
Hace 45 años camina por los jirones de la ‘Ciudad Universitaria’ con la misma familiaridad de quien lo hace en su propia casa. Llegó en 1975 para estudiar y nunca se fue: primero fue estudiante y hoy es catedrático.
El maestro Jorge Rivera Muñoz tiene el grado de Doctor en Educación, es profesor principal de su alma mater, la Universidad Mayor de San Marcos y, además, investigador. Esta es una historia real y consciente de amor por lo que se hace y de solidaridad por lo que se siente.
¿Cómo aparece esa vocación de profesor?
En mi hogar, la relación que había entre padres e hijos era la típica de la época, en 1956.
¿Eso qué significa?
Fui el único que, por decisión de mi madre, estudió en un colegio religioso.
¿Cuál era el horario?
Mi madre me dejaba a las 7:00 de la mañana y me recogía a las 7:00 de la noche.
¿Cómo eran esas 12 horas?
Tomaba desayuno con los curas, almorzaba y merendaba con ellos.
¿Oraban todas las mañanas?
Se estudiaba mañana y tarde. Los sábados había jornada pastoral y los domingos por la mañana, reunión de culto.
¿Y los profesores?
Se podría decir que eran casi curas; todos estaban muy comprometidos con la Iglesia.
¿Soldados del ‘Ejército católico’?
Había una formación clerical muy fuerte. Eran obedientes, nadie les discutía a los superiores.
Y en medio de esa especie de ‘dictadura’, ¿nacieron las ganas de enseñar?
Más que eso, nació el espíritu solidario de ayudar al prójimo, de ver por aquel que está desatendido en la educación y apoyarlo.
¿Y cómo llegó la lectura?
Tuve al profesor Justo Caballero, quien nos obligaba a leer un libro por mes. Como lo tuve durante toda la secundaria, en quinto año nos pidió que leyéramos uno por semana.
Y entre la solidaridad y la lectura nació su amor por la docencia.
Ahí adquirí mi vocación magisterial de formador.
¿Y en casa lo apoyaron?
Mi padre deseaba que yo fuera militar; mi mamá, no.
¿Y nunca quiso ser cura?
Sí, porque en el colegio los sacerdotes te forman para eso.
¿Querían llevar más ‘miembros al club’?
Tuve muchas invitaciones para internarme.
¿Y qué pasó? ¿Por qué no lo hizo?
Porque tuve profesores que nos contaban que se estaba gestando la Comisión Magisterial Unificada, el sindicato más grande del Perú.
¿Y qué decisión tomó?
Entre lo que pensaban los curas, la realidad de un país militarizado y la lucha de los maestros por querer ser mejores, decidí postular a San Marcos.
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En 1975 di mi examen de admisión en un colegio del Callao e ingresé.
¿Anduviste por ahí? ¿Cómo fue ese primer encuentro con la universidad?
Me asusté.
¿Por qué?
San Marcos no tenía paredes, estaba sin cerco perimetral. Se entraba por cualquier sitio, todo estaba destruido, como si hubiera salido de una guerra.
¿Qué más?
Había aulas con ventanas rotas, carpetas tiradas por el piso y estaban en huelga.
Lo recibieron con un paro.
Llegué la primera semana de marzo y nada; volví en abril y nada; en mayo igual. Recién en junio empezamos.
¿Y ahí nació su promoción?
Sí, una con la que hasta ahora nos juntamos.
¿En serio?
Tenemos un grupo de WhatsApp y nos hacemos llamar ‘Los indestructibles del 75’, ja, ja, ja.
En esos tiempos la universidad estaba muy convulsionada políticamente.
Escuchábamos de todo. En el comedor, algún estudiante o dirigente se subía sobre una mesa o sobre un murete y daba su discurso.
¿Y si no querías escucharlo?
No había comida, ja, ja, ja.
¿Otra anécdota de esos tiempos?
Había uno que daba su discurso siempre con un perro a sus pies.
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Cuando el animal se levantaba y empezaba a moverse, era porque el orador ya se estaba demorando mucho o hablaba sin sentido.
¿Entonces?
La gente gritaba: ¡Ya, fuera, fuera! y lo bajaban de ahí.
¿Qué más se aprendía?
Los temas que tocaban, porque escuchabas algo y salías a buscar libros donde pudieras confrontar la información.
¿A dónde iba usted?
A la legendaria librería ‘Ciro’, que traía libros subsidiados por China. Costaban 20 céntimos.
¿Fue feliz?
Claro. Como yo leía bastante, mis compañeros me escuchaban. Siempre he sido el líder de mi promoción.
¿Tuvo ganas de ser profesor de colegio?
Mis maestros de la universidad me dijeron: ‘No estás para ser un profesor de tiza y pizarra’.
¿Qué más le recomendaron?
‘Haz investigaciones, realiza publicaciones’. Muchos de ellos me llevaban a sus conferencias para que yo expusiera.
¿Por qué no se les paga bien a los profesores?
Nunca va a haber un maestro bien remunerado.
Qué fuerte lo que afirma.
Somos muchísimos, y el presupuesto que destina el Estado tendría que subir un 20 por ciento más.
¿Tres condiciones para ser un buen pedagogo?
Sapiencia, estar abierto al desarrollo de la tecnología y respeto para que te respeten.
Gracias.
Un abrazo para los lectores.









