Chancho’, identificado como el presunto autor de los disparos. Su captura se produjo tras 18 días de seguimiento policial. Los agentes lograron ubicarlo mientras se encontraba en un bar de Piura, luego de analizar cámaras de seguridad y sus redes sociales.
La investigación dio un giro cuando comenzaron a recogerse las declaraciones de los detenidos. Junior Francisco Miñán Seminario, alias ‘Muerte’, señalado como conductor de la motocicleta utilizada para la fuga, reconoció haber participado en los hechos, aunque aseguró que creía que se trataba de un robo.
Según la Policía, fue precisamente a partir de estas declaraciones que surgió el nombre del también médico William Seminario Girón, expareja de la víctima. De acuerdo con lo señalado por el general Jares, uno de los implicados afirmó que el médico habría ordenado el asesinato y ofrecido 10 mil soles para ejecutarlo.
Las pesquisas condujeron a los agentes hasta Talara, donde Seminario Girón fue intervenido. Posteriormente, el Poder Judicial dictó nueve meses de prisión preventiva en su contra mientras continúan las investigaciones por el presunto delito de sicariato.
Las actas fiscales incorporan además los testimonios de otros investigados. Cristian Socola declaró que recibió instrucciones para vigilar a una ‘chica de uniforme verde y mochila azul’ por encargo de una persona a la que identificó como ‘El Doc’, nombre que vinculó con William Seminario.
Otro de los testimonios recogidos en la carpeta fiscal señala que alias ‘Cara de Chancho’ le comentó que la expareja de la doctora había contratado a alias ‘El Viejo’ para ejecutar el crimen por una presunta infidelidad y que por ese trabajo se había ofrecido la suma de 10 mil soles.
La Fiscalía también incorporó información sobre la relación que mantenían la médica y su expareja. En el expediente se consignan conflictos económicos y personales, además de referencias a préstamos por 15 mil dólares solicitados al padre de la víctima para afrontar problemas financieros en un centro médico.
Otra motivación serían los celos profesionales derivados de la diferencia de ingresos económicos entre ambos, lo que habría generado un ambiente de hostilidad previa al ataque
A ello se suman las declaraciones del padre de la pediatra, Alejandro Pinto, quien afirmó que la relación matrimonial se había deteriorado con el tiempo debido a presuntos episodios de infidelidad y conflictos de confianza.
Las autoridades también revisan documentación relacionada con dos pólizas de seguro de vida contratadas por Minosska Pinto. Según la investigación, una ascendía a un millón de soles y la otra a 300 mil soles. Ambos registros consignaban como beneficiario a su esposo, William Seminario.
Otro elemento que llamó la atención de los investigadores fueron las transferencias digitales realizadas después del crimen. De acuerdo con la información policial, alias ‘El Viejo’ habría utilizado la aplicación Yape para pagar el transporte que permitió el traslado de los implicados hacia Talara, dejando registros que ahora forman parte de la carpeta fiscal.
Mientras William Seminario Girón rechaza cualquier vinculación con el asesinato y su defensa sostiene que no existen pruebas físicas o documentales que lo relacionen directamente con el crimen, la Fiscalía continúa reuniendo testimonios, registros financieros, chats y otros elementos para esclarecer quiénes participaron en la planificación y ejecución del homicidio.
En paralelo, el caso sigue generando indignación en Piura. Integrantes del gremio médico y organizaciones civiles realizaron movilizaciones para exigir justicia por la muerte de Minosska Pinto, mientras la familia de la pediatra insiste en que aún podrían existir más personas involucradas en el seguimiento y reglaje que precedieron al asesinato que acabó con la vida de la especialista.
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