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La desaparición decomenzó como un misterio silencioso en Tacna. Durante días, familiares y amigas intentaron ubicar a la empresaria de 65 años, pero las únicas respuestas llegaban desde su propio celular. Los mensajes aseguraban que estaba de viaje y ocupada, aunque el tono frío y distante encendió rápidamente las sospechas.

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Daisy era gerente de una empresa de transportes que cubría la ruta Tacna-Arica. Quienes la conocían la describían como una mujer reservada con sus negocios, disciplinada y muy cercana a un pequeño círculo de amistades. Vivía sola en una vivienda de la urbanización Santa Elena, en el distrito Gregorio Albarracín.

Las conversaciones por WhatsApp empezaron a parecer extrañas. Una de sus amigas recordó que jamás la llamaba por su nombre completo y que las respuestas que llegaban desde el teléfono no tenían la manera habitual de expresarse de Daisy. “Rosanna, estoy ocupada terminando, te llamo”, decía uno de los mensajes que más llamó la atención.

Con el paso de los días, el celular dejó de responder llamadas y audios. Para su entorno más cercano, algo grave había ocurrido. La incertidumbre se extendió hasta el 8 de abril, cuando su hermano decidió ingresar a la vivienda acompañado de un cerrajero.

Una pared ocultaba el horror

La escena dentro de la casa era desconcertante. Había costales de tierra, bolsas de cemento, restos de construcción y partes del parquet removidas en la sala. Debajo de la escalera sobresalía un muro recién levantado que no estaba antes de la desaparición.

Cuando la Policía derrumbó la estructura, un fuerte olor confirmó las peores sospechas. Debajo del concreto hallaron el cuerpo de Daisy envuelto entre mantas, tierra y sacos de cemento. La empresaria había sido enterrada dentro de su propia vivienda.

La necropsia reveló que murió por asfixia mecánica provocada por un elemento constrictor en el cuello, además de presentar traumatismos en el cuerpo. Para los investigadores, el crimen no había sido improvisado. La ausencia de puertas forzadas indicaba que la víctima conocía a quien ingresó a la casa.

Las primeras pesquisas llevaron a un nombre inesperado: Jacqueline Anco Pineda, abogada de 38 años y una de las personas de mayor confianza de Daisy. La relación entre ambas era tan cercana que la empresaria incluso consideraba a la hija de la letrada como parte de su familia.

La amiga que terminó bajo sospecha

Según las investigaciones, Jacqueline conocía detalles de la vida económica y personal de Daisy. Sabía que guardaba importantes sumas de dinero en efectivo dentro de la vivienda y tenía acceso permanente a la casa por la amistad que mantenían desde hace años.

Las cámaras de seguridad terminaron convirtiéndose en piezas claves para reconstruir lo ocurrido. Las imágenes muestran a Daisy ingresando a su vivienda el 14 de marzo alrededor de las 2 de la tarde. Horas después, Jacqueline aparece entrando al inmueble.

Los registros captaron a la abogada retirándose sola tiempo después con un maletín y una mochila. Días más tarde, las cámaras volvieron a grabarla entrando y saliendo constantemente de la vivienda mientras supervisaba el ingreso de obreros, materiales de construcción, ladrillos y bolsas de cemento.

Los vecinos observaron durante varios días el movimiento de trabajadores dentro de la casa. Las grabaciones muestran camionetas descargando arena, montacargas trasladando ladrillos y obreros realizando trabajos bajo la supervisión de la investigada. Según la Policía, inicialmente se habría intentado cavar una zanja en el exterior para ocultar el cadáver, pero finalmente el cuerpo fue enterrado bajo la escalera.

Dinero, mensajes y rastros de sangre

La hipótesis principal apunta a que el móvil del crimen habría sido el dinero que Daisy guardaba en efectivo. Los investigadores sospechan que, después del asesinato, se enviaron mensajes desde el celular de la empresaria para ganar tiempo y evitar que fuera reportada como desaparecida.

Durante las diligencias, los agentes encontraron prendas, zapatillas y un pantalón con rastros de sangre detectados mediante pruebas forenses. Además, se hallaron documentos y borradores vinculados a movimientos patrimoniales que ahora forman parte de la investigación fiscal.

El 15 de abril, Jacqueline Anco Pineda fue detenida cerca de un centro comercial en Tacna. Según las autoridades, presuntamente habría intentado abandonar la ciudad luego de retirar a su hijo del colegio. Durante las diligencias guardó silencio y posteriormente, el Poder Judicial dictó nueve meses de prisión preventiva mientras continúan las investigaciones para determinar si hubo más personas involucradas.

Hoy, la vivienda donde Daisy celebraba reuniones y encuentros familiares permanece marcada por el horror. Detrás de las paredes levantadas con cemento quedó al descubierto un crimen que, según la Policía, mezcló codicia, traición y una confianza que terminó convertida en muerte.

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